¿Puedo comer embutidos si tengo el hígado graso?

En la alimentación para el hígado graso, es tan importante lo que se come como lo que no

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Variedad de embutidos y chacinas
Variedad de embutidos y chacinas (AdobeStock)

Entre el 20 % y el 25 % de la población española tiene el hígado graso, según revela la Asociación Española para el Estudio del Hígado (AEEH). Esta enfermedad, que consiste en la acumulación de grasa en las células del hígado, se ha erigido como una de las más comunes a nivel mundial, especialmente en países con altos índices de obesidad.

No se conoce con exactitud por qué algunas personas desarrollan hígado graso y otras no, aunque son varios los factores claramente implicados. Entre ellos: el sobrepeso u obesidad, la resistencia a la insulina (cuando las células del cuerpo no responden bien a la insulina), la diabetes tipo 2, y niveles elevados de triglicéridos en sangre.

La finalidad de la dieta es doble: mejorar el estado general del paciente y evitar que la patología avance. En este contexto, los expertos de la Academia Española de Nutrición y Dietética subrayan la importancia de adoptar un patrón mediterráneo de alimentación, aumentar la ingesta de fibra y mantener un peso saludable. Todo ello se complementa con ejercicio físico regular, el control de la medicación prescrita por el médico y, en general, un estilo de vida activo.

Los embutidos en el hígado graso

En la alimentación para el hígado graso, es tan importante lo que se come como lo que no. Por ello, evitar los embutidos es especialmente importante cuando se padece hígado graso, ya que estos productos pueden empeorar la acumulación de grasa en el hígado y favorecer la inflamación hepática.

Los embutidos contienen grandes cantidades de grasas saturadas, un tipo de ácido graso que suele ser sólido a temperatura ambiente, como ocurre con la manteca de cerdo. Este tipo de grasa se ha relacionado con sobrepeso, obesidad y enfermedades cardiovasculares, una serie de factores que a su vez aumentan el riesgo y la severidad del hígado graso. Cuando se consumen en exceso, las grasas saturadas elevan los niveles de colesterol y triglicéridos en sangre, lo que favorece que más grasa se deposite en el hígado.

Episodio: ¿Qué es el hígado graso?

Sal, conservantes y calorías en los embutidos

Además, los embutidos son alimentos ultraprocesados, lo que significa que no solo contienen grasas saturadas, sino también altas cantidades de sal, conservantes y aditivos químicos. Estos componentes pueden aumentar la inflamación del organismo y generar un mayor esfuerzo para el hígado, que es el órgano encargado de metabolizar y desintoxicar muchas de estas sustancias. En pacientes de hígado graso, este esfuerzo adicional puede acelerar el daño hepático.

Otro aspecto importante es que los embutidos suelen ser altos en calorías y bajos en nutrientes, lo que dificulta el control del peso corporal. Esto es fundamental teniendo en cuenta que mantener un peso saludable es uno de los pilares del tratamiento del hígado graso. Uno de los hallazgos más relevantes respecto al tratamiento del hígado graso es que la pérdida de peso gradual tiene un impacto directo en la reducción de la grasa hepática. Se estima que una pérdida del 7 % al 10 % del peso corporal a lo largo de un año puede mejorar notablemente la función del órgano.

Para lograrlo, se recomienda una dieta hipocalórica, pero equilibrada, acompañada de técnicas de cocción saludables como el vapor, el hervido o el asado, evitando frituras y rebozados. Por ello, sustituir los embutidos por opciones más saludables, como carnes magras, pescado, legumbres y grasas insaturadas, contribuye a mejorar la función hepática.