
Como si la vida se tratara de una carrera perfectamente orquestada entre la disciplina y el disfrute, Emma Mazzenga lleva adelante una dieta equilibrada que avanza en sincronía con entrenamientos constantes: verduras frescas, algo de carne o pescado, una copa ocasional de vino y caminatas decididas que desafían al sedentarismo. Son pequeños —grandes— ritos diarios: salir al aire libre, escuchar los límites del cuerpo y no dejarse atrapar por la quietud.
El verdadero combustible para la vitalidad nace entonces entre movimiento y buena alimentación.
A los 92 años, Emma Maria Mazzenga desafía las expectativas sobre el envejecimiento y el deporte. Esta atleta italiana, considerada la mujer de más de 90 años más rápida del mundo, ha batido varios récords mundiales en atletismo máster y se ha convertido en objeto de estudio para equipos científicos internacionales que buscan descifrar los secretos de su longevidad activa y su extraordinaria condición física.
Mazzenga, nacida en 1933 y residente en Padua, Italia, ostenta un palmarés que incluye cinco récords mundiales, nueve europeos y más de un centenar de títulos nacionales.
En 2023, estableció el récord mundial de 200 metros al aire libre para mujeres mayores de 90 años con un tiempo de 51,47 segundos, y en junio de 2024 superó su propia marca al completar la distancia en 50,33 segundos.

En ambas ocasiones, corrió sin rivales en la pista, consolidando su estatus como referente indiscutible del atletismo máster. “En Italia, solo soy yo”, comentó en una entrevista con The Washington Post, aludiendo a la escasez de competidoras en su categoría.
Estudios científicos sobre longevidad activa y fisiología
El caso de Mazzenga ha despertado el interés de la comunidad científica internacional. Equipos de la Universidad de Marquette (Estados Unidos) y la Universidad de Pavía (Italia), liderados por Marta Colosio, Simone Porcelli y Chris Sundberg, han iniciado estudios para analizar su fisiología y comprender los límites del envejecimiento saludable.
Los primeros hallazgos, presentados en conferencias y recogidos por REUTERS y New York Post, revelan que la capacidad cardiorrespiratoria de Mazzenga equivale a la de una persona de 50 años, mientras que sus mitocondrias y fibras musculares de contracción lenta se asemejan a las de alguien de 20 años.
“Está envejeciendo, pero puede hacer cosas que las personas de su edad ya no pueden hacer”, explicó Colosio.

Sundberg añadió: “Gracias a la genética, al estilo de vida o a una combinación de ambos, puede mantener la comunicación entre el cerebro, los nervios y los músculos a un nivel mucho más saludable que el que se observa normalmente en una persona de 90 años”.
La trayectoria de Mazzenga en el atletismo no ha sido lineal. Comenzó a competir a los 19 años, cuando estudiaba ciencias biológicas en la Universidad de Padua, pero interrumpió su carrera deportiva a los 28 para cuidar de su familia.
Tras un largo paréntesis, retomó el entrenamiento a los 53 años y, desde entonces, no ha dejado de participar en competiciones máster, donde la edad se convierte en un nuevo desafío y no en un obstáculo. “Nunca es tarde para empezar”, ha afirmado en repetidas ocasiones, una convicción que ha transmitido en una nota reciente de Infobae.

Rutina de entrenamiento y reglas de oro para la longevidad
La rutina de entrenamiento de Mazzenga es rigurosa y constante. Entrena dos o tres veces por semana, alternando entre la pista cubierta en invierno y el estadio al aire libre o la ribera del río en verano.
Sus sesiones incluyen calentamiento, repeticiones cortas y práctica de la distancia de competición, con pausas breves. El resto de los días, camina a paso ligero. Incluso durante la pandemia, adaptó su entrenamiento a las circunstancias, recorriendo el pasillo de su casa o saliendo a correr por la manzana.
“Nunca paso todo el día dentro de casa”, relató. Además, recomienda a los atletas mayores conocer sus límites y consultar al médico antes de iniciar cualquier actividad física.
Más allá del ejercicio, Mazzenga ha compartido sus “reglas de oro” para una vida saludable y longeva. En primer lugar, destaca la importancia de mantenerse en movimiento cada día y evitar el sedentarismo. En segundo lugar, insiste en que nunca es demasiado tarde para comenzar a hacer ejercicio, subrayando que la clave está en la constancia y la actividad física regular, no necesariamente en la competición.

Su alimentación es sencilla y equilibrada: muchas verduras, algo de carne, pescado o huevos, pasta o arroz, sin saltarse comidas ni excederse, y ocasionalmente media copa de vino.
Antes de competir, se abstiene de comer durante al menos tres horas. También enfatiza la necesidad de realizar chequeos médicos periódicos y de aprovechar las cosas buenas de la vida, como el bienestar y la armonía que le ha proporcionado el deporte.
Las declaraciones de Mazzenga y de los científicos que la estudian refuerzan la idea de que la actividad física es una herramienta poderosa para promover el envejecimiento saludable.
“El deporte me ha dado muchísimo”, reconoció la atleta en diálogo con REUTERS. “La emoción de una carrera me mantiene viva”.

Colosio, por su parte, sostiene que el ejercicio regular puede permitir un rendimiento extraordinario y mantener altos niveles funcionales incluso en la novena década de la vida. Sundberg subraya que la combinación de genética y estilo de vida puede marcar la diferencia en la preservación de la movilidad y la calidad de vida en la vejez.
El caso de Mazzenga desafía los estereotipos sobre el envejecimiento, que suele asociarse a la pérdida de masa muscular, movilidad y autonomía.
Los expertos citados coinciden en que la actividad física, junto con una nutrición adecuada y el cuidado integral del cuerpo, puede contrarrestar muchos de los efectos negativos del paso del tiempo. El atletismo máster, que agrupa a los competidores por franjas de edad, se presenta como una vía para mantener la motivación y la salud en adultos mayores.

A lo largo de su carrera, Mazzenga ha superado lesiones y adversidades, como la dislocación de un hombro durante una carrera en Alemania o una fractura de esternón que la mantuvo alejada de los entrenamientos durante varios meses.
Su resiliencia y determinación la han llevado a recuperarse y volver a la pista, convencida de que la fuerza de voluntad y la superación personal son esenciales para seguir adelante. “La emoción que me da una carrera, la adrenalina que me da cada entrenamiento, son la energía pura de mis días”, expresó.
Lejos de conformarse con sus logros, Mazzenga continúa fijándose nuevos objetivos y mantiene una actitud abierta ante el futuro. Su ejemplo sigue inspirando a quienes buscan en la longevidad activa una fuente de bienestar y realización personal.
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