Sabrina Seltzer estudió Economía en su Mar del Plata natal y tenía pensado continuar su carrera allí con un trabajo ligado a la universidad, pero apareció el amor y con él la necesidad de cruzar la cordillera. En Chile armó una familia y desarrolló una profesión: consiguió empleo en el área de innovación de la Universidad Católica. “Comencé apoyando a investigadores e investigadoras para que pudieran ganar fondos de investigación aplicada”, decía en el espacio de diálogos que Ticmas montó en la cumbre Global Impact Summit de HolonIQ, “y me fui focalizando en áreas no tradicionales de transferencias como Educación, Ciencias Sociales, Humanidades”.
Ocho años después, José Escamilla, un referente educativo del Tecnológico de Monterrey, le propuso participar en el equipo que estaba formando, y Seltzer dio un nuevo salto —geográfico y metafórico—. Escamilla es ahora el director asociado del Instituto para el Futuro de la Educación del Tec y ella está a cargo del área de Emprendimiento y Transferencia Tecnológica.
—Para definir el marco de tu trabajo, ¿cuál es el alcance de la “transferencia tecnológica” para el Tec?
—Cuando hablamos de transferencia tecnológica, hablamos de aquel conocimiento que se genera dentro de la Academia, dentro de la universidad, que pueda impactar en el resto de las áreas de la sociedad. No hablamos de papers, hablamos de soluciones educativas que pueden ser tecnologías con realidad aumentada, un juego de mesa educativo, una nueva manera de evaluar o un nuevo sistema educativo que puede ser licenciado a empresas o transferido directamente otras instituciones educativas para que puedan utilizarlo.
—¿La aplicación de ese conocimiento persigue siempre un beneficio económico?
—No necesariamente, y es importante aclararlo. El proceso de transferencia tecnológica puede ser con o sin fines de lucro. Muchas soluciones educativas que licenciamos en el Tecnológico de Monterrey no tienen fines de lucro, sino que tienen fines humanitarios o sociales. Algunas sí pueden tenerlo y para eso se arma una compañía que la explota y le llegan regalías a la universidad, pero no necesariamente es así. Mucho menos en educación.
—¿Cuáles son los proyectos en el área de transferencia con los que están trabajando actualmente?
—Hoy estamos trabajando con una tecnología muy conocida del Tec, que es un profesor holograma: la presencia holográfica de un docente en la sala. Ahí hacemos un doble tipo de transferencia. A veces lo transferimos directamente a ciertas instituciones educativas, pero además hay empresas en educación a las que les interesa comercializar esa tecnología. También estamos trabajando con una empresa chilena que tiene presencia en Latinoamérica, con un juego didáctico que tiene una parte virtual y otra que es como un juego de mesa al que internamente llamamos “Ponte en mis tenis”. Es un juego que busca generar empatía y ciertas habilidades sociales que entienden los contextos de diversidad e inclusión en estudiantes de secundaria, de preparatoria o de los primeros años de la universidad
—Hace pocos días cerró la convocatoria al TPrize, que está en tu área. ¿Cuál es el objetivo del premio?
—TPrize es uno de los programas de Emprendimiento. Es un programa de innovación en educación, que es un concurso en el que se buscan soluciones a un reto educativo para América Latina y el Caribe. No buscamos ideas, sino soluciones que pueden ser startups educativas o emprendimientos sociales que hayan sido probados al menos en una escala piloto. Nosotros seleccionamos cinco soluciones ganadoras al año, que reciben un premio económico de 15.000 dólares más el acceso a nuestro programa de Growth, donde se les hace un acompañamiento personalizado con un diagnóstico y mentorías para ayudarlos a crecer. Los acompañamos durante dos años.
—¿En tu trabajo también haces mentorías en el Tec?
—Sí. Todos los programas de Emprendimiento Educativo los llevamos desde el Instituto para el Futuro de la Educación, pero, además, el Tec tiene su propio Instituto de Emprendimiento, que es transversal a todas las áreas de emprendimiento y, puntualmente, a mí me toca ser mentora en una red de ese instituto que se llama Zona Gero —en lugar de hero—. Lo que hacemos allí es fomentar, hacer crecer y vincular a mujeres emprendedoras, CEOS y founders.
—El Summit de HolonIQ se realizó en el campus del Tec de la Ciudad de México. ¿De qué forma toman el conocimiento que se generó allí?
—HolonIQ es fundamental porque es la base sobre la que construimos las estadísticas y el análisis de datos de lo que pasa en el sector educativo. Todos los años da la lista de 100 edtechs de América Latina y eso nos permite ver cómo nos vinculamos con ellas, cuáles son las tendencias educativas, hacia dónde está yendo el emprendimiento educativo que acompañamos con nuestros programas. HolonIQ también es fundamental para mapear el tipo de venture capital estamos mirando. Hace todo el sentido organizar este tipo de summits en nuestro campus.
—¿Qué debe tener una empresa dedicada a la educación para que el Tec se interese por ella?
—El Tec no trabaja como un fondo de riesgo o de inversión, sino que hace inversiones estratégicas. Entonces, va a mirar aquellas startups educativas que tengan que ver con el Plan Estratégico al 2030 del Tec de Monterrey. Y, por supuesto, tiene que ser una herramienta relacionada con la educación superior o el aprendizaje a lo largo de la vida. Hay dos áreas que miran ávidamente startups. Una es nuestra Vicerrectoría de Educación Continua, que tiene que ver con los procesos de aprendizaje a lo largo de la vida, y la otra se llama Plataformas de Experiencia de Aprendizaje, que hacen MVP (productos mínimos viables) y prototipos con startups para ver cómo la educación del futuro evoluciona los procesos de aprendizaje, de conexión de generación, de comunidades de aprendizaje.
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