El orgullo de ser argentinos

La prohibición de exhibir banderas de Malvinas en el estadio generó tensión, pero la Selección eligió un momento prudente para expresar la reivindicación nacional

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Jugadores argentinos con una bandera de Malvinas en el campo de juego
Jugadores argentinos con una bandera de Malvinas en el campo de juego

Un sentimiento generalizado inunda el alma de los argentinos: el orgullo de pertenecer a esta Patria. Ha sido el fútbol, en este caso, quien nos ha regalado esta emoción incontenible. Nos reconocemos y reencontramos en un éxito ganado en buena ley, con honestidad, con jerarquía, con resiliencia, con profesionalidad y con un extraordinario respeto por el trabajo, el esfuerzo y el espíritu colectivo.

Hasta León XIV, un Papa amante del deporte, ha manifestado, por estos días, el valor del fútbol porque no se lo entiende si no se lo ejerce como un colectivo de individualidades entrelazadas que se mueven y actúan en un proyecto común. Si se quiere reproduce en pequeño identidades más amplias. La selección nacional es un espejo posible donde encontrarnos. En términos deportivos, que es su expertis, ha logrado vencer al verdadero rival que es Inglaterra por más que otros seleccionados pretendan instalarse en ese espacio; por mucho tiempo esto va a ser así y el fútbol mundial así lo entiende. El cruce Argentina Inglaterra era universalmente esperado y deseado.

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Hay otras cosas en disputa en esta rivalidad, lo sabemos todos. Pero si al deporte nos ceñimos ¿hay algo superior a rivalizar con los padres e inventores de este juego? La influencia británica en nuestra historia nos ha legado este deporte que al parecer ahora es más nuestro que de ellos. O al menos lo jugamos mejor.

Otro logro de la Selección, quizás el más importante

Al clasificarnos en 2022 esta Selección rehusó visitar y posar para la autoridad política de aquellos años. El deporte es una cosa, la política es otra, especialmente si se lo usa para beneficio de esta última. Al pan, pan y al vino, vino. La imprudencia de ese gobierno al insistir en la visita generó un clima que nublaba el éxito deportivo alcanzado y la atmósfera social de unidad frente al éxito. A su manera, y entiendo que sin proponérselo de manera directa, el sector político que expresaba aquel gobierno opacaba el extraordinario triunfo argentino por su tozudez e improcedencia.

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Después vinieron los militantes de la discordia de uno y otro lado. La tontera de enfrentar referentes deportivos por sus personalidades y condiciones individuales, enlodando lo que no debiera ensuciarse (Maradona dixit). En este mundial el abismo se ha cerrado. Las canciones de tribuna que unifican a Diego con Lionel son una pequeña muestra. La camiseta que al parecer vistió Maradona en el partido de la mano de Dios, (desconozco si será la misma) fue regalada a Messi al finalizar el partido. De no ser así, no importa, lo que vale es la gestualidad y obliga a las urracas que gritan a favor de uno u otro a callar las desavenencias.

Pero algo más inquietante ocurrió en la brillante jornada del triunfo deportivo. La FIFA por su lado y el gobierno nacional por el otro habían impuesto la prohibición de exhibir cualquier bandera que hiciera mención a Malvinas. En el caso de la FIFA no solo remitía al tema de las islas. No somos el ombligo del mundo. Se orientaba a cualquier otra que encendiera el conflicto entre naciones como las banderas de Palestina o Israel, entre otras.

Respecto a la insistencia de un mayoritario sector social y político argentino de llevar al partido el tema de Malvinas, tanto Scaloni como De Paul fueron claros en las vísperas. Repito en las vísperas. En síntesis manifestaron algo así como que a ellos solo debía exigirles buen fútbol. En ese punto coincidían con la opinión del gobierno nacional. Finalizado el partido y con los jugadores ingleses en los vestuarios un trapo realizado precariamente con la consigna las Malvinas son argentinas" fue exhibido con orgullo por la Selección Nacional. ¡Era el momento! No antes. Fue sensiblemente correcto y maravilloso. Todo lo que instale, en su medida y armoniosamente, la validez de nuestra soberanía sobre las Islas y que el mundo se entere que no vamos a renunciar a ellas es imperativo, necesario y justo.

Y la otra consecuencia de enorme significado que logró la Selección es que ya no se van a oír las voces que descalificaban a este grupo de deportistas por desclasados y renegados de su condición de argentinos. ¡En buena hora! Necesitaron lo de Malvinas para darse cuenta que durante años vivieron equivocados. Bienvenidos a casa.