
A sus 61 años, Isaacs construyó una carrera sólida en cine y televisión, interpretando a villanos memorables y personajes complejos. Desde el despiadado coronel Tavington en The Patriot hasta su reciente interpretación de Cary Grant en la miniserie Archie, el actor demostró su versatilidad a lo largo de las décadas.
Sin embargo, su rostro sigue siendo más reconocido por su papel en la saga Harry Potter, donde interpretó a Lucius Malfoy, uno de los antagonistas más icónicos de la franquicia. Hoy es una de las estrellas de la nueva temporada de The White Lotus, la exitosa serie de HBO.

Del teatro al cine
Desde sus inicios en el teatro hasta convertirse en uno de los actores más versátiles de su generación, Isaacs supo moverse entre papeles de villanos, héroes y figuras históricas con una facilidad envidiable.
Su pasión por la actuación comenzó en la universidad, aunque su plan inicial era estudiar derecho en la Universidad de Bristol. Sin embargo, el teatro lo atrapó y, finalmente, decidió abandonar la idea de una carrera legal para formarse como actor en la Central School of Speech and Drama de Londres. Fue allí donde conoció a su esposa, Emma Hewitt, con quien compartió su vida desde entonces.

Su gran oportunidad llegó en 1992, cuando interpretó a un amante de Daniel Craig en la obra Ángeles en América. Pero fue su papel como el coronel William Tavington en The Patriot (2000), junto a Mel Gibson, consolidándolo en Hollywood como un actor capaz de encarnar villanos con una intensidad inigualable. “Intento no tomármelo como algo personal, pero los directores de casting se preguntan: ‘¿A quién podemos contratar para que sea este cabrón?’ y piensan inmediatamente en mí”, comentó el actor entre risas a The Times.
A lo largo de su carrera, interpretó a más de 40 villanos, desde dictadores soviéticos como el mariscal Zhúkov en La muerte de Stalin hasta el mismísimo Cary Grant en la miniserie Archie. A pesar de esta racha de papeles oscuros, Isaacs nunca sintió que esto lo encasille. “¿No tengo suerte? Puedo disfrazarme, poner voces graciosas y fingir ser otras personas y me pagan por ello”, destacó Isaacs a The Times. Con The White Lotus, Isaacs regresó a la pantalla como Timothy Ratliff, un personaje diferente pero con la misma complejidad que lo caracteriza.
Adicción y redención: una batalla personal
A pesar de su exitosa carrera, Jason Isaacs tuvo que librar una de las batallas más difíciles fuera de los reflectores: su lucha contra la adicción. Desde los 12 años, el actor cayó en un espiral de alcohol y drogas que lo acompañó durante casi dos décadas. “Perseguí la alegría pura y euforia que sentí la primera vez que bebí una botella de Southern Comfort en una fiesta. Durante 20 años intenté recuperar esa sensación con consecuencias cada vez más nefastas”, confesó el británico.
Según palabras del actor, el origen de su adicción no se debió a un trauma específico, sino a un miedo profundo a la vida misma. Creció en Liverpool en una familia judía que vivió con la sombra del antisemitismo. “Mis padres crecieron cuando Oswald Mosley estaba activo y de ellos heredé el sentimiento de que todo el mundo estaba en nuestra contra, de que la historia se repetiría inevitablemente”, explicó Isaacs. Esa sensación de paranoia lo llevó a refugiarse en el alcohol y las drogas desde los 15 años .

Para cuando llegó a la edad de 30, Isaacs tocó fondo. Recordó un momento particular que lo hizo despertar: “Estaba sentado afuera de mi apartamento en Londres y pensé: ‘Si todos mis amigos murieran ahora mismo, realmente no me importaría’. La vida no tenía sentido para mí y cualquiera que no lo viera era un estúpido”. Fue entonces cuando decidió buscar ayuda. Se inscribió en un programa de 12 pasos y, desde 1998, se mantuvo sobrio.
Actualmente, continúa asistiendo a reuniones y reconoce que la recuperación es un proceso constante. “Llegó un momento en el que era morir o vivir, y elegí vivir”, reconoció Isaacs sin dramatismo, pero con una convicción inquebrantable. Su esposa, Emma Hewitt, estuvo a su lado en los momentos más oscuros, aunque Isaacs evita romantizar su historia.
El éxito en The White Lotus y su visión del lujo
Después de décadas de interpretar a villanos, Jason Isaacs dio un giro en su carrera con su papel en la tercera temporada de The White Lotus. En la exitosa serie de HBO, Isaacs interpreta a Timothy Ratliff, un magnate estadounidense cuyo mundo se tambalea tras un escándalo financiero. Ratliff representa a la élite adinerada cuya vida gira en torno al poder y el estatus.
Para Isaacs, el tema central de la serie es fascinante: “Es impresionante ver cómo la gente con dinero opera bajo sus propias reglas. Un amigo mío rico me dijo una vez: ‘Mi futura esposa solo está interesada en mi dinero y estoy bien con eso porque tengo dinero’. Me horroriza ese pragmatismo, esa lógica despiadada”.
El rodaje de la serie lo llevó a pasar siete meses en Tailandia, en lujosos resorts como el Four Seasons en Koh Samui. A pesar de la opulencia, Isaacs no tardó en sentirse incómodo. “Me dieron una suite enorme con mi propio mayordomo. Eso le costaría a un visitante decenas de miles de dólares por semana. Cuando llamé a mi familia para mostrarles, inmediatamente quise prepararle un sándwich a mi mayordomo. Me sentí incómodo con tanto lujo”.
Aprovechó cada oportunidad para salir de los complejos turísticos y ver la realidad del país. Lo que encontró lo dejó impactado. “La sequía hace que corten el agua cuatro o cinco días a la semana. Hay hambre, explotación y un mercado de esclavitud y comercio sexual que es aterrador. Mientras tanto, los turistas viven en una burbuja de privilegios sin darse cuenta de lo que los rodea”.
Actuar es como tener sexo: su método de interpretación
Para Jason Isaacs, la actuación es un arte que no debe ser demasiado planificado. Su filosofía es simple: la emoción debe surgir en el momento. Y para explicarlo, usa una comparación inesperada: “Actuar es un poco como practicar sexo. No puedes ensayar cada movimiento en tu cabeza de antemano. Quieres que la emoción ocurra en el momento”.
A diferencia de otros actores que analizan cada línea con profesores de actuación o desarrollan estrategias detalladas, Isaacs prefiere la espontaneidad. “Leo un guion y conozco a grandes rasgos la situación emocional del personaje. Pero tengo suerte: puedo aprenderme un monólogo completo en el último momento y luego recitarlo, con la esperanza de que suene espontáneo y fresco”, afirmó a The Times.
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