
Un grupo de investigadores ha detectado el human pegivirus (HPgV) en los cerebros de pacientes fallecidos con enfermedad de Parkinson, según un estudio publicado en JCI Insight y reportado por National Geographic.
Este descubrimiento ha generado interés en la comunidad científica, ya que apunta a una posible relación entre infecciones virales y el desarrollo de enfermedades neurodegenerativas.
Aunque los autores del trabajo advierten que no existe evidencia de una relación causal, la presencia del HPgV abre nuevas líneas de investigación sobre factores que podrían incidir en la génesis del Parkinson.
Un virus silencioso
Existen al menos dos tipos de pegivirus identificados en humanos: HPgV‑1 y HPgV‑2, ambos pertenecientes al género Pegivirus de la familia Flaviviridae. El más común y estudiado es el pegivirus humano (HPgV‑1), anteriormente conocido como GBV‑C o hepatitis G; un virus de ARN que se transmite principalmente por vía parenteral (transfusiones de sangre, uso compartido de agujas o procedimientos médicos sin esterilización), así como por transmisión sexual y vertical (madre-hijo), según un estudio publicado en la revista Virulence.
Aunque puede detectarse en linfocitos T, B y células madre hematopoyéticas, no causa enfermedad hepática ni clínica aparente, posicionándose como un virus no patógeno en humanos. Sin embargo, su presencia podría modular la respuesta inmunitaria y afectar otros virus, como el VIH, reduciendo la progresión de ciertas infecciones.

La detección se fundamenta en técnicas moleculares como la RT‑PCR, que amplifica el ARN viral, y pruebas serológicas para identificar anticuerpos que indiquen una exposición previa.
En cuanto a la prevalencia, se estima que entre el 1 % y el 5 % de la población general está infectada, cifra que puede alcanzar el 13 % o más en grupos de riesgo, como usuarios de drogas intravenosas, personas con VIH o pacientes politransfundidos, según consta en el estudio. El HPgV‑1 representa una infección persistente, transmisible y asintomática, con implicancias interesantes en la interacción con otros patógenos y la regulación inmunológica.
En cambio, HPgV‑2 fue descubierto más recientemente, en personas con infecciones crónicas por hepatitis C o VIH, y aunque su prevalencia es mucho menor, se investiga su posible vínculo con la activación inmune crónica.
La presencia del HPgV y su posible papel en la neurodegeneración
El equipo dirigido por Barbara Hanson, de la Northwestern University Feinberg School of Medicine, examinó tejido cerebral de 10 personas con Parkinson y lo comparó con el de 14 personas sin la enfermedad, emparejadas por edad y género. Los científicos analizaron más de 500 virus distintos en las muestras. HPgV fue detectado en cinco cerebros de pacientes con Parkinson, pero no apareció en los cerebros de los controles.
Hanson explicó a National Geographic la hipótesis central: “Una infección de bajo grado y persistente podría conducir a este tipo de enfermedades”, como el Parkinson y otros trastornos neurológicos. Esta perspectiva se suma al creciente cuerpo de evidencia sobre el posible papel de las infecciones virales en el origen de distintas patologías neurológicas.

Respuestas inmunológicas asociadas
Para profundizar en sus hallazgos, los investigadores analizaron muestras de sangre de pacientes con Parkinson en diferentes etapas de la enfermedad. Identificaron que las personas con esta patología y portadoras de HPgV compartían ciertas características inmunológicas, entre ellas un nivel reducido de la proteína inflamatoria IL-4.
Esta proteína puede actuar tanto promoviendo como suprimiendo la inflamación, lo que apunta a que el virus podría modular la respuesta inmune de forma específica en estos pacientes.
El estudio halló diferencias adicionales en la respuesta inmunológica al HPgV entre quienes presentaban una mutación genética relacionada con el Parkinson y quienes no la poseían. Margaret Ferris, neuróloga e investigadora de la Stanford University ajena al estudio, describió la investigación como exhaustiva y consideró que aporta un posible mecanismo sobre la interacción de factores genéticos y ambientales en el desarrollo de la enfermedad.
Voces expertas y la multifactorialidad del Parkinson
La interpretación de estos resultados ha suscitado diversas opiniones entre los expertos consultados por National Geographic. William Ondo, neurólogo del Houston Methodist Hospital, señaló: “Es difícil determinar las causas del Parkinson, porque probablemente son multifactoriales”, en referencia a la combinación de factores necesarios para el desarrollo de la enfermedad.
Erin Furr-Stimming, neuróloga de la McGovern Medical School at UTHealth Houston, subrayó que el recorrido hacia el Parkinson varía en cada persona, lo que complica la identificación de un factor desencadenante único.

Por su parte, Joseph Jankovic, director del Parkinson’s Disease Center and Movement Disorders Clinic en el Baylor College of Medicine, advirtió que el trabajo no demuestra una relación causa-efecto: “Este estudio no muestra una relación causal, solo sugiere que puede haber una relación entre el pegivirus y el Parkinson”. Insistió en que será necesario replicar estos resultados en otras cohortes de pacientes para avanzar en la comprensión del posible vínculo.
Dificultades para descifrar el origen del Parkinson
El Parkinson afecta a más de 10 millones de personas en todo el mundo y se caracteriza por temblores, rigidez, lentitud de movimientos y problemas de equilibrio. El progresivo avance de la enfermedad, sumado a que suele diagnosticar en etapas avanzadas, dificulta tanto su estudio como la identificación clara de sus causas.
Ferris explicó a National Geographic que, en la investigación de enfermedades neurodegenerativas, uno de los mayores desafíos es anticipar a las personas que desarrollarán la patología antes de la aparición de los síntomas. Esta dificultad limita el análisis de los procesos iniciales que podrían contribuir al desencadenamiento del Parkinson.
Además, actualmente se reconoce que el Parkinson surge de la interacción de factores ambientales y genéticos, lo que genera variabilidad individual e impide atribuir la enfermedad a un solo desencadenante.

Virus e inflamación cerebral
El posible vínculo entre infecciones virales y enfermedades neurodegenerativas ha cobrado protagonismo en los últimos años. National Geographic recordó la reciente identificación del virus de Epstein-Barr como desencadenante importante de la esclerosis múltiple. También se han documentado relaciones entre infecciones virales y condiciones como el Alzheimer o el propio Parkinson.
Algunos virus, entre ellos el del Nilo Occidental, el de la encefalitis de St. Louis y el de la encefalitis japonesa tipo B, provocaron en ciertas personas síntomas similares al Parkinson. Hanson afirmó: “Cualquier cantidad de inflamación en el cerebro puede desencadenar una serie de cascadas que llevan a la pérdida de la función cerebral normal”.
Otras hipótesis sugieren que los virus podrían producir un daño directo sobre las neuronas o favorecer la acumulación de proteínas mal plegadas, procesos que también han sido vinculados a la neurodegeneración.
Cautela: la principal palabra de los expertos
Aunque el hallazgo representa un avance relevante, los investigadores y expertos consultados por National Geographic insisten en la necesidad de cautela. El estudio no prueba una relación causal entre el HPgV y el Parkinson y subraya que es imprescindible realizar investigaciones adicionales en grupos independientes para confirmar la asociación observada. Jankovic puntualizó que “este estudio necesita ser replicado en una cohorte diferente de pacientes”.
El descubrimiento del HPgV en cerebros afectados por Parkinson representa una nueva ventana en la exploración de los factores que intervienen en las enfermedades neurodegenerativas. Sin embargo, la complejidad de la patología, la multiplicidad de factores implicados y las limitaciones inherentes al estudio obligan a mantener la prudencia y a persistir en la investigación para esclarecer el papel de las infecciones virales en el desarrollo del Parkinson.
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