
Según la Organización Panamericana de la Salud (OPS), los alimentos ultraprocesados constituyen más del 50% de la ingesta calórica en países como Reino Unido, Australia, Canadá y Estados Unidos. Estos productos, elaborados principalmente a partir de sustancias extraídas o derivadas de alimentos y aditivos, suelen tener un alto contenido de azúcares libres, grasas saturadas y sodio, y un bajo aporte de proteínas, fibra, minerales y vitaminas, en comparación con los alimentos sin procesar.
Ahora un estudio reciente de la Universidad de Copenhague, publicado en la revista Cell Metabolism, ha demostrado que los alimentos ultraprocesados afectan negativamente la salud metabólica y la salud reproductiva masculina, incluso cuando se consumen en cantidades calóricas normales. Los investigadores observaron que, pese a mantener el mismo aporte energético que una dieta sin procesar, los participantes experimentaron un aumento de masa grasa y alteraciones hormonales relevantes para la fertilidad.
El trabajo, liderado por Jessica Preston y Romain Barrès del Centro NNF de Investigación Metabólica Básica (CBMR) de la Universidad de Copenhague, sometió a 43 hombres jóvenes a dos tipos de dietas: una basada en alimentos ultraprocesados y otra en productos sin procesar.

Cada participante siguió ambas dietas durante tres semanas, con un periodo de descanso de tres meses entre ellas, y la asignación del orden fue aleatoria. La mitad de los voluntarios recibió una dieta con un exceso de 500 calorías diarias, mientras que la otra mitad mantuvo una ingesta calórica acorde a sus necesidades individuales. En todos los casos, las proporciones de proteínas, carbohidratos y grasas se mantuvieron constantes entre ambas dietas.
Los resultados, mostraron que los hombres ganaron aproximadamente 1 kg más de masa grasa con la dieta ultraprocesada, independientemente de si consumían calorías adicionales o no. Además, se detectaron incrementos en los niveles de colesterol total y en la relación entre colesterol LDL y HDL en quienes mantuvieron una ingesta calórica adecuada, así como un aumento de la presión arterial diastólica en quienes recibieron un exceso calórico. Otros indicadores, como la concentración de la hormona leptina y el péptido C, también se vieron alterados tras la dieta ultraprocesada.
En el ámbito reproductivo, el estudio documentó una disminución de la hormona folículo estimulante (FSH) en el grupo con exceso calórico y una tendencia a la baja en los niveles de testosterona en quienes mantuvieron una ingesta calórica adecuada, ambas fundamentales para la producción de esperma. La calidad del semen, medida por la motilidad total de los espermatozoides, también mostró una tendencia al deterioro tras la dieta ultraprocesada, aunque la concentración espermática no presentó cambios significativos.

Uno de los hallazgos más relevantes, según los autores del estudio, fue el aumento en la concentración de ftalato cxMINP en sangre, un compuesto presente en plásticos y conocido como disruptor endocrino.
Este contaminante, que puede migrar a los alimentos durante el procesamiento o el envasado, se asoció con la reducción de testosterona y FSH en los participantes. Estos resultados, dijeron los expertos, sugieren que la exposición a sustancias químicas industriales a través de la dieta ultraprocesada podría contribuir al deterioro de la salud reproductiva masculina.
Jessica Preston, destacó: “Nuestros resultados demuestran que los alimentos ultraprocesados perjudican nuestra salud reproductiva y metabólica, incluso si no se consumen en exceso. Esto indica que es la naturaleza procesada de estos alimentos lo que los hace perjudiciales”. Por su parte, el profesor Romain Barrès añadió: “Nos sorprendió la cantidad de funciones corporales alteradas por los alimentos ultraprocesados, incluso en hombres jóvenes y sanos”.

La investigación plantea la necesidad de revisar las recomendaciones nutricionales actuales, ya que los efectos adversos observados no dependen únicamente del exceso calórico, sino de la propia composición y procesamiento de estos productos. Los autores insisten en que los alimentos ultraprocesados, definidos por la clasificación NOVA como productos industriales compuestos por ingredientes altamente transformados o sintetizados, representan un riesgo para la salud más allá de su aporte energético.
El impacto de los ultraprocesados se extiende a enfermedades crónicas. Infobae recoge que, de acuerdo con estudios recientes, el consumo de carnes procesadas, bebidas azucaradas y grasas trans —componentes habituales de las dietas ultraprocesadas— se asocia con un aumento del riesgo de diabetes tipo 2, cáncer colorrectal y cardiopatía isquémica. Por ejemplo, una ingesta diaria de 50 gramos de carne procesada eleva el riesgo de diabetes tipo 2 en un 30% y el de cáncer colorrectal en un 7%. Las bebidas azucaradas, incluso en cantidades moderadas, incrementan el riesgo de diabetes tipo 2 en un 8% y el de cardiopatía isquémica en un 2%. Además, el consumo de ácidos grasos trans, presentes en productos como galletas, snacks y margarinas, aumenta el riesgo de cardiopatía isquémica en un 11%, incluso cuando representan solo el 1% de la ingesta energética diaria.

Los alimentos ultraprocesados no solo contienen ingredientes que alteran la composición original del alimento, sino que también pueden incluir compuestos nocivos derivados de su procesamiento industrial.
Ante estos resultados, el profesor Barrès remarcó la importancia de replantear las pautas alimentarias para proteger a la población frente a las enfermedades crónicas asociadas al consumo de ultraprocesados, alertando sobre las posibles consecuencias a largo plazo para la salud pública.
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