Política docente para una mejora educativa

Más de 11 millones de estudiantes regresan a clases en Argentina bajo la guía clave de los docentes en el inicio escolar

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Inicia el ciclo lectivo 2026.
Inicia el ciclo lectivo 2026. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El inicio de clases es una escena masiva y movilizadora. Los hogares argentinos se activan, las familias se vuelcan a las calles y más de 11 millones de estudiantes vuelven a las aulas. Algunos empiezan un nuevo nivel, enfrentándose a lo desconocido, movilizados por crecer y abrir etapas; otros transitan el último año de la secundaria, atravesados por una mezcla de euforia, incertidumbre y proyección hacia un mundo adulto convulsionado. Es un momento de reencuentro y expectativa. Y en cada una de las escuelas, hay una figura clave que recibe a familia y estudiantes: los docentes. Ellos son quienes sostienen cotidianamente ese entramado de expectativas familiares y promesas de futuro y están listos para hacer latir el aula.

A lo largo de su carrera, cada docente puede dejar una huella en la vida de cientos de personas. Además, la evidencia sobre el impacto de la enseñanza en la calidad del aprendizaje es abrumadora, por lo que la docencia es una profesión estratégica para el desarrollo del país. Esta relevancia contrasta, sin embargo, con un contexto desafiante para ser docente, tanto en Argentina, como a nivel mundial. Este es un escenario dominado por una creciente desigualdad social, el avance de la pobreza infantil, el aumento de la violencia y de los trastornos psíquicos, la seducción de las pantallas, que combinados con condiciones laborales insuficientes, ponen en jaque la profesión docente. En Argentina, esto convive con una crisis educativa con resultados de aprendizaje estancados en niveles bajos.

El trabajo de los casi 1.200.000 docentes argentinos tiene desafíos particulares. El salario tiene hoy un valor real inferior al de 2005 y el trabajo se realiza en contextos adversos, donde los docentes deben lidiar con problemáticas sociales que exceden su rol pedagógico, dado que casi la mitad de los niños, niñas y jóvenes se encuentran hoy por debajo de la línea de la pobreza. La formación inicial se da en un sistema sobredimensionado y fragmentado, con problemas de planeamiento, de eficiencia y eficacia. Por ejemplo, los profesorados de nivel inicial y primario suelen ser muy numerosos, y en algunas provincias egresan muchos más docentes que los necesarios, mientras otras carreras con vacancia —como inglés, física, química o matemática— tienen ofertas insuficientes y bajas tasas de egreso. La formación continua se caracteriza por la dispersión y heterogeneidad, con problemas de pertinencia y calidad, mientras que la carrera docente ofrece muy pocas oportunidades de desarrollo profesional y cada docente suele enfrentar los múltiples desafíos de la profesión en soledad, ya que no existen instancias de trabajo en equipo.

La situación de los docentes argentinos está lejos de poder movilizar las mejoras educativas que el país requiere y estas no pueden sostenerse únicamente en buenas intenciones y esfuerzos individuales. Países que han logrado mejorar en todas las escuelas a través del tiempo han apostado por la docencia como motor de ese proceso. Argentina necesita una política docente que defina un esquema de formación, ejercicio y desarrollo profesional que honre la relevancia de la profesión y establezca reglas claras que reconozcan e incentiven el buen desempeño.

Las políticas docentes están enfrascadas en el empate conservador que caracteriza a la agenda educativa argentina. Es preciso activar un diálogo social robusto en torno a la docencia, como plataforma necesaria para comprometer rumbos claros para fortalecer la profesión docente. Una hoja de ruta que tome impulso con acuerdos, trabaje sobre sus disensos y que exija planificación, eficiencia presupuestaria y capacidades técnicas. La baja de la natalidad abre una oportunidad que es necesario aprovechar con valentía y creatividad. Esta no es tarea de un gobierno ni de un sector, sino de un esfuerzo colectivo que involucre a toda la sociedad. Desde CIPPEC queremos colaborar en encauzar esa discusión, que hoy brilla por su ausencia en el debate público.