¿Y si la ciencia también ayuda?

En 2023, en un año marcado por los efectos de El Niño, el PBI agrario cayó un 4%, su peor resultado desde 1992

Guardar
Google icon
Siembra afectada
Impacto del FEN en la agricultura. Crédito: Andina

La intensificación de los fenómenos de El Niño vuelve a poner sobre la mesa la necesidad de invertir en prevención. Defensas ribereñas, reservorios, infraestructura hidráulica y mejores sistemas de respuesta seguirán siendo indispensables. Pero existe otra herramienta de la que hablamos muy poco: la ciencia.

No se trata de un escenario hipotético. En 2023, en un año marcado por los efectos de El Niño, el PBI agrario cayó un 4%, su peor resultado desde 1992, afectando a productores de distintas regiones y evidenciando la vulnerabilidad de una actividad fundamental para la economía peruana.

La agroexportación ha sido una de las historias de éxito más importantes del país durante las últimas dos décadas. Hoy exportamos arándanos, uvas, paltas, mangos, cítricos y otros productos a los mercados más exigentes del mundo, generando miles de empleos formales y oportunidades de desarrollo en regiones que antes tenían pocas alternativas productivas. Sin embargo, conservar ese liderazgo exigirá mucho más que nuevos mercados o mejores carreteras. También requerirá incorporar innovación para producir en condiciones climáticas cada vez más complejas.

PUBLICIDAD

Mientras buena parte del mundo invierte en investigación para desarrollar variedades capaces de tolerar mejor el estrés hídrico, las altas temperaturas o determinadas plagas, el Perú mantiene vigente hasta 2031 una moratoria que impide siquiera evaluar el uso de organismos vivos modificados. Según el Servicio Internacional para la Adquisición de Aplicaciones Agrobiotecnológicas (ISAAA, por sus siglas en inglés), más del 90% de la superficie mundial cultivada con organismos genéticamente modificados se concentra en EE. UU., Brasil, Argentina, India y Canadá. No resulta casual que varios de ellos figuren también entre los principales productores y exportadores agrícolas del mundo.

Naturalmente, ello no significa renunciar al cuidado de nuestra biodiversidad ni desconocer la necesidad de evaluaciones rigurosas para cualquier tecnología. Tampoco supone que la biotecnología sea la única respuesta frente a condiciones climáticas extremas. La adaptación del agro pasa, en primer lugar, por cerrar brechas de infraestructura hidráulica, mejorar los sistemas de drenaje, fortalecer la sanidad agraria, impulsar el riego tecnificado y desarrollar investigación aplicada desde nuestras propias instituciones.

PUBLICIDAD

Pero justamente allí aparece una pregunta que vale la pena formular: si sabemos que como país estamos expuestos a la llegada de El Niño en distintos periodos de tiempo, ¿tiene sentido mantener cerrada la discusión sobre herramientas que buena parte del mundo viene utilizando o investigando para fortalecer la resiliencia de su agricultura?

El Perú no debería permanecer ajeno a esa conversación.

Durante años hemos entendido la prevención casi exclusivamente como infraestructura física. Y esa seguirá siendo una prioridad. Pero proteger la agricultura del futuro también exige invertir en conocimiento, fortalecer la investigación científica y revisar nuestras políticas públicas a la luz de la mejor evidencia disponible.

La infraestructura protege al campo. La ciencia puede ayudar a proteger los cultivos. Si sabemos que fenómenos como El Niño seguirán formando parte de nuestra realidad, quizá haya llegado el momento de preguntarnos si el Perú puede darse el lujo de seguir descartando herramientas que podrían contribuir a fortalecer la resiliencia, la competitividad y el futuro de nuestra agricultura.

Rafael Zacnich

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD