
Considerado el padre de la historia, Heródoto comparte el mérito con otro grande como fue Tucídides. Desde aquellos años y hasta nuestro días, en el infinito espacio estelar de historiadores, hubo de todo, extraordinarios pensadores y otros no tanto, sin embargo y a pesar de la mengua no pueden ser incorporados a la vasta lista, por más esfuerzo que hagan, nuestro Presidente Milei y su ministro estrella Sturzenegger. Insisten, pero no va, no va, no va. No tienen idea de qué se trata esta ciencia. Apegados al dogma, para ellos todos los tiempos son iguales.
En un artículo publicado en Infobae hacen gala de conocimientos económicos que ni un actuario comprendería. Dibujos en la atmósfera, gráficos, porcentajes, álgebra económica. Afirmaciones en el aire: ¡Si hubiera ocurrido esto, ahora, seríamos esto otro! Ecuaciones, proyecciones, pura teoría en abstracto. Hipótesis contrafácticas, en fin, misterios insondables de una economía para atletas del intelecto.
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En el mamotreto la historia no entra. El artículo huele a Sturzenegger y Milei le echó la firma. No me lo dijeron, no los conozco, pero hay demasiado bolaceo, Milei tiene los pies sobre la tierra y Sturzenegger no se sabe dónde.
Pero no es de esto que vengo a hablar, sino de las aberraciones históricas explícitas e implícitas en dicha nota. Resulta que ahora la decadencia argentina, según el artículo de marras, comenzó en la segunda presidencia de Yrigoyen y la Década Infame. Leyó bien. Década Infame. Así denominan, el presidente y su ministro, al período que va de 1930 a 1943. Estos liberales rantifusos usan las mismas categorías políticas que los nacionalistas y los radicales forjistas. Mientras los nacionalistas y radicales castigaban a esa década por antinacional y liberal pro británica, por lo tanto infame, ubicando en el centro de la traición a la Patria al General Justo y a sus ministros como Federico Pinedo, De Tomaso o Luis Duhau, ahora la novedad es que los ultra liberales la castigan por intervencionista. ¡Es una cosa de locos!
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El mundo también juega
Al Presidente y al Ministro se les chispotearon dos cosas centrales: la Revolución Rusa y la Crisis del 30. Su análisis económico está hecho en el vació si no contemplan estos acontecimientos. Es una rareza estos liberales que mentan a Alberdi siendo que los análisis históricos del tucumano abarcaban siempre los acontecimientos mundiales.
La crisis del ‘30
Infinitos análisis hay sobre ella, tomaré uno que sintetiza la mayoría de las opiniones. “Existieron cuatro consecuencias principales de dicha crisis que alteraron sustancialmente los parámetros externos en que se desenvolvía la Argentina, provocando modificaciones duraderas en la estructura económica del país: el derrumbe del comercio internacional, los cambios en los montos y origen de los movimientos de capitales, la crisis de las políticas económicas liberales y su sustitución por políticas autarquizantes e intervencionistas en los países centrales, y el traspaso definitivo de la hegemonía económica mundial de Gran Bretaña Estados Unidos.” (Jorge, Eduardo. Industria y concentración económica)
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Y como si esto no alcanzara está la conocida frase del Ministro de Agricultura de Justo, Luis Duhau, un hombre con los pies en la tierra: “Ha concluido la etapa histórica de nuestro prodigioso desenvolvimiento bajo el estímulo directo de la economía europea. Somos demasiado pequeños en el conjunto del mundo para torcer las corrientes de la política económica mundial, mientras las grandes potencias se empeñan en poner nuevas trabas al intercambio. La Argentina podía obtener en el pasado buena parte de las manufacturas que requería, ya sea produciéndolas u obteniéndolas en los países extranjeros mediante el canje con sus productos agrarios. A la industria nacional le tocará pues resarcir a la economía argentina de las pérdidas incalculables que provienen de la brusca contracción de su comercio exterior”.
En el artículo del Presidente y su Ministro nada de esto se tiene en cuenta. Se condena a una década aislándola del mundo. Justo, Pinedo, Prebisch, Keynes, entre otros eran liberales pero no tontos, les tocó actuar cuando el liberalismo no iba más y realizaron lo que el aluvión de la historia ordenaba.
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La nota es de un Sturzenegger químicamente puro, a quien le interesa un pepino los climas de época. Embiste a la realidad como el toro a la capa roja. A su manera es leninista, del Lenín que decía que si entre la realidad y su pensamiento hay diferencias el problema es de la realidad.
Por otro lado, hay una rarísima coincidencia entre nacionalistas y ultraliberales en condenar al general Justo, como luego harían con Perón.
La revolución rusa
Solo diré de ella que cambió la atmósfera y el clima mundial, junto a la Primera Guerra y la crisis del 30. La llegada del comunismo al poder en un país gigante puso en alerta al sistema capitalista, que Sturzenegger dice defender, sin entender cuestiones centrales. Por ejemplo, ante la crisis de 1930 los países centrales debieron, está dicho, intervenir la economía para salvar al capitalismo, y que occidente no saltara al comunismo. El Estado de Bienestar fue la respuesta inventada para evitar el atractivo comunista. No hablaremos de él solo diremos que hubo que hacer concesiones sociales para evitar la caída como también concesiones al movimiento obrero que se sentía portador de las llaves del futuro. Esas concesiones alguien debería pagarlas, lo que torpemente Milei descalifica como Justicia Social. Gobernar hoy en occidente sin la espada de Damocles del comunismo resulta fácil. Caído el comunismo duro en 1989 quedó la monigotada del socialismo del siglo XXI, un disparate y un fraude colosal. Lo de Perón y el fascismo de cabotaje lo dejaré para más adelante.
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