
Hace unos días se conocieron los resultados de las evaluaciones educativas Aprender. La publicación de los datos de la edición 2025 se realizó dos meses más tarde de lo previsto y en la previa de la presentación del proyecto denominado Ley de Libertad Educativa. No parece casualidad. Más bien parece un capítulo más del uso distorsionado del instrumento de evaluación. Una “mejora histórica” cuyos resultados son a todas luces objeto de manipulación. Por eso, creo relevante aportar algunas consideraciones al debate público respecto de este tema y lo informado por la ministra de Capital Humano Sandra Pettovello.
El informe señala una mejora en los desempeños académicos de los estudiantes de sexto grado del nivel primario en todo el país con respecto a la medición anterior (2023-2025): 11 pp más en Lengua y 5 pp más en Matemática. La ministra asoció estas cifras al supuesto éxito del Plan Nacional de Alfabetización. Sin embargo, esta “política” -que consiste en la continuidad de la “hora más de clase” y en una recopilación de iniciativas jurisdiccionales dispares- inició en 2024 y apuntó al primer ciclo -de primer a tercer grado-, es decir, cohortes que no fueron evaluadas en este operativo.
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Las mejoras entre 2023 y 2025 ocurrieron en ambas áreas y en todas las provincias —en el caso de Matemática, con la excepción de Misiones—. Es llamativa la manera en que los resultados se mueven en bloque para todas las provincias, primero “para abajo” (2021-2023) y luego, “hacia arriba” (2023-2025). Vale la pena aclarar que los resultados definitivos de 2023 fueron publicados en mayo de 2024 por el gobierno de Milei.
La serie disponible de Aprender primaria en Lengua para los años 2013-2025 ofrece una imagen de mejora en el mediano plazo (de 58% de estudiantes en satisfactorio+avanzado en 2013 a 77% en 2025), pero con volatilidad en los resultados entre ediciones sucesivas. En los años intermedios se advierten “subidas y bajadas”, algunas muy marcadas (2016-2018 y 2023-2025), que parecen estar por encima del ritmo al que puede cambiar un fenómeno como los conocimientos y capacidades de estudiantes en el contexto de un sistema educativo de más de 10 millones de alumnos. A diferencia de otros fenómenos sociales de cambio rápido -la pobreza por ingresos impactada por cambios marcados en la inflación, por ejemplo-, los conocimientos escolares son más inerciales.
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Otro aspecto llamativo es la diferencia que se advierte entre las tendencias generales que informan la prueba Aprender por un lado y la prueba ERCE de UNESCO, por otro. En particular, en Lengua, la evolución de los resultados desde 2013 es dispar: mientras Aprender reporta una marcada mejora hasta 2018 y luego un descenso hacia 2023, ERCE indica un empeoramiento marcado de los resultados entre 2013 y 2019 y una mejora hacia 2023. Esta discordancia no puede ser explicada sólo por ser mediciones provenientes de dos pruebas distintas ya que ambas están midiendo el mismo año y grado, la misma materia y ambas diseñan sus pruebas tomando como referencia lo establecido en los Núcleos de Aprendizaje Prioritarios (NAP) a nivel nacional.
Por último, hay vacíos de información respecto a muchos aspectos del operativo Aprender. Las provincias son socias en la implementación, aportan opciones e insumos para el diseño y reciben los resultados finales. Pero no acceden a los resultados de las pruebas piloto que permiten comprender cómo queda conformada la prueba, ni tampoco acceden a las respuestas originales de los estudiantes que posibilitan entender cómo se llega a los puntajes que se asignan a cada niño o niña como resultado final. Pequeños cambios en un proceso de medición tan complejo pueden generar problemas en la comparabilidad. Tenemos en curso un pedido de acceso a la información pública que nos permita dilucidar las decisiones metodológicas tomadas en esta oportunidad.
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¿Puede la mayor lejanía de estos estudiantes con la pandemia haber afectado positivamente en los resultados? Es posible, debido al tiempo de recuperación que tuvieron en comparación con la cohorte evaluada en 2023. En cualquier caso, los aspectos antes desarrollados no deberían pasarse por alto en los análisis de los resultados que se comunican como una “mejora histórica”.
Las pruebas estandarizadas tienen una relevancia sustancial no solo en la toma de decisiones de política educativa, sino también en la conversación pública sobre educación. La discusión sobre los resultados de Aprender es de importancia estratégica porque en ella se juega parte de un debate más general sobre la mejora de la escuela y la contribución de los distintos gobiernos, nacionales y provinciales, a ella. Necesitamos que sus datos sean precisos y confiables.
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Estamos frente a un gobierno que parece estar en la banquina de la experiencia cotidiana de la población. Lo hace con la economía, cuando dice que hay crecimiento porque crecen dos de los veinte sectores de actividad de la economía, por lo que no sorprendería que replicara esa lógica en educación, en las vísperas de un debate que tendrá a la desescolarización como núcleo de su mal llamada Ley de Libertad Educativa.
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