
El derecho a una vivienda digna es un derecho sagrado (Papa Francisco) y constitucional en la Argentina (art. 14 CN).
Pedimos la intercesión del Papa Francisco ante el Señor para que ilumine a los responsables y haga posible que se cumplan nuestras necesidades de acceso a las escrituras de nuestras viviendas y el asfalto de nuestras calles.
“Respecto de las famosas ‘tres T’: tierra, techo y trabajo, para todos nuestros hermanos y hermanas. Lo dije y lo repito: son derechos sagrados. Que el clamor de los excluidos se escuche en América Latina y en toda la Tierra” (del discurso del Papa Francisco en el II Encuentro Mundial de los Movimientos Populares, Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, jueves 9 de julio de 2015).
El Concilio Vaticano II —dice el jesuita— menciona tres criterios básicos en esta materia:
Dar a cada uno lo suyo, eliminar la raíz de los males y ayudar a “salir” de la pobreza
“Que se satisfagan ante todo las exigencias de la justicia, no vaya a ser que se ofrezca como don de caridad lo que es debido por justicia”.
Que “se eliminen no solo los efectos, sino también las causas (estructurales) de los males” (desocupación, falta de créditos, tierras accesibles y dignas, etc.), y
Que “se regule la ayuda, de tal modo que quienes la reciban vayan liberándose, poco a poco, de la dependencia de los demás y lleguen a bastarse por sí mismos” (cit. Apostolicam actuositatem, n. 8).
Unos discípulos de Jesús, a partir de la segunda mitad del siglo XX, como el padre Carlos Mugica, Francisco “Pancho” Soares, Jerónimo Podestá, Rodolfo Ricciardelli —cuyo mural puede verse en una de las paredes de la canchita de fútbol de la 1-11-14, villa en la que precedió a Gustavo Carrara, hoy arzobispo de La Plata—, Pepe Di Paola en la 21, Toto de Vedia y muchos más, y algunos que nombramos en esta nota como los padres Daniel Echeverría del barrio 22 de Enero y el Tano Angelotti, llegaron a los pueblos más pobres del AMBA a predicar el Evangelio cumpliendo la Gran Comisión de Jesús resucitado en un monte de Galilea. “En aquel tiempo se apareció Jesús a los Once y les dijo: ‘Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio a toda criatura. El que crea y se bautice, se salvará; el que se resista a creer, será condenado’” (Marcos 16:15-18). Vivir el compromiso evangélico en esta tierra del Sur, donde el Señor creó enormes riquezas, es estar y compartir la existencia con nuestro prójimo, especialmente con el más necesitado y más pobre. Los curas de las barriadas humildes luchan con esfuerzo para ayudar a crear comunidad y superar la pobreza.
El eurocentrismo de una minoría enferma de codicia se adueñó del poder y condenó a buena parte de nuestra sociedad a la pobreza y la exclusión, como sucedió en muchos otros pueblos latinoamericanos. A pesar de algunos pocos gobiernos justos, no fue posible superar las estructuras creadas por gobiernos injustos —cívicos y militares— y las políticas que ocupan la mayor parte de la historia económica argentina y del resto del continente. La ciudad de Buenos Aires y el conurbano bonaerense no fueron ajenos a esa realidad.

Villa Palito: cuando lo imposible se hizo posible
Un niño llegó en brazos de su madre desde Paraguay, se crió en la Villa del Golf del lago (Belgrano), denominada barrio “Las Latas”, hasta que la familia fue cargada en un camión y dejada a la intemperie en un terreno del Camino de Cintura (Onganiato). Pudo ir al colegio y conoció al gran obispo que había llegado unos años antes: monseñor Rodolfo Bufano. De su mano ingresó al seminario y fue pastor. Traía “olor a oveja” desde la cuna. Se llamaba padre Bachi Britez. Con la ayuda del hoy fallecido Alberto Balestrini, intendente municipal, el gobierno nacional, empresarios y otras ONG, de villa Palito pasó a ser barrio Almafuerte. Una comunidad de pie acompañó esa transformación extraordinaria y, un poco más allá, levantó la Parroquia San José en la calle Colonia, a cuatro cuadras de avenida Crovara, barrio 17 de Marzo. Y como San José nunca defrauda —como decía el Papa Francisco— esos fueron los primeros pasos de una milagrosa transformación que hoy continúa bajo la guía de dos obispos: Eduardo Horacio García, designado por Francisco en 2014 para la Diócesis de San Justo, y Jorge Carbonell, obispo de la Diócesis de Laferrere. En poco más de diez años de ejercicio de su magisterio, junto a un grupo de sacerdotes jóvenes, van construyendo una historia de salvación y haciendo realidad el sueño de construir pueblo. El pueblo fiel de Dios se integra en comunidades. “Las comunidades no se construyen —dice García— solo en las capillas, se construyen a través del amor a los otros y a Dios”. Por eso abriga el sueño de las tres T del Papa Francisco y agrega las tres C: capilla, colegio y club.
Este es el secreto del ascenso de los pobres, para lo cual —como proponía Leopoldo Marechal— primero hay que descender y perderse en la belleza de las criaturas, para luego hacer el ascenso del alma por la belleza (Descenso y ascenso del alma por la belleza, Ed. Vórtice, 2023, Leopoldo Marechal).
Antecedentes exitosos de los barrios Puerta de Hierro, San Petersburgo y 17 de Marzo
El obispo García promovió el camino del diálogo y la Ciudad de Buenos Aires, durante la gestión de Rodríguez Larreta, en un acto de humanismo, solidaridad y reconocimiento de los derechos sagrados del hombre y la verdad histórica, cedió a la Provincia de Buenos Aires las tierras de cuatro de los barrios más pobres de La Matanza, haciendo posible el sueño de la urbanización. Eso está en ejecución en los barrios San Petersburgo, 17 de Marzo, 17 de Marzo Bis y Puerta de Hierro, después de haber sido reclamados sus dominios durante entre 40 y 70 años.
Mensaje del Papa Francisco
En una de sus últimas exhortaciones, el Papa Francisco les dijo a los vecinos y vecinas de estas barriadas:
“No se cansen de trabajar. No pierdan la esperanza, que es la que les impulsa a seguir adelante. Y que cada familia pueda tener una vivienda digna”… agregando: “Ladrillo por ladrillo, compañeras con compañeros, familia con familia, ayudándose para que las 3 T (tierra, techo y trabajo) tengan vigencia entre ustedes”.
“Sigan trabajando, que Dios los bendiga y la Virgen los cuide. Y no se olviden de rezar por mí”.

Cuando prevalecen el diálogo y el bien común
La Ciudad cedió y la Provincia llevó a cabo la subdivisión y entrega de títulos. También se pusieron en marcha planes de urbanización y la construcción parcial de nuevas viviendas, que están en ejecución.
Hoy el barrio 22 de Enero, después de una noche de 40 años, lucha para ver el amanecer
Cuarenta años después de la fundación del barrio 22 de Enero esperan ver la luz. A esta celebración y a los reclamos se suman los vecinos de los barrios Gauchito Gil, Tierra y Libertad y 28 de Octubre. Acompañan los barrios Puerta de Hierro, San Petersburgo, 17 de Marzo y 17 de Marzo Bis. Miles de familias cantaron y caminaron este 22 de enero de 2026. Celebran en peregrinación al Señor y piden escrituras y asfalto para todos. “Si se pudo, se puede”, “por tierra, techo y trabajo”, “escritura y asfalto”, “luminaria en las calles”, “caminamos, caminamos junto al barrio 22 y 24 de enero… 28 de octubre y techo y trabajo para todos”, dice la voz nítida, clara, contundente e inconfundible de Gustavo, director de la radio La Voz de San José de la Obra. En menos de diez años se produjo el milagro: donde no había nada, hoy hay capillas, colegios y clubes que dirige el padre Tano Angelotti, el obispo García y otro cura bergogliano, el párroco de la Parroquia Santa Rita, Daniel Echeverría, quien junto a las familias del 22 de Enero combate con la fe y acciones concretas por el ascenso de la comunidad. Acompañan la procesión de miles de fieles tambores, canciones e imágenes, espera activa y sólida esperanza. “Ahí llega el Toto de Vedia”, grita el locutor. Con él, las columnas que desde Barracas, el sur de la Ciudad de Buenos Aires, se suman a la fiesta, a las oraciones y a los pedidos. Son una corriente arrolladora que encabeza Nuestra Señora la Virgen de Caacupé y a la que siguen una multitud de santos y santas.
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