
En marzo de 2024 fui víctima de motochorros. No tendría que estar escribiendo esta nota, porque tendría que haber muerto en una banquina de la autopista Panamericana.
Me dispararon a quemarropa un tiro certero al pecho con una frialdad y naturalidad propia de quien realiza una tarea repetitiva. Me emboscaron para robarme la moto. No me resistí; estaba lleno de gente, en hora pico a plena luz del día saliendo del trabajo. No les importó nada.
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Atravesé un infierno (5 cirugías), sobreviví de milagro, con secuelas que me quedarán de por vida.
No tuve justicia… lo único que obtuve de la justicia fue el dato de que los que me dispararon eran de un barrio de emergencia de San Martín, GBA... y la recomendación sobre qué moto comprar para que no me roben.
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Anteriormente me habían intentado robar múltiples veces cada vez con mayor violencia, en lugares y horarios que antes consideraba seguros. Me fui acomodando, resignando... acostumbrando.
Luego del ataque no quedé con estrés postraumático, ni ataques de pánico, miedo o resentimiento… quedé con bronca y un feroz sentido de propósito.
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Creo que resignarse y acostumbrarse implica aceptar que estemos cada vez peor; por eso elijo tener bronca...
Imposible procesar lo que viví como una “anécdota triste”… porque no fue un hecho aislado, ocurre constantemente. Está concentrado en el conurbano bonaerense pero se replica en muchas otras partes de nuestro país, que parecen zonas de guerra donde no se puede salir a la calle. Ahí el Estado brilla por su ausencia o administra la inseguridad y la batalla la damos nosotros solos, sin poder defendernos. “A la buena de Dios”.
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Invertimos en alarmas, rejas, cámaras, seguros carísimos, no podemos circular por ciertos lugares u horarios o hacemos verdaderas estrategias logísticas para entrar o salir de nuestras casas o para caminar a la parada del colectivo, etc., etc. cuando ya estamos pagando impuestos nacionales, provinciales y tasas municipales ridículas para que nos garanticen seguridad. Una verdadera estafa que cuesta vidas, detrás de cada hecho de inseguridad quedan familias destrozadas.
El sentido común y la lógica no importan, las propuestas más elementales chocan con la política, estando todo a la vista... las redes sociales como herramienta del delito, subcultura marginal aspiracional, el delito como un trabajo, los celulares en las cárceles (PyMES del delito), los casos impunes, los delincuentes haciendo lo que quieren, la ausencia de consecuencias. Teniendo fuerzas de seguridad que conducen autos de aplicaciones para no estar por debajo de la línea de pobreza... mantener un preso cuesta casi tres sueldos de un policía. Hay drones para fotomultas pero no combustible para los patrulleros, etc.
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Cada vez peor y nadie hace nada
Se puede revertir. Otros países con menos recursos lo lograron y con problemas de inseguridad aún más graves. Hay muchas cosas que se pueden hacer sin necesidad de grandes recursos, con impacto inmediato en la realidad de la gente.
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Necesitamos medidas drásticas urgentes. Con leyes (reforma del código penal) únicamente no alcanza. Lo que se está haciendo no sirve, el sistema está mal; no hay una única solución. Tiene que existir voluntad política de combatir la inseguridad seriamente, con sentido común. Se pueden adaptar soluciones que funcionan en otros países, no hay que inventar nada.
El costo de delinquir tiene que aumentar (resumido: la probabilidad de que los agarren y la pena impuesta tiene que ser mayor que el beneficio que puedan ganar).
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Tan simple como que los busquen, los agarren, no los suelten y que cuando salgan no se hayan perfeccionado en el delito. Tan obvio, tan lógico y tan tremendamente difícil de que ocurra...
Las fuerzas de seguridad necesitan menos marketing y mejores sueldos, que no se castigue la iniciativa, que estén capacitadas y equipadas a la altura de la situación que vivimos; empoderadas pero responsables, auditadas y profesionales.
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Lo que pasé me convirtió involuntariamente en referente. Bien o mal, hablo desde mi lugar de víctima con bronca. Espero mucho de la nueva política porque prometió soluciones; de la vieja política que nos trajo a esta realidad no espero nada.
No es una sensación, no es una batalla perdida, no es más divertido que Suiza. La inseguridad no es un derecho adquirido; no es joda.
Personalmente apoyo todo lo que sume en seguridad. Inicié una petición online para exigir medidas urgentes (casi tengo más amenazas que firmantes), convoqué a marchas; impulsé y presenté propuestas y proyectos como el agravamiento de penas y encubrimiento (Art. 277 166 del código penal) que quedará dentro del proyecto de reforma del código penal. Esperemos que lo traten y aprueben en el Congreso lo antes posible.
Hice, hago, y haré todo lo posible con esa bronca hasta que las cosas cambien. Antes que resignación, elijo tener bronca y creo que sería lógico que todos la tengamos.
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