
Elizabeth Blackburn, nacida en 1948 en Hobart, Australia, fue criada por dos médicos que no solo le transmitieron amor por la biología, sino también una curiosidad insaciable por los misterios del cuerpo humano. Si bien en un principio podría haber sido otra científica más, su investigación sobre los telómeros —esas pequeñas cápsulas de ADN al final de los cromosomas— la convirtió en una pionera en la ciencia del envejecimiento.
Después de graduarse en Bioquímica en la Universidad de Melbourne en 1970 y continuar sus estudios de posgrado en la Universidad de Cambridge, Blackburn se sumergió en el mundo de la genética y la biología molecular. Fue allí donde, bajo la tutela de Fred Sanger, dos veces galardonado con el Premio Nobel, no solo perfeccionó sus conocimientos sobre la secuenciación del ADN, sino que hizo un hallazgo que cambiaría para siempre el campo de la biología.
Su descubrimiento de los telómeros y su relación con el envejecimiento no solo le valió el reconocimiento global, sino que también abrió una puerta a una nueva era de investigación sobre la longevidad humana.
El descubrimiento de la telomerasa
El momento decisivo en la carrera de Blackburn llegó en la década de 1980, cuando, tras trasladarse a Estados Unidos, comenzó a investigar los telómeros en la Universidad de California en Berkeley. Allí, junto con su estudiante Carol W. Greider, identificó la telomerasa, una enzima responsable de mantener la longitud de los telómeros durante la división celular.
Según detalló National Geographic, los telómeros, que actúan como protectores de los cromosomas, se acortan cada vez que una célula se divide, lo que está asociado al envejecimiento y la degeneración celular. Sin embargo, en las células cancerosas, la telomerasa permanece activa, evitando el acortamiento de los telómeros y contribuyendo a la proliferación tumoral.
Este descubrimiento fue fundamental para la biomedicina, ya que permitió comprender cómo las células evitan el envejecimiento y el daño genético. Además, abrió nuevas posibilidades para el tratamiento del cáncer al enfocarse en la inhibición de la telomerasa, lo que podría frenar el crecimiento descontrolado de los tumores.

Impacto en la biomedicina
El hallazgo de la telomerasa no solo revolucionó la comprensión del envejecimiento celular, sino que también permitió un avance significativo en el tratamiento de diversas enfermedades.
Según explicó National Geographic, en la mayoría de las células somáticas, la telomerasa está inactiva o presenta niveles bajos, lo que lleva al acortamiento de los telómeros y, eventualmente, al daño celular.
Sin embargo, en las células cancerosas, donde la telomerasa se reactiva, las células pueden dividirse sin restricciones y seguir proliferando. Este descubrimiento, el medio destaca que permitió a los científicos enfocar sus esfuerzos en desarrollar tratamientos para inhibir la telomerasa, limitando el crecimiento tumoral.

Premios y reconocimientos
El impacto de Blackburn en la ciencia mundial fue rápidamente reconocido. En 2009, recibió el Premio Nobel de Medicina, junto con Carol W. Greider y Jack W. Szostak, por su trabajo conjunto en la identificación de la telomerasa y su rol en la protección de los cromosomas, tal y como indicó National Geographic.
Además de este prestigioso galardón, en 2007 fue incluida en la lista de las 100 personas más influyentes del mundo por la revista Time, lo que consolidó su posición como una de las científicas más destacadas del siglo XXI.
Blackburn también fue presidenta del Instituto Salk de Estudios Biológicos y miembro de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos. A través de estos cargos, su influencia se extendió más allá de sus descubrimientos, convirtiéndose en un referente para nuevas generaciones de científicas y científicos.

Un legado que inspira a futuras generaciones
Elizabeth Blackburn dejó un legado perdurable en el campo de la biomedicina, inspirando a muchas científicas, especialmente mujeres, a seguir sus pasos en la investigación.
Según National Geographic, su trabajo no solo transformó el estudio del envejecimiento y el cáncer, sino que también abrió nuevas perspectivas para el tratamiento de enfermedades relacionadas con la edad.
Su incansable búsqueda de respuestas sobre la biología humana y su dedicación al avance de la ciencia, el medio subraya que, siguen siendo una fuente de inspiración en el ámbito académico y científico.
De esta manera, el descubrimiento de la telomerasa por parte de Blackburn se convirtió en un hito dentro de la biomedicina, que continuará influyendo en investigaciones futuras y en el desarrollo de nuevas terapias.
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