Javier Clemente, ambientólogo: “Estas son las dos cosas que hago para respirar menos microplásticos”

Estudios recientes han alertado de la presencia de partículas plásticas en el polvo doméstico y su posible entrada en el organismo humano

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Los microplásticos pueden acumularse en
Los microplásticos pueden acumularse en el polvo doméstico. (Adobe Stock)

Los microplásticos han dejado de ser un problema exclusivo de océanos y vertederos para convertirse en un elemento omnipresente del entorno cotidiano. Investigaciones recientes han confirmado su presencia en el aire de viviendas, oficinas y otros espacios cerrados, donde permanecen suspendidos y pueden ser inhalados de forma continuada.

Estas pequeñas partículas pueden tener múltiples orígenes: proceden del desgaste de tejidos sintéticos, de alfombras, cortinas, muebles, envases, electrodomésticos o incluso de la ropa que usamos a diario. A simple vista son invisibles, pero su tamaño microscópico les permite permanecer suspendidos en el aire y formar parte del polvo doméstico. Precisamente por su reducido tamaño, algunos de ellos son capaces de penetrar profundamente en el sistema respiratorio, algo que ha despertado la preocupación de la comunidad científica.

La inquietud no se limita al aire. Estas partículas también pueden llegar a nuestro organismo a través de los alimentos, del agua embotellada, de los envases de plástico o del contacto constante con materiales sintéticos. Aunque todavía no existe un consenso definitivo sobre los efectos concretos que pueden tener en la salud humana, sí se sabe que los microplásticos pueden actuar como vectores de sustancias químicas y provocar respuestas inflamatorias.

Un investigador examina fragmentos de
Un investigador examina fragmentos de microplásticos recolectados de muestras de agua de mar bajo la luz de laboratorio en el Centro Helénico de Investigación Marina (HCMR) en Anavyssos, cerca de Atenas, Grecia. (Stelios Misinas/REUTERS)

Ante este escenario, algunos expertos en medioambiente y residuos han comenzado a adoptar pequeñas medidas en su vida diaria para reducir la exposición. Es el caso del ambientólogo especializado en residuos Javier Clemente, que a través de sus redes sociales (@todos_somos_reciclaje en TikTok) comparte dos gestos sencillos para minimizar la inhalación de microplásticos en el interior de las viviendas.

La limpieza y la ventilación: claves para reducir los microplásticos en el aire

La primera de las recomendaciones que lleva a cabo Clemente tiene que ver con una tarea doméstica tan común como necesaria. “Limpiar a menudo, porque parte del polvo que se acumula son microplásticos de un tamaño tan pequeño que pueden entrar en lo más profundo de los pulmones”. El polvo doméstico no es solo una mezcla de tierra y restos orgánicos: es también un reflejo de los materiales que nos rodean y que se van fragmentando con el uso y el paso del tiempo.

Esta recomendación se apoya en datos científicos, pues, según explica el ambientólogo, un estudio reciente (realizado por investigadores de la Universidad de Toulouse, Francia, y publicado en la revista PLOS One) “ha descubierto que cada persona podría respirar hasta 68.000 microplásticos al día dentro de casas y espacios cerrados”.

La preocupación no se debe solo al número de partículas inhaladas, sino al contexto en el que se produce esa exposición. “Aunque todavía no se conocen bien los efectos que puede tener en la salud, a los investigadores de este estudio les preocupa especialmente porque las personas pasamos el 90 % del tiempo bajo techo”, añade Clemente. Viviendas, oficinas, transporte y espacios cerrados concentran gran parte de nuestra vida diaria, lo que multiplica la importancia de estos hallazgos.

De hecho, los investigadores señalan que esta inhalación podría “causar potencialmente efectos sistémicos, incluido estrés oxidativo, respuestas inmunitarias y daño a órganos vitales con el tiempo”, ya que “pueden transportar una variedad de aditivos tóxicos, incluidos metales pesados y contaminantes orgánicos persistentes, que pueden exacerbar sus efectos nocivos”.

¿Hasta dónde puede llegar un microplástico?

La segunda medida que aplica el experto es igual de sencilla. “La segunda cosa que hago es ventilar unos minutos la casa cada día”. Renovar el aire permite reducir la concentración de partículas en suspensión y diluir los contaminantes acumulados en espacios cerrados. Así, aunque pueden parecer y son gestos sencillos, pueden marcar una gran diferencia.

Los microplásticos en nuestro día a día

Más allá del aire doméstico, existen otros ámbitos en los que la exposición a microplásticos puede reducirse con pequeños cambios. Evitar el consumo habitual de agua embotellada en plástico, no calentar alimentos en recipientes plásticos, priorizar envases de vidrio o acero y reducir el uso de productos ultraprocesados son algunas de las recomendaciones que plantean los expertos. También prestar atención a los textiles que usamos y al tipo de envases en los que se conservan los alimentos puede marcar la diferencia.