
Conocida científicamente como Equisetum arvense, la cola de caballo es una planta que pertenece a la familia de las Equisetáceas y que ha sido utilizada desde la antigüedad por sus múltiples propiedades terapéuticas.
Dioscórides, un escritor griego, ya la recomendaba para detener hemorragias y cicatrizar llagas en la vejiga e intestino, mientras que en la medicina árabe se empleaba como tónico para tratar alteraciones hepáticas.
Actualmente, esta planta sigue destacando por sus beneficios, que van desde su acción diurética hasta su capacidad para fortalecer tejidos y mejorar la salud de la piel.
La cola de caballo contiene compuestos químicos como el ácido silícico y las flavonas, que le otorgan propiedades diuréticas, remineralizantes, depurativas, astringentes, hemostáticas y cicatrizantes.
Estas características la convierten en un recurso natural para tratar diversas afecciones. Entre sus aplicaciones más comunes se encuentra el tratamiento de problemas urinarios como la cistitis, la litiasis renal y la insuficiencia renal leve, gracias a su capacidad para eliminar toxinas a través del hígado y los riñones.

Su alto contenido en minerales como potasio, fósforo y calcio la hace útil en la recuperación de fracturas óseas con problemas de recalcificación.
La cola de caballo también es reconocida por su capacidad para cuidar la piel y fortalecer el cabello y las uñas.
De acuerdo al diccionario de plantas medicinales de Cebrián, su riqueza en sílice contribuye a mantener el colágeno, favoreciendo la elasticidad de los tejidos y combatiendo la sequedad de la piel.
Asimismo, se utiliza para tratar afecciones cutáneas como el acné juvenil, dermatitis atópicas, urticarias y quemaduras con eritemas.
Entre sus principales indicaciones, destaca su uso como un potente diurético para combatir la retención de líquidos y los edemas. También se incluye en formulaciones destinadas a la pérdida de peso en personas con obesidad o sobrepeso.

Además, su acción antiinflamatoria y desintoxicante la hace efectiva en el tratamiento de enfermedades reumáticas como la artritis, artrosis y gota, ayudando a eliminar el exceso de ácido úrico y urea.
En el ámbito ginecológico, la cola de caballo se emplea para aliviar menstruaciones abundantes y dismenorreas, mientras que su acción astringente y antihemorrágica la hace útil para tratar hemorragias superficiales, heridas y úlceras dérmicas.
Por vía interna, también se utiliza para combatir diarreas estacionales.
Gracias a su versatilidad y propiedades curativas, la cola de caballo sigue siendo un recurso natural valioso tanto en la medicina tradicional como en la moderna.
La cola de caballo se puede consumir en un té o puedes realizar una infusión para mantener sus propiedades curativas.
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