
Eric Schmidt, ex CEO de Google, ha lanzado una advertencia sobre los límites de la inteligencia artificial: “No es interesante sin humanos”. Desde su experiencia al frente de una de las compañías tecnológicas más influyentes, sostiene que, aunque la IA transformará numerosos aspectos de la vida cotidiana, su verdadero valor solo se manifiesta cuando potencia y acompaña a las personas, no cuando las reemplaza.
“Mi visión general es que no serás consciente de cuántos aspectos de tu mundo han sido sustituidos por estas tecnologías porque nos procurarán deleite y placer. Si lo piensas, muchas cosas de la vida son incómodas y tienes que estar constantemente enfrentándote a problemas, pero los sistemas de inteligencia artificial harán que todo fluya, que sea impecable”, afirma Schmidt.
Desde su punto de vista, la IA tiene el potencial de eliminar muchas de las incomodidades diarias, permitiendo que las personas disfruten de una vida más sencilla y placentera: “Deberías ser capaz de levantarte por la mañana, tomar café y no tener ninguna preocupación. La inteligencia artificial estará ahí para ayudarte a tener un día estupendo. Y esto es válido para todo el mundo”.
A pesar de este optimismo, Schmidt reconoce que la aceptación social de la IA dependerá de las decisiones que se tomen en su desarrollo y control. Frente a visiones más alarmistas que advierten sobre la pérdida de control y el caos, el ex CEO de Google insiste en que aún existe margen para orientar la tecnología hacia el bienestar humano.
En su análisis, Schmidt subraya que existen aspectos de la experiencia humana que la IA no puede replicar ni sustituir. “Da igual cómo de buenos sean los sistemas de inteligencia artificial, la gente va seguir preocupándose y estando interesada en otra gente. Pensemos en la Fórmula 1. Tenemos una competición de humanos y otra de robots. ¿Alguien va a querer ir a la competición de monoplazas conducidos por robots? Creo que no por el drama y la emoción que rodean los logros humanos”, sostiene.
Para él, el atractivo de los grandes eventos deportivos reside en la emoción y el drama que solo los logros humanos pueden generar: “¿Crees que cuando se corra un maratón va a haber robots corriendo con humanos? Por supuesto que no. Está claro que los robots pueden correr más rápido que los humanos. Pero no es interesante. Lo interesante es asistir a los logros de las personas”.
Sam Altman, CEO de OpenAI y creador de ChatGPT, coincide con esta perspectiva. “Un sistema de inteligencia artificial será capaz de escribir un poema a la altura de un buen poema de un poeta de verdad. Y eventualmente alcanzará el 10, pero a nadie le importará”, explica Altman. Aunque reconoce el mérito técnico de la IA, subraya que el valor emocional y artístico sigue perteneciendo a las personas.
“Te importará en términos de logro tecnológico, pero en términos de las grandes obras de arte, la emoción y cualquier otra cosa producida por la humanidad, te importa mucho más la persona o que una persona lo haya producido. Pero sin duda, es algo que una IA puede escribir con una nota de 10 en cuanto a sus méritos técnicos”, afirma.
Altman también recurre al ámbito deportivo para ilustrar su argumento, en este caso el ajedrez: “A los mejores jugadores de ajedrez no les importa realmente que la IA sea mucho mejor que ellos. No les desmotiva para jugar. Lo que realmente les importa es ganar al otro humano, y se obsesionan con el tipo que tienen sentado enfrente. Y ver jugar a dos sistemas de IA entre sí no es divertido, ¿no?”.

Schmidt, por su parte, refuerza esta idea al afirmar que, aunque la tecnología avance y los robots sorprendan en un primer momento, la esencia humana seguirá siendo insustituible: “Nos seguiremos preocupando mucho los unos por los otros como seres humanos. Las personas somos más interesantes. Cuando aparezcan los robots nos sorprenderán, pero cuando estemos acostumbrados a ellos acabaremos pensando que son muy aburridos”.
En última instancia, Schmidt sostiene que la IA carece de valores propios y que las cualidades humanas, como la moral, el pensamiento, las creencias o el carisma, permanecerán intactas. Para él, la conversación, la empatía y los principios seguirán siendo patrimonio exclusivo de las personas, más allá de cualquier avance tecnológico.
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