
Javier Milei además de llevar adelante una serie de reformas que en las democracias occidentales son habituales y cotidianas y en la Argentina, revolucionarias, va a tener que comenzar a aprender historia si quiere resolver el presente.
Empecemos por sus últimas aseveraciones dichas a boca de jarro: vamos a cambiar la historia pues la Argentina lleva cien años de decadencia.
Los últimos Presidentes se tiran con los años como si fueran agua de carnaval. Cristina Kirchner decía de su gobierno, el mejor de los últimos doscientos años y Macri le contestaba, el peor y vamos a cambiar la historia para siempre. Ella jugaba con la historia acomodando los hechos a una línea de pensamiento asimilable al revisionismo clásico mechado con láminas de izquierda; él, Macri, no tengo la menor idea. En este sentido el kirchnerismo era el punto de llegada de un devenir histórico. Al menos trabajaron para revelarse como tales. El de Macri no se sabía de dónde venía y menos a dónde iba. Sin raíces la primera ventolina lo dio vuelta.
La visión histórica de Milei
El Presidente es muy meticuloso en cuestiones de doctrina económica y del pensamiento de los grandes popes liberales. Vulgarmente, diríamos, ahí la tiene clara. Sin embargo en historia argentina no se destaca precisamente por la puntillosidad. Hace agua. Veamos algunos ejemplos. Tiempo atrás aseguró que la decadencia argentina había comenzado en 1916. La izquierda kirchnerista creyó ver en esta afirmación una crítica a la Ley Sáenz Peña. ¡Craso error! El poder de Milei descansa en esa ley, mal puede criticarla. No se escupe al cielo ¿Entonces que quiso decir? ¿Podríamos inferir que a Milei le hubiera gustado que ganara el contrincante de Yrigoyen? Veremos. Luego afirmó que la decadencia argentina comenzó hace cien años, lo dijo en diciembre del 2022, de modo que la decadencia se inició cuando el doctor Marcelo T. de Alvear asumió la Presidencia. ¡Qué raro! Justo Marcelo, la versión edulcorada y elegante del radicalismo plebeyo. Finalmente aseguró que la mejor presidencia de la historia argentina fue la de Julio Argentino Roca y que desde el General tucumano hasta ahora no hubo nada relevante a destacar. Estas líneas historiográficas se pierden en un laberinto de contradicciones
1916, la Democracia Progresista
El contrincante de Yrigoyen en las elecciones de 1916 fue Lisandro de la Torre. Su alianza se denominó Democracia Progresista, un rejunte de conservadores provinciales perdidos en el desierto de las ideas pues aceptaron sin más las izquierdizantes de Lisandro, que ya asomaban por aquellos años. Al decir de Milei, un zurdo.
El único conservador que no se dejó engatusar por el fetiche progre fue el gobernador de la Provincia de Buenos Aires, Marcelino Ugarte. Tan así fue que viejos roquistas y mitristas ingresaron en masa al radicalismo espantados por el disparate de don Lisandro que años antes había afirmado: “La palabra conservador atenta contra el buen sentido. Nosotros somos demócratas progresistas, de un colorido casi radical-socialista, mis ideas democráticas tienden evidentemente hacia la izquierda.” Marcelino Ugarte horrorizado no jugó por De la Torre e Yrigoyen ganó.
No es el lugar para analizarla pero la presidencia del caudillo de Balvanera no se movió del liberalismo clásico. ¿Qué lo diferenció de los conservadores? ¡El voto popular! Nada más y nada menos. Incluso fue más duro con el movimiento obrero que los conservadores clásicos. Recordar la Semana Trágica, la Patagonia y los conflictos sociales de la Forestal. Milei debiera estudiar esta presidencia. Sin Diputados, hasta 1918, sin gobernadores y sin Senadores aguantó la crisis económica más atroz de nuestra historia, con un aprieto social sin precedentes. Cumplió los seis años y se dio el lujo de señalar un heredero. Marcelo T. de Alvear. Un radical cajetilla, elegante y dispendioso. ¿Con este hombre empezó la decadencia argentina? ¿Tiene idea Milei de lo que habla? ¿Desde dónde lo dice? ¿Desde el forjismo? ¿Desde el conservadurismo liberal? ¡Imposible, estaban con Alvear! ¿Desde la izquierda? Tampoco. Entonces lo habla desde el desconocimiento.
Finalmente desde Roca hasta nuestros días nada bueno ocurrió. Ya no serían cien años de decadencia sino ciento veinte. ¡Así es muy difícil entender!
La confusión de Milei
Escribía Alberdi, el ideólogo máximo del Presidente: “El historiador no es libre de leer los documentos con sus propios ojos. Tiene que leerlos con los ojos del país. No es libre de entenderlos con su entendimiento propio, tiene que entenderlos con la inteligencia del común.” En definitiva la comprensión de la historia se contextualiza o no hay historia, hay política y de la peor. Entender la década del 30, la creación del Banco Central, el peronismo y tantas cosas más, solo se logrará contextualizando y comprendiendo la situación mundial.
Por lo tanto afirmar que nada bueno ocurrió después de Roca o ponerle fecha a la decadencia es antagonizar con la versión historiográfica del kirchnerismo sin la densidad y la coherencia que semejante obra amerita.
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