El reconocido director Quentin Tarantino volvió a mostrar su inclinación por las películas infravaloradas, al declarar su profunda admiración por Fandango, una comedia dramática que marcó el debut protagónico de Kevin Costner. A pesar de haber sido ignorada por el gran público y por la crítica en su momento, la película ocupa un lugar privilegiado en el canon personal del cineasta estadounidense.
Un cinéfilo impredecible
No es nuevo que Tarantino, cuya pasión por el cine se remonta a sus días como empleado de videoclub, exprese opiniones tan arriesgadas como apasionadas sobre la historia del séptimo arte.
Su filmografía está impregnada de referencias estilísticas y narrativas que oscilan entre lo culto y lo popular. Del rigor visual de 2001: Una odisea del espacio de Stanley Kubrick a lo escandalosamente provocador de Showgirls, este recorrido denota en él un cineasta único.
Más allá de sus influencias visibles —spaghetti westerns, películas de artes marciales o del subgénero grindhouse—, su sello autoral se caracterizó por una apropiación creativa que combina homenaje y transgresión. Sin embargo, lo que más llama la atención es su falta de apego al consenso crítico. Tarantino manifestó su desprecio hacia François Truffaut, figura clave de la Nouvelle Vague francesa, y denostó sin tapujos títulos como Brewster McCloud de Robert Altman, a la que comparó con “un pájaro cagando en tu cabeza”. En cambio, expresó su aprecio por filmes ampliamente rechazados, como Anything Else, de Woody Allen.
Una película enterrada por el olvido

En una entrevista concedida a Vanity Fair, poco antes del estreno de Tiempos violentos, Tarantino sorprendió al revelar que una de sus películas favoritas era una obra prácticamente olvidada incluso entonces: Fandango. “Es uno de los mejores debuts como director en la historia del cine”, sentenció. “La vi cinco veces en el cine, ¡y solo estuvo en cartelera una semana!”.
Dirigida por Kevin Reynolds, Fandango narra el viaje por carretera de un grupo de amigos universitarios en Texas, en el año 1971. El relato, cargado de nostalgia y tensiones latentes, explora la transición entre la juventud despreocupada y las responsabilidades ineludibles de la adultez, con la guerra de Vietnam como amenaza inminente. El filme marcó el primer rol principal de Kevin Costner, acompañado por Sam Robards y Judd Nelson.
La génesis del largometraje se remonta a un cortometraje de graduación de Reynolds, cuya calidad llamó la atención de Steven Spielberg. Impresionado por el tratamiento visual y narrativo del joven director, Spielberg decidió producir la versión extendida. Sin embargo, la falta de nombres reconocidos y la inexperiencia del equipo motivaron a Warner Bros. a aplazar el lanzamiento comercial. Cuando finalmente se estrenó, lo hizo con escasa promoción y fue retirada de cartelera en cuestión de días, tras una recaudación inferior a los 100.000 dólares.
Kevin Reynolds: Promesa incumplida, trayectoria consolidada

La admiración de Tarantino por Fandango no se limitó al filme. En aquella misma entrevista, vaticinó que su director, Kevin Reynolds, sería “el Stanley Kubrick de su década”. Aunque esta predicción resultó exagerada en retrospectiva —Reynolds nunca alcanzó la dimensión autoral del creador de 2001—, su carrera no fue menor.
Gracias a su alianza creativa con Costner, Reynolds dirigió dos de las producciones más ambiciosas de los años noventa: Robin Hood: Príncipe de los ladrones y Waterworld. Esta colaboración se reanudó años más tarde con la miniserie Hatfields & McCoys, que obtuvo el reconocimiento de la crítica y fue galardonada con un premio Emmy.
Un cruce de caminos con Tarantino
La ironía no pasó desapercibida. Cuando Quentin Tarantino preparaba Django desencadenado, consideró a Kevin Costner para el elenco. Sin embargo, el actor terminó abandonando el proyecto por su compromiso con Hatfields & McCoys, dirigida por Reynolds. Lejos de tomárselo como un desaire, Tarantino probablemente percibió ese gesto como un homenaje involuntario: su “héroe cinematográfico” optaba por una vez más colaborar con el hombre que lo había dirigido en su primer papel principal.
Una joya por redescubrir

Treinta años después de su fugaz paso por las salas, Fandango continúa siendo una película apenas conocida para el público general. Sin embargo, para Tarantino y otros amantes del cine con memoria larga, representa un ejemplo de cómo una ópera prima, aunque ignorada por las masas, puede contener la promesa de un talento singular.
La cinta se erige hoy como un testimonio del potencial de Kevin Reynolds, del nacimiento cinematográfico de Kevin Costner y del gusto inquebrantable de un Tarantino que, fiel a su estilo, prefiere reivindicar películas olvidadas que repetir los elogios de la mayoría.
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