
Recientemente, se publicó el dato de inflación de enero, 2,2%, la menor tasa desde julio de 2020. ¿Qué puntos considerar?:
- El REM (Relevamiento de Expectativas de Mercado que confecciona mensualmente el Banco Central), anticipaba 2,3 por ciento.
- La inflación núcleo (la que no considera precios regulados, como los bienes y servicios que están atados a autorizaciones de aumentos por el Gobierno ni productos estacionales), cayó a 2,4% desde el 3% promedio del último trimestre del 2024.
Este dato, más allá de ser muy positivo, también es alentador mirando hacia adelante, ya que si el esquema cambiario sigue en pie (como todo parece indicar), el 2,3% podría ser un techo importante de la inflación. Sobre todo, considerando la baja del crawling peg del 2% al 1% mensual, que impactará directamente en la velocidad de ajuste de los precios de los bienes.
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Así el Gobierno podría llegar a las elecciones de medio término con una de las inflaciones más bajas en los últimos siete u ocho años.
La contracara de esta situación podría ser una mayor apreciación del tipo de cambio real multilateral, lo que llevaría a un aumento del déficit de cuenta corriente que el gobierno debería cubrir con los dólares que ingresen en la cuenta financiera para evitar que el BCRA pierda reservas. Algo que podría disminuir considerablemente este riesgo, es el ingreso de capitales externos, ya sea por un acuerdo con el FMI o nuevas inversiones.
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Ahora bien, en este contexto, ¿cómo armar el portafolio con activos líquidos?
Perfiles de riesgo
Lo primero a definir es el perfil de inversor, siendo muy diferente la cartera para un inversor conservador que para uno agresivo.
En el primero de los casos, una cartera atractiva estaría posicionada casi en su totalidad en instrumentos de renta fija con la siguiente distribución: 50% en bonos corporativos, 30% en bonos provinciales, 15% en bonos soberanos en dólares y 5% restante en bonos soberanos en pesos.
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Mientras que para una cartera más agresiva, esta distribución cambia considerablemente, incluyendo 30% en bonos provinciales, 30% en renta variable, 20% en bonos soberanos en dólares y 20% en bonos soberanos en pesos.
Dentro de cada una de esas clasificaciones, los instrumentos con mayor proyección y mejor relación riesgo-retorno son:
- Bonos corporativos (ON): Dentro de lo que son las obligaciones negociables, hay empresas con sólido perfil crediticio y rendimientos atractivos. Ejemplos son Petrolera Aconcagua Energía ($Pecio) que está rinde 9% anual en dólares y vence en 2028, Central Puerto ($Npcbo) que rinde 10,6% anual en dólares y vence en octubre del 2025 o MSU Energy ($Rucdo), que ofrece 9,8% y vence en 2030.
- Bonos soberanos en dólares: A pesar de la volatilidad de los últimos meses, todavía hay oportunidades dentro de los bonos soberanos, particularmente en los tramos más cortos/medios de la curva, como el $GD29 (rindiendo 12,17%) o $GD35 (rindiendo 10,89%). También pueden considerarse los Bopreales, principalmente el $Bpoc7 que tiene un rendimiento anual del 10,38% en dólares.
- Bonos provinciales: En cuanto a la deuda provincial, también existen rendimientos atractivos con una relación riesgo-retorno moderada, especialmente en los bonos de Mendoza o Neuquén, ambos por encima del 9% anual. Para quienes buscan asumir mayor riesgo, el bono de la provincia de Buenos Aires con vencimiento en 2037 se destaca, con un rendimiento superior al 14% anual en dólares.
- Bonos soberanos en pesos: En un contexto de estabilidad cambiaria y baja inflación, estos activos pueden resultar atractivos, especialmente los ajustables por CER de la parte media de la curva, como es el caso del $Tzxm6 o las Bontam, que además brindan cobertura en caso de que las tasas bajen a un ritmo mayor que el previsto por el mercado, como los $TTM26 y $TTJ26.
- Renta variable: En el mercado local, el sector con mayor atractivo para el mediano plazo es el energético, con fuerte apuesta a Vaca Muerta. En ese contexto, papeles como YPF, Pampa o Vista toman una mayor relevancia. En el sector financiero, Galicia también representa una buena oportunidad.
Más allá de estas consideraciones, siempre es recomendable consultar con un asesor financiero para analizar cada caso puntual y armar una cartera acorde al perfil, objetivos y necesidades del inversor.
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El autor es Gerente de Desarrollo Comercial de PPI (Portfolio Personal Inversiones)
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