
Priorizar una planificación ajustada a las necesidades personales y mantener la disciplina marca la diferencia en los resultados de fuerza y masa muscular, según múltiples expertos y estudios recientes. Lejos de los mitos y recomendaciones contradictorias que circulan en redes sociales y gimnasios, la clave no está en el horario exacto, sino en la regularidad y en la adaptación del entrenamiento a la vida de cada persona.
El impacto real del horario de entrenamiento
Durante años, el debate sobre el mejor momento para entrenar ha alimentado tendencias en el mundo del fitness. Michael Betts, director de TRAINFITNESS, explica que es frecuente escuchar que entrenar por la mañana facilita la pérdida de grasa, mientras que la tarde potenciaría el crecimiento muscular. Sin embargo, la evidencia científica matiza estas creencias: si bien existen variaciones en el rendimiento físico a lo largo del día, no son decisivas para el desarrollo muscular a largo plazo.

La revista médica Chronobiology International publicó en 2019 un metaanálisis que identificó un aumento en la fuerza y el desempeño entre las 14:30 y las 20:30. Este pico se atribuye a la mayor temperatura corporal y la activación del sistema nervioso durante esa franja horaria. Adam Enaz, fundador de Enaz Fitness, coincide en que “el rango más fuerte para la mayoría de las personas se ubica en ese horario”.
Un estudio realizado durante 24 semanas y difundido por Applied Physiology, Nutrition, and Metabolism observó incrementos modestos en masa muscular entre quienes entrenaban en la tarde, aunque estas diferencias no justifican cambiar la rutina de quienes encuentran en otro momento del día su espacio para el ejercicio.
Una investigación revisó la evidencia sobre el volumen, frecuencia y horarios de entrenamiento, y señala que el principal factor para la hipertrofia muscular es el volumen total semanal, no la distribución de los entrenamientos ni el horario. No hay diferencias significativas en la progresión de fuerza o masa muscular cuando se entrena por la mañana o la tarde, siempre que el entrenamiento sea regular y adaptado a la persona. El horario debe elegirse según la disponibilidad y preferencia individual
Factores fisiológicos y adaptación progresiva
Entrenar en horarios vespertinos puede ofrecer ventajas puntuales porque el cuerpo alcanza una temperatura óptima y la activación neuromuscular es mayor, lo que facilita el rendimiento en ejercicios de fuerza. Sin embargo, Betts aclara que el cuerpo humano tiene una notable capacidad de adaptación: quienes mantienen una rutina establecida en la mañana, con el tiempo logran rendir óptimamente en ese horario, siempre que la regularidad y la calidad de las sesiones se mantengan.

Laith Cunneen, fisioterapeuta y creador de Peak Physio, también destaca la importancia de la adaptación progresiva. Cuando una persona entrena de manera consistente a la misma hora, su organismo optimiza los procesos metabólicos y hormonales para responder mejor al esfuerzo, independientemente del momento del día. Así, la constancia supera cualquier ventaja horaria inicial.
Cómo influye la nutrición y el descanso
Más allá del reloj, el éxito en el desarrollo muscular depende en gran medida de otros factores, como la nutrición y la recuperación. Cunneen subraya que el consumo total diario de proteína es decisivo para el crecimiento muscular, superando la relevancia de la hora en la que se ingiere. La calidad del sueño y la capacidad de recuperación entre sesiones también influyen directamente en el progreso físico, ya que permiten al cuerpo asimilar los estímulos y reparar los tejidos musculares.

La regularidad en el entrenamiento, sumada al cumplimiento de las necesidades nutricionales y de descanso, crea un entorno favorable para la mejora continua. Por ello, especialistas y publicaciones como GQ sugieren priorizar la construcción de hábitos sostenibles por encima de la búsqueda obsesiva del horario perfecto para entrenar.
Planificación semanal y organización eficiente
Para estructurar una semana de entrenamiento eficaz, Cunneen recomienda realizar ejercicios de fuerza entre dos y tres veces por semana por grupo muscular. La literatura científica sostiene que entrenar cada grupo dos veces en la semana genera mayores ganancias que una sola sesión semanal, mientras que un programa de tres sesiones puede optimizar la fuerza aún más. Betts sugiere, además, que si se combinan sesiones de fuerza y cardio en un mismo día, lo ideal es separarlas por al menos tres horas y dar prioridad al levantamiento de pesas antes de las actividades cardiovasculares exigentes.

Un ejemplo práctico citado por Cunneen en GQ es la rutina de empuje y tracción: lunes y jueves para ejercicios de empuje, martes y viernes para tracción, descansando miércoles y fines de semana. Esta estructura garantiza entre 48 y 72 horas de recuperación para cada patrón de movimiento, lo que permite mantener la intensidad y evitar el sobreentrenamiento.
La importancia de adaptar la rutina a la vida real

Al analizar las diferencias individuales, los expertos consultados por GQ coinciden en que la sostenibilidad es el principal criterio para elegir un horario. Adaptar el entrenamiento a la realidad cotidiana, respetando las necesidades de descanso y nutrición, ofrece más ventajas a largo plazo que perseguir un supuesto “momento óptimo” basado en promedios poblacionales. Así, la disciplina y la constancia, integradas en una rutina flexible y personalizada, constituyen los verdaderos motores del progreso muscular.
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