
La inflamación crónica, un proceso que puede pasar desapercibido en el cuerpo, está vinculada a enfermedades graves como la diabetes tipo 2 y las afecciones cardíacas. Según un artículo publicado por Nutrients, ciertos alimentos ricos en proteínas no solo ayudan a combatir esta condición, sino que también promueven un envejecimiento saludable y reducen el riesgo de enfermedades crónicas. Entre las opciones más destacadas se encuentran los frijoles, el pescado graso, las lentejas y las nueces, alimentos que, además de ser versátiles, están cargados de nutrientes esenciales.
De acuerdo con el medio Nutrients, la inflamación puede dividirse en dos tipos: aguda y crónica. Mientras que la inflamación aguda es una respuesta natural del cuerpo ante lesiones o infecciones, la inflamación crónica ocurre cuando el organismo envía señales inflamatorias sin una causa evidente, lo que puede desencadenar problemas de salud a largo plazo. En este contexto, adoptar una dieta antiinflamatoria se convierte en una herramienta clave para prevenir estas afecciones.
Porotos o frijoles: una fuente de antioxidantes y fibra

Los porotos o frijoles, en sus diversas variedades como negros, rojos, blancos o pintos, son una de las proteínas más recomendadas para combatir la inflamación. Según un estudio de 2021 publicado en Nutrients, los pigmentos presentes en los frijoles de colores oscuros contienen compuestos antioxidantes que pueden ayudar a prevenir enfermedades como el cáncer, la obesidad y la diabetes.
Además, son ricos en fibra, incluyendo un tipo específico conocido como almidón resistente. Este componente alimenta a las bacterias beneficiosas del intestino, promoviendo un microbioma saludable y reduciendo la inflamación, según explicó Nancy Mazarin, dietista especializada en control de peso y terapia nutricional médica. Preparaciones como legumbres horneadas en olla de cocción lenta son una forma práctica de incorporar este alimento a la dieta diaria.
Pescado graso: el poder de los omega-3

El pescado graso, como el salmón, el atún y la caballa, es otra fuente destacada de proteínas antiinflamatorias. Según un metaanálisis de 2020 publicado en Nutrients, consumir 20 gramos adicionales de pescado al día puede reducir el riesgo de desarrollar o morir por enfermedades cardíacas en un 4 %. Los expertos sugieren que una ingesta diaria de 56 gramos es ideal para maximizar estos beneficios.
Los ácidos grasos omega-3 presentes en estos pescados no solo mejoran la función del corazón y los vasos sanguíneos, sino que también poseen propiedades antiinflamatorias. Además, el pescado graso es una excelente fuente de vitamina D y selenio, nutrientes que refuerzan el sistema inmunológico y combaten el estrés oxidativo. Según Mazarin, “cuanto más graso sea el pescado, mejor”. Para quienes no consumen pescado, alternativas vegetales como las semillas de lino y chía también aportan omega-3.
Lentejas: polifenoles y fibra para la salud

Las lentejas, un alimento básico en muchas culturas, destacan por su alto contenido de polifenoles, compuestos vegetales con propiedades antioxidantes que ayudan a reducir la inflamación. Según una revisión de 2022 en la revista Pharmaceuticals, el consumo de lentejas está asociado con un menor riesgo de enfermedades como la diabetes, la obesidad y el cáncer.
Al igual que los frijoles, las lentejas contienen fibra prebiótica, que favorece un intestino saludable y contribuye a la reducción de la inflamación crónica. Además, la fibra presente en las lentejas puede ayudar a mantener un peso saludable, un factor clave para prevenir enfermedades inflamatorias, según un estudio de 2023 en Advances in Nutrition. Platos como los tazones de lentejas negras estofadas con quinoa son una opción deliciosa y nutritiva para incluir este alimento en la dieta.
Nueces: pequeñas pero poderosas

Los frutos secos, como las almendras y las nueces, son otra fuente importante de proteínas con propiedades antiinflamatorias. Según una revisión de 2023 publicada en Nutrients, estos alimentos contienen ácidos grasos insaturados, vitamina E, selenio, cobre, fibra y antioxidantes, que en conjunto ayudan a combatir el estrés oxidativo y a reducir la inflamación.
Una porción de 28 gramos de almendras, equivalente a unas 23 piezas, aporta 6 gramos de proteína, una cantidad comparable a la de un huevo grande. Los frutos secos pueden incorporarse fácilmente a la dieta diaria, ya sea como un refrigerio, en ensaladas o como complemento en tazones de avena o yogur.
¿Qué implica una dieta antiinflamatoria?
Según explicó Mazarin, una dieta antiinflamatoria no se limita a combatir la inflamación crónica, sino que también promueve un estilo de vida saludable en general. Este tipo de alimentación incluye una variedad de alimentos ricos en nutrientes, como frutas, verduras, cereales integrales, legumbres, nueces y semillas.
Patrones alimenticios como la dieta mediterránea, la DASH (enfoques dietéticos para detener la hipertensión) y la dieta MIND son ejemplos de enfoques que priorizan alimentos de origen vegetal sin excluir por completo las proteínas animales. Estas dietas han demostrado ser efectivas para reducir el riesgo de enfermedades crónicas y mejorar la calidad de vida.
Incorporar proteínas antiinflamatorias como los frijoles, el pescado graso, las lentejas y los frutos secos puede marcar una diferencia significativa en la salud a largo plazo. Estos alimentos no solo son ricos en nutrientes esenciales, sino que también ofrecen beneficios específicos para combatir la inflamación y prevenir enfermedades crónicas.
Adoptar una dieta equilibrada que incluya estos alimentos, junto con frutas, verduras y cereales integrales, es un paso importante hacia un estilo de vida más saludable y sostenible.
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