Adorni: del desgaste a la crisis

El impacto de la presentación de del jefe de Gabinete se extiende al Gobierno, donde la exposición pública y la admisión de errores comprometen la imagen del oficialismo y obstaculizan la gestión en el Congreso

Guardar
Caricatura de Manuel Adorni, preocupado y sudoroso, sostiene una moneda de Bitcoin. Detrás, un teléfono muestra una billetera y candados, con un signo de interrogación.
Manuel Adorni, jefe de Gabinete - (Imagen Ilustrativa Infobae)

A más de 100 días del escándalo desatado por la inclusión de su esposa en una delegación oficial con destino a Nueva York, y la cascada de revelaciones que se sucedieron y motivaron la sustanciación de una causa judicial por enriquecimiento ilícito, y exactamente 36 días después de la promesa del Presidente, el Jefe de Gabinete, Manuel Adorni, presentó su declaración jurada ante la Oficina de Anticorrupción y las autoridades fiscales.

La demorada formalización de la información que, como ya había trascendido, coincidiría con el inicio del Mundial de Fútbol, estuvo acompañada por una entrevista exclusiva en un ambiente relativamente amigable en el que Adorni ofreció una explicación tan inverosímil como intrincada e insólita.

PUBLICIDAD

Si la justificación de su patrimonio ya incluía algunas pinceladas un tanto curiosas como los préstamos de dos jubiladas y ex policías, las nuevas explicaciones sobre ahorros “en negro” apuntalados por inusitadas ganancias de US$ 500 mil en el mundo de las criptomonedas en el que habría incursionado desde el 2013, no solo no lograron calmar el tema sino que parece haberlo potenciado en diversos frentes.

En el mejor de los casos, según consignan algunos especialistas, podría aspirar a mejorar su situación judicial, pasando de ser investigado por enriquecimiento ilícito a una posible imputación de evasión fiscal, algo que por cierto el propio funcionario reconoció en su intervención mediática. Si esta maniobra lograra prosperar, algo que otros ponen en duda, su situación podría cambiar considerablemente, en tanto podría sacarlo de tribunales y resarcirse con multas y pagos de impuestos “atrasados”.

PUBLICIDAD

Lo cierto es que está más que claro que la estrategia de Adorni tiene más que ver con intentar, a como dé lugar, y aún reconociendo nuevos delitos y asumiendo las mentiras que dijo públicamente y durante su informe en el Congreso de la Nación, salvarse del reproche judicial. Y que para ello, no solo está dispuesto a resignarse a una situación política y reputacional de la cual ya no habrá retorno posible, sino a continuar horadando al gobierno del que forma parte, dejándolo además -de continuar en el cargo- sin jefe de gabinete ni vocero.

Lejos de la expectativa presidencial, la presentación no logrará dar vuelta la página, y la situación del jefe de gabinete seguirá no solo teniendo centralidad mediática aún ante la efervescencia mundialista, sino también opacando otras noticias favorables que el gobierno podría estar capitalizando para relanzar su gestión de cara a la búsqueda de la reelección, complicando la relación con los aliados, potenciando las recurrentes y cada vez más descarnadas internas, y empantanando la iniciativa legislativa en momentos donde el oficialismo busca avanzar con algunas leyes importantes en ambas cámaras del Congreso.

Sin embargo, a diferencia de lo ocurrido antes, ya no son muchas las voces del ecosistema libertario dispuestas a defender al funcionario. Las escenas del presidente y el gabinete en pleno vivando a un jefe de gabinete que mentía en el recinto de Diputados, contrastan con el atronador silencio de estos días, y pareciera que solo Milei y Karina lo sostienen.

Una vez más fue Patricia Bullrich quien aprovechó no solo para desmarcarse y mostrar volumen propio, sino también para “hablarle” a sus potenciales votantes. Ante el desconcierto y la incredulidad que reinaba en el oficialismo tras las declaraciones de Adorni, la senadora descartaba de plano las hipótesis que abonaban un supuesto “error”, y hablaba de “una omisión ética”. Una declaración que, sin dudas, entraña un tiro por elevación para un presidente que en la apertura de las sesiones ordinarias del Congreso había proclamado “la moral como política de Estado”.

Sin llegar al extremo de Bullrich, resulta evidente que a muchos funcionarios encumbrados en el gabinete les resulta difícil ocultar su incomodidad, como el caso de Toto Caputo, que vio con estupor como Adorni elegía para presentar su declaración jurada y salir a hablar la semana en que se anunciaba una nueva baja de la inflación a 2,1% (0,4 puntos menos que el mes anterior y con una inflación núcleo de 1,9%), una caída del riesgo país a niveles de 2018 que coloca al país en los umbrales del tan ansiado regreso a los mercados de deuda, y un importante repunte en las acciones y títulos argentinos en los mercados bursátiles.

Pero el impacto trasciende las terminales libertarias, en un contexto donde se multiplicaron los advertencias de los aliados y los desafíos opositores. El comunicado del PRO fue el más duro desde su integración en el gobierno libertario. A ello se sumaron durísimas críticas radicales, y cuestionamientos más o menos abiertos de varios aliados provinciales. Un malestar creciente que, por cierto, convive con una ofensiva opositora que incluirá la próxima semana el pedido de interpelación y la eventual moción de censura y que, aún no prosperando, pondría más presión sobre el andamiaje político que sostiene al funcionario.

Así las cosas, parece claro que el show mundialista no será suficiente para opacar el patético espectáculo que se desarrolla de hace más de 100 días, que multiplica cuestionamientos dentro y fuera del oficialismo, paraliza la gestión, y amplifica los interrogantes respecto al porqué del cada vez más gravoso respaldo presidencial.