Qué pasa si mezclo antidepresivos con vino tinto

Esta combinación puede resultar fatal por la interacción que se produce entre los fármacos y las bebidas alcohólicas

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Una copa de vino tinto
Una copa de vino tinto (Shutterstock)

Cerca de 280 millones de personas en todo el mundo sufren depresión, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS). La psicoterapia y los medicamentos son las principales líneas de tratamiento para hacer frente a un trastorno depresivo mayor. Estos fármacos antidepresivos actúan sobre los neurotransmisores, mensajeros químicos que intervienen en la regulación del estado de ánimo.

Mientras una persona se encuentra bajo tratamiento farmacológico contra la depresión, debe evitar el alcohol, ya que puede empeorar los síntomas de la enfermedad. Según la Clínica Mayo, combinar estos fármacos con alcohol puede resultar peligroso tanto para la evolución de la enfermedad como para la seguridad del paciente.

El vino es una de las bebidas alcohólicas más consumidas en España. Aunque la ciencia ha respaldado los beneficios para la salud del vino tinto, si se combina con este tipo de medicamentos, puede originar una interacción. A corto plazo, puede dar la impresión de mejorar el estado de ánimo, pero su impacto real es negativo, puesto que empeora los síntomas de depresión y ansiedad, dificultando que la medicación cumpla su objetivo.

A esto se suma que los efectos secundarios de los antidepresivos tienden a intensificarse al mezclarlos con alcohol, como una simple copa de vino. Mareos, somnolencia o dificultades para concentrarse son solo algunas de las reacciones más frecuentes. La situación se complica aún más cuando el paciente toma otros medicamentos de manera simultánea, como ansiolíticos, analgésicos o pastillas para dormir.

La Clínica Mayo resalta que existe un punto especialmente delicado en relación con los inhibidores de la monoaminooxidasa, conocidos como IMAO. Este tipo de antidepresivos, menos utilizado que otros, pero aún recetado en casos específicos, puede provocar una subida repentina y peligrosa de la presión arterial si se combina con ciertas bebidas alcohólicas o alimentos. Por eso, quienes los toman deben recibir indicaciones médicas precisas sobre lo que pueden consumir sin poner en riesgo su salud.

Otro efecto común es la alteración de la capacidad de juicio y reacción. La mezcla del vino y los antidepresivos afecta con mayor intensidad a la coordinación motora, la atención y los reflejos, mucho más que el alcohol por sí solo. Esto incrementa las probabilidades de sufrir accidentes, especialmente al conducir o realizar actividades que requieren concentración. En este sentido, el sueño excesivo es otro factor a tener en cuenta: tanto el alcohol como varios antidepresivos producen somnolencia, y al combinarse el efecto puede ser más fuerte y peligroso.

Cuál es el efecto del alcohol en el cerebro.

El peligro de interrumpir la medicación

Algunas personas consideran interrumpir el tratamiento contra la depresión para poder beber. Sin embargo, desde la Clínica Mayo subrayan que suspender los antidepresivos sin supervisión médica puede empeorar la enfermedad e incluso provocar síntomas de abstinencia. Para que estos medicamentos sean efectivos necesitan tomarse de manera regular, manteniendo un nivel estable en el organismo.

Además, hay que tener en cuenta que quienes padecen depresión son más vulnerables a desarrollar un consumo problemático de alcohol. La bebida puede transformarse en un intento de automedicación que, lejos de ayudar, agrava el cuadro clínico y genera un círculo vicioso difícil de romper. En casos donde el consumo es problemático, puede ser necesario tratar primero el trastorno por abuso de alcohol antes de abordar la depresión de manera efectiva.