
Se han dado determinadas circunstancias climáticas que obligan a revisar en qué condición están los feedlots para recibir la hacienda que no podrán terminar los sistemas pastoriles castigados por el exceso de lluvias registrado hace dos fines de semana. Los técnicos del Rosgan explican que desde el punto de vista de la capacidad física, los corrales aún tendrían margen para un segundo pulso de llenado.
Los últimos datos disponibles dan cuenta de un stock en corrales de engorde de 1,98 millones de cabezas. Si bien el número sigue siendo elevado, en el último mes se registró una fuerte caída en el nivel de encierre, con un índice de reposición (ingresos/egresos) de 0,76, el más bajo para ese mes en los últimos 15 años. Desde el Mercado Ganadero de Rosario atribuyen esta caída en el nivel de encierre a un comportamiento estacional, totalmente esperable para esta época del año, dada la menor oferta de invernada y una relación de compra-venta que tiende a encarecerse.
Hasta ahí lo previsible. Lo cierto es que ha surgido un factor no esperado que está alterando, y mucho, la ecuación de este tipo de operaciones. La referencia es a la fuerte suba de tasas registrada en el último mes. Un tema por cierto que ha generado ruido en otras actividades económicas de la Argentina.

En el caso del engorde intensivo, un cambio de este tipo puede modificar drásticamente la ecuación del negocio, dado el elevado componente financiero de la actividad. Según el Rosgan, hasta el mes pasado el margen que dejaba una operación convencional de aproximadamente 130 días de engorde resultaba deficitario al incorporarle el costo financiero. La Cámara Argentina de Feedlots, indica que con una tasa financiera que hasta entonces no superaba el 30% anual, la pérdida generada por esa operación rondaba los $65.000 por cabeza.
Sobre el costo financiero total –que hasta no hace mucho tiempo representaba cerca del 6% del costo total de la operación- juegan el diferencial de plazos entre las operaciones de compra-venta y el ciclo de engorde, así como la compra del alimento. Con tasas 2,5 veces superiores, y aun sin modificar el resto de las variables, ese costo financiero incrementaría la pérdida estimada a más de $160.000 por cabeza, lo que constituye cerca del 14% del costo total de la operación. En definitiva, con estos parámetros la viabilidad del negocio está seriamente en duda.
Hay que decir que el alimento también se ha encarecido e impacta negativamente en la ecuación del engorde. En los últimos dos meses, el precio del maíz disponible aumentó, en promedio, un 14 %, mientras que el valor del gordo se movió apenas un 3 %. En consecuencia, se pone menos amigable la relación de compra de este insumo. Ahora se necesitan 70 kg de hacienda terminada para comprar una tonelada de maíz; se trata de una ecuación que aún está dentro de un rango relativamente favorable al engorde, pero la tendencia para este indicador es a incrementarse, en especial por la mayor presión de oferta de hacienda gorda que se espera habitualmente durante este período.

Todo este análisis está relacionado con los cambios que vienen planteándose a raíz de las contingencias climáticas. El sector pecuario se había habituado a esquemas con un fuerte auge de la recría pastoril, como sistema integrado y complementario al engorde a corral, debido a la favorable condición que ofrecían los campos. Este escenario parece estar cambiando drásticamente.
La grave situación que presentan amplias zonas ganaderas del centro del país obliga a replantear muchos de los programas extensivos implementados hasta el momento. Por lo tanto, si esta situación se complica aún más, podría forzar decisiones de contingencia que alterarían considerablemente la oferta de hacienda terminada durante los próximos meses.
La última semana mostró subas de precios para la hacienda en pie en el Mercado Agroganadero de Cañuelas. Claramente la mejora se vinculó con la abundancia de lluvias y la existencia de zonas ganaderas que están complicadas. La escasa oferta fue fiel testigo de las dificultades que condicionaron a los productores a la hora de sacar los animales del campo y enviarlos a faena.

Los técnicos del Rosgan advierten que queda poco del balance amigable que venía ofreciendo el clima desde hace unos meses. Las lluvias registradas hace algo más de una semana agravaron el panorama en el centro del país. Los campos inundados son la imagen palpable de que la situación se ha desmadrado.
No quita que zonas como el sur de Córdoba, La Pampa y San Luis hayan recibido con beneplácito estas lluvias, que ayudan a terminar con el déficit que las castigaba. Pero en el centro-norte de Buenos Aires, el sur de Santa Fe y el sudeste de Córdoba los anegamientos se han multiplicado. En el primer caso, corresponde hablar de un desastre climático.
Con muchos accesos y rutas cortadas, y campos totalmente bajo agua, los movimientos de hacienda comenzarán a registrarse recién cuando efectivamente puedan retomarse las cargas. Rosgan advierte que muchos de estos campos mixtos —en especial donde se realiza gran parte de la invernada pastoril— deberán readaptar sus sistemas, probablemente echando mano del corral para terminar los animales.
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