
Durante el siglo XIX, los bigotes se convirtieron en un símbolo de masculinidad y elegancia entre los caballeros de la época victoriana, pero mantenerlos impecables no era una tarea sencilla.
Según informó el medio Actually Notes Magazine, los hombres enfrentaban un problema peculiar al disfrutar de una taza de té caliente: el calor de la bebida derretía la cera utilizada para moldear el bigote, lo que no solo arruinaba su apariencia, sino que también podía afectar el sabor del té.
Para resolver este inconveniente, el alfarero británico Harvey Adams diseñó en la década de 1870 un utensilio innovador: la “taza para bigote”, un accesorio que pronto se convirtió en un elemento esencial de la moda masculina.
Estas tazas, también conocidas como "mustache cups", incluían un borde interno o una pequeña repisa que permitía a los hombres beber sin que el líquido tocara su bigote.
Este diseño práctico y elegante no solo protegía el vello facial, sino que también ofrece una solución estética y funcional que se popularizó rápidamente en el Reino Unido y en otros países como Estados Unidos.
Características distintivas de las tazas para bigote

Las tazas para bigote se fabricaban en una variedad de materiales, como porcelana, loza, gres, plata y estaño, lo que las hacía accesibles para diferentes clases sociales.
Además, estaban disponibles en diversos tamaños y formas, desde pequeñas tazas demitasse hasta grandes conocidas como “tazas de granjero”, diseñadas para contener mayores cantidades de té.
El diseño de estas tazas no solo era funcional, sino también decorativo. Muchas de ellas estaban adornadas con paisajes, escenas de caza, animales, aves, flores y patrones geométricos. Algunas incluso incluían retratos, aunque estas versiones eran menos comunes y, por lo tanto, altamente codiciadas por los coleccionistas.
Otro detalle característico era la base lustrosa de muchas de estas tazas, que añade un toque de sofisticación al diseño.
La invención de Harvey Adams y su impacto en la moda masculina
El medio Actually Notes Magazine detalló que la invención de la taza para bigote se atribuye a Harvey Adams, quien desarrolló este diseño alrededor de 1870.
Su creación no solo solucionó un problema práctico, sino que también reflejó la importancia que los hombres victorianos otorgaban a su apariencia. En aquella época, el intolerante era considerado un símbolo de estatus y virilidad, y mantenerse en perfectas condiciones era una prioridad.
Sin embargo, el uso de estas tazas comenzó a declinar con el inicio de la Primera Guerra Mundial, cuando los militares adoptaron el rostro bien afeitado como una medida práctica en el campo de batalla. Este cambio en las tendencias de moda marcó el inicio del fin para las tazas para bigote, cuyo uso se redujo significativamente entre las décadas de 1920 y 1930.
Otros inventos inspirados en el cuidado del bigote
El ingenio de la época victoriana no se limitó a las tazas para bigote. Según consignó el medio mencionado anteriormente, en 1868, el ingeniero neoyorquino Solon Farrer diseñó una cuchara especial para bigote, que incluía una tapa que se levantaba para evitar que el vello facial entrara en contacto con la sopa.
Posteriormente, en 1873, la inventora Ellen BA Mitcheson presentó una versión mejorada de este utensilio, añadiendo una pieza de metal perforada que protegía el bigote mientras permitía que el líquido pasara a través de un pequeño orificio.
Estos inventos reflejan cómo la moda masculina de la época influyó en el diseño de utensilios cotidianos, adaptándolos a las necesidades específicas de los hombres con bigote. Tanto las tazas como las cucharas para bigote se convirtieron en símbolos de una era en la que la apariencia personal y la funcionalidad iban de la mano.
El legado de las tazas para bigote en la actualidad

Aunque su uso práctico ha quedado en el pasado, las tazas para bigote de la época victoriana han encontrado un nuevo propósito como objetos de coleccionismo.
Según el medio Actually Notes Magazine, estas piezas históricas son altamente valoradas en mercados de antigüedades, subastas y tiendas especializadas. Su precio puede variar considerablemente, desde unos pocos cientos de dólares hasta varias millas, dependiendo de factores como la rareza, el estado de conservación y la procedencia.
El atractivo de estas tazas radica no solo en su diseño único, sino también en la historia que representan. Son un recordatorio de una época en la que los detalles más pequeños, como el cuidado del bigote, podrían influir en la creación de objetos innovadores y funcionales.
Aunque su uso ha quedado relegado al pasado, estas tazas siguen siendo un testimonio del ingenio y la atención al detalle que caracterizaron a una era marcada por la elegancia y el refinamiento.
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