
La vesícula biliar es un órgano pequeño pero fundamental para el proceso digestivo. Tiene forma de pera y se localiza debajo del hígado, en la parte superior derecha del abdomen. Aunque no es un órgano vital, su correcto funcionamiento contribuye de manera importante a la digestión de las grasas y al equilibrio del sistema digestivo.
La función principal de la vesícula biliar es almacenar y concentrar la bilis, un líquido producido por el hígado. La bilis contiene sales biliares, colesterol y otras sustancias que ayudan a descomponer las grasas de los alimentos durante la digestión.
Cuando una persona ingiere alimentos, especialmente aquellos con alto contenido graso, la vesícula se contrae y libera la bilis hacia el intestino delgado a través de los conductos biliares. De esta manera, facilita la absorción de nutrientes esenciales como las vitaminas A, D, E y K.

Cuando la vesícula biliar no funciona adecuadamente, pueden presentarse diversos problemas de salud. La enfermedad más común es la formación de cálculos biliares, conocidos como “piedras”, que se originan cuando la bilis se concentra en exceso y se solidifica.
Estos cálculos pueden obstruir los conductos biliares y causar dolor intenso, inflamación, náuseas y vómitos. Otras afecciones relacionadas son la colecistitis (inflamación de la vesícula), infecciones y, en casos menos frecuentes, alteraciones más graves.
Para cuidar la vesícula biliar y reducir el riesgo de enfermedades, es fundamental adoptar hábitos de vida saludables. Una alimentación equilibrada juega un papel clave. Se recomienda consumir frutas, verduras, cereales integrales y alimentos ricos en fibra, ya que favorecen una digestión adecuada y ayudan a regular los niveles de colesterol en la bilis. Asimismo, es importante moderar el consumo de grasas saturadas, frituras, embutidos y alimentos ultraprocesados, que pueden estimular la formación de cálculos biliares.

Mantener un peso saludable también es esencial. El sobrepeso y la obesidad aumentan el riesgo de padecer problemas en la vesícula biliar, pero perder peso de forma rápida o mediante dietas extremas también puede ser perjudicial. Lo ideal es lograr una reducción de peso gradual, acompañada de una alimentación balanceada y actividad física regular.
La hidratación adecuada es otro factor importante, ya que beber suficiente agua ayuda a mantener la bilis menos concentrada. Además, realizar ejercicio de manera constante favorece el metabolismo y la función digestiva en general.
Finalmente, es recomendable prestar atención a las señales del cuerpo. Dolor persistente en la parte superior derecha del abdomen, molestias después de comer alimentos grasos o síntomas digestivos frecuentes deben ser valorados por un profesional de la salud. La detección oportuna permite prevenir complicaciones y mantener una buena calidad de vida.
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