Es un clásico que en alguna medida sirve para pulsar el humor del campo y su feeling respecto del presente y futuro del negocio agropecuario.
La primera medición del año del Ag Barometer que elabora el Centro de Agronegocios y Alimentos de la Universidad Austral, registró una caída en la confianza del productor, y una baja en las expectativas de inversión. Si bien se sigue cuestionando la aplicación de retenciones a las exportaciones del campo, la responsabilidad por estas tribulaciones recae más que nada sobre el clima y los mercados.
Los números indican que el índice de confianza del campo ha comenzado el año con una caída del 21,5%. Es la más importante desde julio de 2019 cuando se desplomó 46% a raíz del triunfo de Alberto Fernández. De todos modos, el Ag Barometer se mantiene en el terreno positivo por encima del valor 100. Esto es un indicativo de que a pesar de todo, el optimismo todavía le gana al pesimismo entre los productores. Cabe destacar que el indicador había vuelto a superar este umbral en noviembre 2023 cuando Javier Milei fue electo presidente de la Argentina.
Yendo a los detalles, los técnicos de esta alta casa de estudios explican que el deterioro es más importante en el Índice de Condiciones Presentes (-33%) que en el Índice de Expectativas Futuras (-17%), pero se ha vuelto a ampliar la brecha entre las sensaciones que genera la coyuntura y lo que está por venir, revirtiendo la tendencia previa.

Como fuere, los especialistas consideran que la situación es muy distinta a la de 2019. Tiene que ver sobre todo con una mala combinación de clima y precios, más que con el sistema económico vigente. Por supuesto sigue siendo un dislate aplicar derechos de exportación sobre semejante combo, que dinamita la rentabilidad del sector y aumenta la desventaja del productor argentino frente a sus competidores de Estados Unidos y Brasil.
Hay paralelamente una caída en la estimación de las decisiones de inversión en activos fijos, ya que el 67% de los productores piensa que no es un buen momento para invertir, contra un 44 % de la medición de noviembre pasado. Esto afecta tanto la demanda agregada en el corto plazo como la productividad en el mediano y largo plazo, y se explica por la situación financiera de los productores, la presente y la esperada para los próximos 12 meses.

No puede negarse el deterioro en los márgenes, en medio de cotizaciones internacionales que han cedido sobremanera, sin el correlato correspondiente en los costos, lo que genera una desfavorable relación insumo/producto para los agroempresarios en la campaña 2024/25 versus la campaña 2023/24. A su vez las malas condiciones climáticas hicieron mella en la productividad.
A modo de ejemplo, en promedio los productores necesitarán un 63,5% del valor de su producción de maíz para cubrir los costos de siembra y cosecha, con lo cual el margen será mínimo o nulo si deben pagar arrendamientos o asignar el costo de oportunidad de las tierras propias.
Se deja en claro que los productores aún confían en las promesas del presidente Milei y su equipo. Estiman que cuando esté consolidado el equilibrio fiscal y la baja de la inflación se eliminarán los derechos de exportación. Aunque insuficiente, con el recorte recientemente anunciado el 45% de los productores considera acelerar las ventas/fijación de precios de soja. De ese porcentaje, el 68% lo hará con la soja que tiene en su poder de la campaña 2023/24, mientras que el otro 32% adelantará la venta/fijación de precios de la campaña 2024/25.

Respecto del impacto de una serie de dificultades financieras que han enfrentado algunas empresas del agro, el 79% de los productores manifiesta que no los afecta dado que consideran que es más un problema específico del management de esas empresas, que del sector en general. Eso sí, un 14% piensa que puede afectar la reputación del sector y generar un endurecimiento de las condiciones de financiamiento.
Se ofrecen asimismo otros datos que dan cuenta de cómo se ha manejado el hombre de campo. El 54% de los productores expresa que financió los costos operativos de la campaña 2024/25 con fondos propios, sin necesidad de financiamiento de terceros. Y de los que lo hicieron con terceros, un 53% requirió créditos de los proveedores de insumos con planes canje a pagar en cosecha. El porcentaje de productores que utilizaron financiamiento bancario ha sido bajo, solo un 19%, y ello se debe a las altas tasas de interés en términos reales que desalientan la toma de créditos en pesos.
En lo productivo, sobresale el dato que muestra que un 61% de los productores utilizan insumos de origen biológico. Dentro de ello, la categoría más demandada es la de inoculantes como tratamiento de semillas (89%) y, en menor medida, bioestimulantes (33%), biofertilizantes (28%), biofungicidas (13%) y biopesticidas (12%). La principal razón para el uso de insumos biológicos es aumentar rendimientos (56%) y, luego, mejorar la sustentabilidad ambiental (22%).

El sector tiene muy claro donde están sus principales problemas. Algunos no pueden modificarse, otros dependen del ordenamiento de la economía. Y todos esperan que llegue el día en que el campo deje de ser la caja destinada a subsanar los vicios de la macro.
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