
El estrés es producto de las externalidades y atenta contra el bienestar. En Argentina, evidentemente, lo sufrimos. La consultora Voices! difundió un informe global de opinión pública sobre la autoevaluación del estrés y del sueño y los resultados son categóricos: somos el segundo país con peor calificación porcentual, con el 54%.
El impacto es diverso y una de las víctimas es el corazón: nuestra salud cardíaca sufre por lo que pasa afuera. Más allá del panorama preocupante, hay un aspecto positivo que es la información y la conciencia. Un reciente sondeo de Avalian -que abarcó a 1.500 personas- indicó que si bien la mitad de las personas se siente estresada, el 70% está al tanto que esto afecta negativamente su salud cardíaca. Somos conscientes, pero no podemos evitarlo.
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Tradicionalmente, el discurso para cuidar el corazón se centró en factores como el antitabaquismo y el ejercicio físico. Independientemente de lo que podemos escuchar o ver, la Asociación Argentina de Tabacología ilustra el avance: en 1999, más del 40% de la población era fumadora; en 2005, el 29%; y en 2018, el 22%.
Con la actividad física sucede algo similar: el estudio “Hábitos deportivos y práctica de actividad física en la última década en Argentina” analizó las Encuestas Nacionales de Actividad Física y Deporte de 2009 y 2021 y asegura que en 2009 el 54% de la población hacía deporte para mejorar la condición física, mientras que en 2021 casi el 60%.
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Si bien estas bases son esenciales, hay otras cuestiones relevantes para tener en cuenta. En limpio: el cuerpo se mueve, pero la mente no descansa. La coyuntura económica -relación costo y salario- y las presiones laborales son un flagelo histórico de nuestro país y siguen siendo la principal causa de estrés emocional: el mencionado sondeo de Avalian lo confirma, con el 43% y casi el 50% de los encuestados, respectivamente. A esto se le suma un matiz propio de la actualidad: el consumo digital.
Un informe de Kantar Ibope Media destacó que 6 de cada 10 argentinos manifiesta la necesidad de revisar sus redes sociales. Y más: el 46% de los jóvenes se siente abrumado por las redes sociales y el 72% califica su nivel de estrés como malo. Hay que agregarle que el nivel de consumo escala de 3 horas a más de 4 horas diarias -según la Universidad FASTA de Mar del Plata- y que el 80% de los chicos de 9 a 17 años usa redes sociales todos los días (UNICEF).
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A la presión diaria por la incertidumbre económica, agreguemos las herramientas naturalizadas en la era digital, que generan una serie de patologías contraproducentes. Hay datos que nos obligan a tomar conciencia: en Argentina, una de cada cuatro personas presenta síntomas de ansiedad y depresión (UCA). El psicólogo social y bestseller Jonathan Haidt, lo sintetiza: crecer en el mundo virtual fomenta la ansiedad, la anomia y la soledad. Esto, además del estrés, repercute directamente en las horas de sueño y, sumado al amasijo de conceptos mencionados anteriormente, el impacto puede ser grande.
Entonces, ¿cómo se cuida el corazón hoy? Sin dudas, no alcanza solo con dejar de fumar o salir a caminar. Es necesario ampliar la perspectiva y entender que no vivimos aislados. Estamos atravesados por presiones económicas, vínculos frágiles, hipervínculos constantes, falta de descanso y un malestar general que muchas veces no tiene nombre, pero sí síntomas.
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No podemos seguir abordando la salud como si se tratara solo de indicadores clínicos o hábitos aislados. Los números son claros: aunque se fuma menos y se hace más ejercicio, el estrés sigue en alza y con impacto directo en el corazón.
Cuidar la mente es la forma más poderosa de proteger el corazón. Porque al final, la salud de nuestro corazón no depende de la ausencia de estrés, sino de nuestra capacidad de enfrentarlo con conocimiento, buscando ayuda cuando la necesitamos.
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