
Sentarse con la espalda erguida no es solo una cuestión de apariencia o salud musculoesquelética. La postura corporal influye directamente en el estado de ánimo y en la forma en que las personas toman decisiones, según un estudio reciente de la Universidad McGill, en Canadá, publicado en el British Journal of Psychology. Los participantes que mantuvieron una postura erguida mostraron mayor disposición a asumir riesgos de forma eficaz y reportaron emociones más positivas que quienes adoptaron una posición encorvada.
El estudio reunió a casi 200 participantes de la comunidad universitaria. El diseño experimental buscó responder a una crítica frecuente en esta área: los trabajos anteriores sobre las llamadas “power poses” —posturas deliberadamente expansivas— habían sido cuestionados porque los participantes sabían que estaban siendo manipulados.
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En este caso, los investigadores modificaron el entorno físico en lugar de dar instrucciones directas: algunos participantes usaron una tableta sobre un soporte que favorecía una posición erguida, mientras que otros la miraban desde una mesa más baja, lo que inducía una inclinación del cuello y una postura cerrada. Según indicó McGill University, la mayoría no percibió que su postura había sido alterada de forma intencional.
Qué midieron y qué encontraron
Para evaluar el efecto sobre la conducta, todos los participantes completaron una tarea de toma de riesgos basada en inflar un globo virtual: cuanto más lo inflaban, mayor podía ser la recompensa, pero también crecía la posibilidad de perderlo todo. Quienes se mantuvieron erguidos asumieron más riesgos y tendieron a obtener recompensas mayores.
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Según explicó Jorge Armony, profesor asociado del Departamento de Psiquiatría de la Universidad McGill, la diferencia no reflejó una conducta impulsiva, sino una evaluación más eficaz del riesgo. El grupo con postura erguida también reportó niveles significativamente más altos de orgullo, una emoción asociada con estados de ánimo positivos.
El equipo incorporó además una medición objetiva del ángulo del cuello mediante video, un recurso que buscó reforzar la solidez metodológica del experimento y distinguir este trabajo de estudios anteriores con mayores objeciones metodológicas.
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Qué dice la evidencia acumulada
Los hallazgos de McGill se alinean con una línea de investigación más amplia. Un artículo publicado en 2026 en Acta Psychologica sobre regulación emocional señaló que la postura erguida favoreció una mejor recuperación emocional frente al malestar, aunque el efecto dependió del grado de conciencia corporal de cada persona —es decir, de cuánta atención presta alguien a las señales físicas de su propio cuerpo.
Otro trabajo publicado en Health Psychology, realizado con 74 participantes, analizó el efecto de la postura sobre el estrés. Los resultados mostraron que mantener una postura erguida durante situaciones estresantes se asoció con más autoestima, mejor estado de ánimo y menos miedo que permanecer encorvado. El estudio también registró diferencias en el lenguaje: los participantes que se sentaron derechos usaron menos expresiones negativas y mostraron menor foco en sí mismos.
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A esa línea se suma un estudio de la Universidad Estatal de Ohio, en Estados Unidos, difundido por Ohio State News, según el cual sentarse derecho puede fortalecer la confianza que una persona deposita en sus propios pensamientos. Los participantes que escribieron ideas sobre su desempeño potencial mostraron mayor adhesión a lo escrito cuando lo hicieron en postura erguida; la posición encorvada redujo ese efecto.
Qué alcance tienen estos resultados
Los propios autores de McGill marcaron límites claros. Los efectos fueron modestos y se observaron en condiciones de laboratorio, de modo que el estudio no sostiene que cambiar la postura vaya a resolver problemas de salud mental ni transformar el comportamiento de forma drástica.
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La relación entre postura y emoción tampoco opera como una regla automática: la investigación publicada en PubMed sobre regulación emocional subrayó que la respuesta varía según diferencias individuales, en particular las relacionadas con la conciencia corporal.
Aun con esas reservas, los hallazgos abren una discusión concreta sobre entornos cotidianos. Según planteó Armony en declaraciones recogidas por McGill University, factores habituales como la ergonomía del escritorio o la altura de una pantalla podrían moldear de manera discreta el ánimo y la forma en que una persona decide.
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