
René Arzate García, alias “La Rana”, y su hermano Alfonso, “El Aquiles”, no siempre estuvieron en la primera línea del Cártel de Sinaloa. Su ascenso fue progresivo y se consolidó en la frontera de Baja California, donde terminaron por convertirse en operadores clave bajo la protección de Ismael “El Mayo” Zambada.
Hoy, con acusaciones en Estados Unidos por narcotráfico y presuntos actos de narcoterrorismo, ambos son señalados como responsables del control del trasiego entre Tijuana y California, una posición que alcanzaron tras más de una década dentro de la estructura criminal y que les ha valido una recompensa de hasta cinco millones de dólares ofrecida por autoridades estadounidenses por información que conduzca a su captura.
De la vida común al mando criminal

Alfonso Arzate-García, conocido como “El Aquiles”, nació el 2 de diciembre de 1973 en Baja California. Durante más de una década trabajó en una empresa de transporte, hasta que la falta de recursos económicos lo llevó a buscar alternativas fuera de la legalidad.
A los 30 años inició su carrera en el narcotráfico, primero vinculado a estructuras locales de narcomenudeo y a personajes con conexiones en el antiguo Cártel de Tijuana, como Enrique Jorquera Guerrero, “El Jorquera”, ex policía ministerial dedicado al transporte de drogas y ejecuciones por encargo.
Su hermano menor, René Arzate-García, alias “La Rana”, nació el 11 de junio de 1983 y comenzó sus actividades ilícitas desde los 15 años, actuando inicialmente en el entorno criminal de Tijuana. René es descrito como un hombre de cabello negro, 1.82 metros de altura, ojos café y alrededor de 100 kg.

En sus primeros años delictivos, los hermanos operaron en una región dominada por el Cártel de Tijuana, estableciendo alianzas y redes de protección que les permitieron sobrevivir en un entorno violento y fragmentado.
Un punto de quiebre en su trayectoria fue cuando Alfonso, debido a sus lazos con “El Jorquera”, fue amenazado por Teodoro García Simental, alias “El Teo” uno de los principales lugartenientes del Cártel de Tijuana. En ese contexto de riesgo, Alfonso buscó el respaldo de su hermano René. Juntos, enfrentaron la amenaza y consolidaron una célula propia con creciente influencia en la frontera norte.
Con el tiempo, y a medida que el Cártel de Sinaloa fue desplazando a la organización de los Arellano Félix en Baja California, pues estaban en guerra interna, los hermanos Arzate se alinearon con la facción de Ismael “El Mayo” Zambada. Esta transición les permitió acceder a puestos de confianza y liderazgo, sobre todo cuando “El Mayo” consolidó su poder tras la captura de Joaquín “El Chapo” Guzmán. Fuentes de inteligencia los identifican como “ahijados” de Zambada.
Su relación con El Mayo y sus papeles en el Cártel de Sinaloa

Para los hermanos Arzate, el acceso al círculo de confianza de “El Mayo” Zambada fue resultado de una serie de movimientos tácticos y alianzas en un contexto de reconfiguración criminal en Baja California entre 2007 y 2010.
La oportunidad para dar un giro en su trayectoria llegó cuando los Arzate intervinieron en el rescate de dos familiares de Zambada, una sobrina y una hermana, ésta última identificada como Águeda Zambada García, quienes se encontraban privadas de la libertad en Tijuana.
El gesto, además de demostrar capacidad de maniobra y lealtad, fue interpretado por “El Mayo” como una muestra de compromiso, lo que derivó en un acercamiento directo entre ambos bandos.
La célula de los hermanos Arzate fue identificada por la DEA desde 2011, cuando operaban en Oceanside, National City y Chula Vista, California, recibiendo cargamentos de droga desde Tijuana.

Su estructura fue responsable de distribuir marihuana, cocaína y metanfetamina en California y otros estados de Estados Unidos. En ese entonces, las autoridades estimaban que su red era responsable de distribuir alrededor de la tercera parte de la metanfetamina que circula en el condado de San Diego.
En 2014, fueron imputados por primera vez en el Distrito Sur de California por conspiración para importar marihuana, aunque las pesquisas federales y estatales incluyen acusaciones de tráfico de miles de kilogramos de drogas y operaciones de lavado de dinero.
Entre sus operadores y aliados figuraban Jesús Quiñonez Flores “El Chiquillo Ántrax”, Rafael Guadalupe Núñez Félix “El Changuito Ántrax”, Edwin Antonio Rubio López “El Oso” y/o “El Max”, Marco Tulio Trujillo “El Marlon”, José Luis Mora Zamora “El Cabo 23” e Israel Vergara Galindo “El Marquitos”.
El papel de Los Arzate fue clave en la defensa de la plaza frente a organizaciones rivales como el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) y el Cártel de Tijuana.
Sus funciones principales incluyeron la coordinación de rutas fronterizas, el traslado de droga desde Sinaloa hasta los puntos de cruce en Baja California y la logística para ingresar narcóticos a ciudades estadounidenses como San Diego.

Además, gestionaron operaciones de lavado de dinero derivadas de estas actividades ilícitas y coordinaron la defensa violenta de la plaza, ésta última una de sus principales características, con tácticas como secuestro y ejecuciones.
La relación directa de los hermanos Arzate con Ismael “El Mayo” Zambada ha sido determinante en su ascenso y consolidación. Su lealtad se evidenció durante la reciente pugna interna en el Cártel de Sinaloa entre las facciones de “Los Chapitos” y “La Mayiza”, apoyando a esta última, liderada por Ismael Zambada Sicairos “Mayito Flaco”, hijo de “El Mayo”.
Acusaciones, sanciones y recompensas de EEUU
El 26 de febrero de 2026, el Departamento de Justicia de Estados Unidos anunció una acusación formal contra René Arzate-García, alias “La Rana”, identificado como jefe de plaza del Cártel de Sinaloa en Tijuana, por cargos de narcoterrorismo, apoyo material al terrorismo y tráfico de drogas.

La acusación lo vincula con el tráfico de grandes volúmenes de fentanilo, cocaína, metanfetamina y marihuana hacia territorio estadounidense.
Ese mismo día, el Buró de Asuntos Internacionales de Narcóticos y Aplicación de la Ley del Departamento de Estado informó que ofrece una recompensa de hasta cinco millones de dólares por información que lleve a la captura de René y su hermano, Alfonso Arzate-García.
La acusación considera a René Arzate-García como un operador violento, responsable no solo del tráfico de drogas, sino también de la coordinación de secuestros, ejecuciones y extorsiones en nombre del Cártel de Sinaloa.
El documento judicial señala que ha manejado el trasiego de miles de kilogramos de narcóticos y el lavado de millones de dólares mediante transacciones internacionales diseñadas para ocultar el origen de los fondos ilícitos.
La acusación formal sustituye a la presentada en 2014, ampliando los cargos y penas máximas que ahora incluyen:
- Narcoterrorismo (pena máxima: cadena perpetua, mínimo obligatorio: 20 años de prisión, multa de 20 millones de dólares).
- Proveer apoyo material al terrorismo (pena máxima: 20 años de prisión, multa de 250 mil dólares).
- Empresa criminal continua (pena máxima: cadena perpetua, mínimo obligatorio: 20 años de prisión, multa de 10 millones de dólares).
- Conspiración internacional para distribuir sustancias controladas y conspiración para importar drogas (penas máximas: cadena perpetua, mínimo obligatorio: 10 años de prisión, multas de 10 millones de dólares).
- Conspiración de lavado de dinero (pena máxima: 20 años de prisión, multa de 500 mil dólares o el doble del valor de los fondos involucrados).
La acusación es resultado directo de la orden ejecutiva 14157 del presidente Trump, que declaró al Cártel de Sinaloa como organización terrorista extranjera y de la designación formal hecha por el Departamento de Estado en febrero de 2025.
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