
La contaminación proviene de fuentes tan variadas como envases de alimentos, botellas de agua, textiles y hasta materiales de construcción. Su tamaño minúsculo les permite pasar desapercibidos y, por lo general, las personas los ingieren o inhalan sin advertirlo, una situación que los investigadores consideran motivo de creciente preocupación.
A pesar de su invisibilidad para el ojo humano, los microplásticos han captado la atención de la comunidad científica internacional. Distintos estudios han comenzado a explorar cómo esta forma de contaminación, en apariencia inofensiva, podría estar vinculada con una serie de afecciones de salud. Aunque se han observado patrones preocupantes, las preguntas sobre su impacto real en el organismo y el alcance de sus efectos aún dominan la agenda de investigación global.
Microplásticos y la relación con la diabetes
La presencia en objetos de uso cotidiano ha generado inquietud por sus posibles efectos en la salud. Un estudio reciente realizado por investigadores de Polonia y España y publicado en BMC Genomics, hizo principal hincapié en las botellas de agua e identificó que los fragmentos de tereftalato de polietileno (PET), el principal material, pueden afectar directamente el páncreas.

El experimento empleó cerdos como modelo debido a la cercanía fisiológica con los seres humanos, en especial en lo relacionado con el funcionamiento pancreático y el metabolismo. Durante cuatro semanas, los animales recibieron dosis bajas y altas de microplásticos PET, presentes en los envases de agua, evaluando así el impacto sobre el órgano. Esta combinación podría favorecer la aparición de trastornos metabólicos, incluidos la diabetes y la obesidad.
Los resultados mostraron que la exposición a las partículas desencadenó una muerte celular considerable en el páncreas, alterando la función de proteínas esenciales para el metabolismo. El ensayo científico subrayó que la dosis baja modificó la abundancia de siete proteínas, mientras que la dosis alta afectó a 17, reflejando una relación dependiente de la cantidad de microplásticos.
Además, se detectó una acumulación inusual de grasa en el órgano tras la exposición, fenómeno vinculado con una peor secreción de insulina y un metabolismo de la glucosa comprometido. La investigación también sugirió que estos pequeños fragmentos podrían desencadenar inflamación a nivel celular en el órgano.
De acuerdo con los expertos, este hallazgo constituye una nueva vía por la cual los microplásticos pueden causar alteraciones metabólicas, abriendo el debate sobre sus consecuencias en la salud humana y llamando la atención de reguladores y responsables de políticas públicas.

La relación de las partículas con enfermedades crónicas no transmisibles
La relación entre la exposición a microplásticos y el aumento de enfermedades crónicas también fue objeto de análisis. Un estudio presentado durante la Sesión Científica Anual del American College of Cardiology reveló que los fragmentos presentes en el aire, el agua y los alimentos se han vuelto tan comunes que resulta difícil evitar su ingreso al organismo.
El estudio analizó datos de 555 distritos censales en zonas costeras y lagos de Estados Unidos, considerando tanto la concentración de microplásticos en los sedimentos marinos como los índices de enfermedades no transmisibles. Los resultados mostraron una correlación positiva entre los niveles de microplásticos y la prevalencia de hipertensión arterial, diabetes y accidentes cerebrovasculares.

Los investigadores utilizaron un modelo de aprendizaje automático que incluyó 154 variables socioeconómicas y ambientales. Sorprendentemente, la concentración se posicionó entre los diez principales factores que predicen la prevalencia de enfermedades crónicas, situándose al nivel de variables como el acceso a seguro médico o la pertenencia a minorías raciales.
El análisis también sugirió una relación dosis-efecto: a mayor cantidad de microplásticos, mayor prevalencia de estas patologías. No obstante, los científicos advirtieron que, aunque la asociación es fuerte, aún no se puede afirmar que los microplásticos sean la causa directa de estas enfermedades. Hicieron hincapié en la necesidad de más estudios para determinar si existe una relación causal o si la contaminación plástica actúa junto con otros factores.
El equipo señaló que, dada la ubicuidad y el tamaño diminuto de las partículas, resulta prácticamente imposible evitar su exposición total. Por ello, propusieron que la mejor estrategia posible es reducir la producción y el uso de plásticos, además de garantizar su adecuada eliminación para limitar la presencia de estos fragmentos en el ambiente.
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