
Cómo no recordar el momento en que al General Lanusse desafió, con absoluta convicción, a Perón diciendo que “no le iba a dar el cuero” para volver a la Argentina. Ahora hay quienes pretenden armar un sistema electoral basado en la atracción del patético presidente actual, sin duda, más dañino que Menem y Alberto Fernández, lo cual ya configura un logro de decadencia ilimitado.
El Gobierno inventa números falsos, como si se pudiera persuadir al empobrecido de sus progresos económicos (los mejores salarios en dólares, una inflación que no cesa de bajar) ante sus evidentes miserias cotidianas (servicios que aumentan de manera descomunal y constante, la devaluación al inicio de la gestión mileísta, la falta de prestaciones de salud, las irrisorias jubilaciones, la represión a cualquier intento de manifestar rebeldía contra medidas injustas y arbitrarias, entre tantas desgracias que padece nuestro pueblo). No solo es patético, sino que desnuda la perversión de la clase alta, de esa clase alta antipopular que convenció a los militares de que asesinaran a los guerrilleros y a cualquiera que representara un pensamiento en favor de los más vulnerables, como sacerdotes y catequistas, obreros, sindicalistas, docentes, y luego al ver presos a los verdugos, ni siquiera se hizo cargo de gastar en abogados para contribuir a la destrucción de las Fuerzas Armadas de la cual eran responsables.
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Convencer a los gobernadores, en su mayoría mediocres y rastreros, de que eslabonen sus destinos a la figura y al nombre del actual presidente, desnuda el grado de disolución del pensamiento y de la realidad que transitamos alegremente en nuestro triste destino.
El General Perón, en sus gobiernos, siempre estructuró lo que llamó “Movimiento”, que era una convocatoria a todas las fuerzas patrióticas. De esa manera, podía tener a su lado a un socialista como Borlenghi o a un conservador como el “Tuco” Paz. Esa estructura era antagónica con las sectas, con la expulsión, a la cual fuimos sometidos, en mi caso, la del supuesto Peronismo de Capital, estructura parasitaria que disfruta de las prebendas que le corresponden a la minoría cuando se convierte en obsecuente.
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Aquel movimiento fue algo similar a lo que luego se definió, en el país hermano, como “Frente Amplio”, tiempo en el cual, fracturada la estructura de los partidos, se decidía gestar un proyecto alrededor del cual estuvieran todos aquellos que propendieran a la distribución, es decir, a la justicia social, o que se situaran alrededor de la concentración, la supuesta eterna derecha, que en algunos países, como Uruguay, es digna, talentosa y democrática. Así lo expresa la imagen de Julio María Sanguineti; en nuestro país, en cambio, es innoble, mezquina y tan abyecta como lo demuestran sus representantes. No hay necesidad de mencionarlos.
Es indispensable que huyamos del sello partidario cuyos pedazos, de ser unidos, transitarían la seguridad de la derrota, y demos un salto histórico a un Frente lo más amplio posible, a la convocatoria de radicales, socialistas y otras fuerzas que, sin duda, nos permitirían salir de la decadencia en la que nos hundió el kirchnerismo con Boudou, Scioli, Alberto y poder generar expectativas que jamás pueden ser la revitalización del pasado , sino su fractura.
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Si el kirchnerismo logra instalar la consigna de la libertad de Cristina para oponerla a la candidatura de Milei, asegura la derrota del Movimiento Nacional en una decadencia que ni siquiera es ideológica, sino que está probado que por donde pasa solo conlleva derrotas.
Por el contrario, un frente incluiría ideas y proyectos y superaría todas las expresiones sectarias y excluyentes que nos trajeron hasta aquí, responsables del patético y perverso gobierno que transitamos. Lo rescatable es que en su negación de la realidad, los actuales seguidores de la privatización y la estafa, consideren que el pueblo va a votar la imagen de Milei cuando ya se acerca a la pertenencia de un tercio que, en rigor, es el espacio económico de los beneficiados, de aquel porcentaje de ricos y poderosos dispuestos a expulsar de la sociedad y a degradar al setenta por ciento restante. Es responsabilidad nuestra, del sector patriótico, expresar a ese setenta por ciento de la sociedad, y eso implica la creación de un Movimiento o un Frente, poco importa el nombre, el desafío es el mismo. Se trata del diálogo entre todos los sectores patrióticos más allá de que sean progresistas o no; el progresismo no sustituye la dignidad de lo de fondo que es el patriotismo.
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Lo bueno sería lograr que la derecha terminase adherida a un candidato tan menor y poco digno de respeto como el actual, y el setenta por ciento de los damnificados fueran parte de un modelo amplio que recupere todos los sectores de la patria más allá de sus historias y pertenencias políticas e ideológicas. Todos aquellos que estén dispuestos a construir una sociedad para el conjunto de los argentinos y no para los enriquecidos que ayer asesinaron y hoy saquean, siguiendo una misma línea de conducta. En síntesis, no son los pedazos del peronismo, sello gastado y degradado por cada uno que asumió su propiedad, sino los del patriotismo, destino unido a nuestra historia, y al desafío de devolverle la esperanza a la gran mayoría de la sociedad.
Gorilas son los que creen que los humildes no tienen derechos, son quienes nos gobiernan hoy, inventando números donde generan miseria, y dicen que esa miseria es mejoría. Nunca imaginé que la degradación humana llegara a tal nivel de ruindad y cinismo en nuestro país. El RIGI, apoyado por gobernadores arrastrados, implica el regalo de los recursos naturales a cambio de la ganancia de los grandes grupos económicos sin que de ellos resulte nada para los humildes. Ya no dicen que la riqueza derrama con el RIGI, aclaran que el derrame ni siquiera existe como promesa, solo el enriquecimiento de ellos como realidad, porque los humildes no tienen derecho alguno a compartir las riquezas que la naturaleza nos legó.
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No importan las encuestas actuales, la degradación y la miseria creciente le van a ir devolviendo al movimiento nacional los votos que necesita para estructurar un proyecto digno. De nosotros depende ese proyecto, lo demás es responsabilidad de la historia, y los pueblos cuando son empobrecidos nunca van a terminar apoyando a su verdugo.
En suma, hay un hecho positivo: mientras siga creciendo la imagen de Milei, seguirá generando rechazo en los humildes, en los trabajadores, en todos los seres de bien y en ese sentido, la obsecuencia y la alcahuetería arrastrará a estos gobernadores que convirtieron la “agachada” en una concepción ideológica y a algunos operadores políticos que siempre están con el partido que gobierna. En realidad, su ideología es explotar el negocio del poder, después los principios que, como decía Groucho Marx “estos son los míos, si no les gustan tengo otros”. Por trillada que sea la anécdota, esa sería la consigna de algunos de los personajes del Gabinete y de los gobernadores del presente.
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