
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), más de 55 millones de personas viven con demencia, y cada año se diagnostican casi diez millones de nuevos casos. El Alzheimer, la forma más común de esta condición y puede representar hasta un 70% de los casos, con lo cual es una de las principales causas de discapacidad y dependencia en la población de edad avanzada. En este contexto, un reciente descubrimiento científico podría marcar un antes y un después en el tratamiento de esta enfermedad.
De acuerdo con un estudio realizado por investigadores de la Escuela de Medicina Keck de la Universidad del Sur de California (USC), un gen (llamado KCTD20) podría ser un factor clave en los procesos neurodegenerativos asociados al Alzheimer. Este hallazgo, basado en experimentos con ratones y organoides cerebrales humanos, abre una nueva vía para combatir la acumulación tóxica de la proteína tau, una de las principales responsables del deterioro neuronal en esta enfermedad.
El equipo de científicos, liderado por Justin Ichida, profesor asociado de Biología de Células Madre y Medicina Regenerativa en la USC, ha propuesto una estrategia innovadora: en lugar de limitar directamente la actividad del glutamato, un neurotransmisor esencial para el cerebro, se enfocaron en suprimir la actividad del gen KCTD20. Este avance, que fue publicado en la revista Neuron, de Cell, no solo evita los efectos secundarios negativos de interferir con esta sustancia, sino que también activa mecanismos celulares que eliminan las proteínas tau tóxicas, ofreciendo una esperanza renovada para millones de pacientes.

El papel del glutamato y la proteína tau en la neurodegeneración
El glutamato, un neurotransmisor fundamental para funciones como la memoria y el estado de ánimo, también puede tener efectos perjudiciales cuando se encuentra en exceso. Según el estudio de la USC, este compuesto fomenta la acumulación de la proteína tau en el cerebro, un proceso que está directamente relacionado con la neurodegeneración y la muerte de células nerviosas.
Para investigar este fenómeno, los científicos utilizaron organoides cerebrales humanos, estructuras tridimensionales cultivadas en laboratorio a partir de células madre, los cuales fueron generados tanto de personas sanas como de pacientes con enfermedades neurodegenerativas y permitieron observar cómo la exposición al glutamato desencadenaba la acumulación tóxica de tau y la consecuente muerte celular. Los resultados fueron consistentes con los obtenidos en ratones genéticamente modificados para desarrollar patologías similares al Alzheimer.

“Se han desarrollado muchos medicamentos potenciales para mitigar los efectos neurodegenerativos de la toxicidad del glutamato, pero han tenido resultados mixtos en los ensayos clínicos”, explicó Ichida en un comunicado de prensa. Uno de los principales desafíos radica en que reducir directamente la actividad de este neurotransmisor puede generar efectos adversos, como déficits motores, problemas de memoria o incluso alteraciones en la conciencia.
Ante esta problemática, el equipo de la USC decidió adoptar un enfoque diferente mediante el uso de herramientas avanzadas como la edición genética CRISPR. De este modo, identificaron que el gen KCTD20 desempeña un papel crucial en la respuesta del cerebro al glutamato. Al suprimir este gen, lograron reducir significativamente la acumulación de tau y proteger las neuronas de los efectos tóxicos de este neurotransmisor.
Este descubrimiento también reveló un mecanismo celular clave: la activación de los lisosomas, compartimentos dentro de las células que se encargan de eliminar desechos y sustancias dañinas. En este caso, estos fueron capaces de envolver y expulsar las proteínas tau tóxicas, lo que sugiere una nueva estrategia terapéutica para combatir el Alzheimer y otras enfermedades relacionadas.
Una nueva dirección para el tratamiento del Alzheimer

El hallazgo del gen KCTD20 como objetivo terapéutico representa un avance significativo en la búsqueda de tratamientos más efectivos para el Alzheimer. Según Jesse Lai, uno de los autores principales del estudio, “nuestro trabajo apunta a mejorar la eliminación de la proteína tau como una estrategia terapéutica importante, en lugar de intentar limitar la actividad del glutamato”.
Los experimentos realizados en ratones y organoides cerebrales demostraron que la supresión de KCTD20 no solo redujo la acumulación de tau, sino que también protegió a las neuronas de la muerte celular. Este enfoque podría ser especialmente beneficioso para pacientes con enfermedades neurodegenerativas relacionadas con tau, que incluyen no solo el Alzheimer, sino también otras formas de demencia.
Joshua Berlind, otro de los autores principales, destacó el potencial de este descubrimiento: “Esta es una nueva dirección prometedora para el desarrollo de tratamientos específicos para pacientes con enfermedades neurodegenerativas relacionadas con tau”. Además, el estudio subraya la importancia de los lisosomas como aliados en la lucha contra estas patologías, al facilitar la eliminación de proteínas tóxicas del cerebro.
Según destacaron los científicos, estos resultados podrían servir como base para el desarrollo de nuevos medicamentos. Aunque aún se encuentran en una etapa experimental, los hallazgos ofrecen una esperanza tangible, no solo por su potencial terapéutico, sino también por su capacidad para cambiar el enfoque de la investigación en neurodegeneración. En lugar de centrarse exclusivamente en los efectos del glutamato, los científicos han demostrado que es posible intervenir en los mecanismos celulares que regulan la acumulación de tau.
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