
Las cuentas del campo se han complicado, como le ha ocurrido a una parte de la clase media argentina. Nada que no pueda superarse si se sigue por un camino de desregulación y baja de impuestos como el que parece está encarando el gobierno, pero en el mientras tanto se genera un importante deterioro del poder de compra de los productos del campo. De hecho el tema se ha abordado de todas las formas imaginables, y el resultado final siempre es negativo.
Y es cuando se comparan periodos más largos en que los resultados se ven preocupantes. Desde luego que el productor tiene consciencia de que sus ingresos le alcanzan cada vez menos, pero ciertas relaciones numéricas ayudan a entender que tan grave es la cosa.
Un trabajo realizado por la EEA INTA Bordenave pone de relieve la pérdida de poder adquisitivo que han registrado los granos que genera al campo, desde luego producto de precios internacionales sensiblemente más modestos que a comienzos de la década, en medio de una macro que recién está en vías de ordenarse después de años de desmanejo y una presión tributaria impropia de países que apuestan al crecimiento.

La Experimental referida explica que desde 2020 a la fecha, el valor de una camioneta 4x2 doble cabina, motor de 140 CV, trepó 15.9 veces, versus 9.3 veces del trigo, 9.5 veces de la cebada, 9.7 veces de la soja y 9.9 veces del maíz.
Visto desde otro ángulo la cantidad de grano necesaria para comprar un vehículo de este tipo se incrementó un 38% en el caso del trigo, a 208 toneladas del cereal; o un 36% si se trata de cebada, a 233 toneladas; o un 30% en el caso de la soja, a 136 toneladas; o un 26% para el maíz, a 219 toneladas. Los números bastan para evitar mayores aclaraciones.
Monica Ortolani, docente de AgroEducación, profundiza el tema. Según el Indec la inflación interanual hasta noviembre alcanzó un 166%, mientras que la variación de las cotizaciones disponibles en pesos en Matba-Rofex para el mismo periodo apenas progresaron 38% para el trigo, 46% para el maíz y 29% para la soja, a todas luces muy lejos de la suba general de precios.

La especialista advierte que si dichas cotizaciones hubieran seguido a la inflación del 166%, el trigo debería valer $390.000 (disponible hoy en $ 203.000-205.000), el maíz $332.000 (disponible hoy en $186.000-192.000) y la soja $612.000 (disponible hoy $ 280.000-290.000). Por lo tanto, han perdido poder adquisitivo en un 48%, 45% y 51% respectivamente. En buen romance, por estos días el productor agropecuario puede comprar con sus ingresos la mitad de los bienes y servicios que podía adquirir hace un año.
La cuenta con los insumos es también desfavorable. Solo el maíz en relación con la urea mantiene prácticamente el mismo poder de compra, mientras que se necesita un 6% más de trigo y un 14% más de soja. En cuanto al MAP, se requerirá un 61% más de trigo, un 52% más de maíz y un 73% más de soja en comparación con la campaña anterior. Por último, respecto del glifosato, se exigirá un 16% más de trigo, un 10% extra de maíz y un 25% más de soja. Aún financiando a tasa 0% en dólares implicará en soja, a la cotización actual mayo/25, entregar 1 quintal más para adquirir urea y glifosato, y casi 2 quintales más para abonar el MAP, según analiza Ortolani.
Y si el productor quiere comprar un tractor o una pick-up necesitará entre un 20 y 30% más de grano que en la peor crisis económica argentina. El lector comprenderá que se trata de inversiones básicas, que en un determinado momento se convierten en imprescindibles. Del mismo modo, este hombre de campo precisa actualmente alrededor del doble de granos para cancelar sus deudas en dólares oficiales, respecto de un año atrás.

En apariencia lo que viene no es mucho mejor en tanto los precios internacionales se mantengan relativamente deprimidos –muy probable- y los condicionantes locales no terminen siendo removidos –posiblemente suceda, aunque es complicado acertar los tiempos para este cambio-. Mientras tanto habrá que ajustar los planteos para adecuarse a esta nueva realidad, si es que esto es posible dado el deterioro de las cuentas.
Todos los números exhiben la caída alarmante que se ha registrado en el poder de compra de los granos. El sector debería encontrar la forma de transmitir esta realidad a toda la sociedad y desde luego al gobierno. Sigue siendo una asignatura pendiente para el campo, mal que les pese a sus dirigentes.
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