
Mal llamadas, en su momento, “habilidades blandas”, ningún educador puede soslayar la importancia —la solidez fundamental— de las habilidades del siglo XXI. Se les dice habilidades, pero hay quienes las llaman competencias, capacidades, incluso talentos. Pero: ¿qué son las habilidades del siglo XXI?
Sobre este tema habló Lucía Burtnik Urueta en una jornada de diálogos y debates apuntada para docentes. Burtnik es directora de Eidos Global, una organización dedicada a crear experiencias de aprendizaje para el desarrollo de habilidades de siglo XXI y es miembro del Global Forum for Skills de la OECD, un proceso de co-construcción internacional para una Brújula de Aprendizaje 2030.
El encuentro, organizado por la solución educativa Ticmas, estuvo moderado por Susel Jacquet, que le propuso a Burtnik avanzar a través de diferentes dinámicas que persiguen el desarrollo de estas habilidades. Una suerte de declaración de principios puesta en práctica: “No se puede enseñar qué es ser creativo, pero se pueden desarrollar estrategias que ayuden a saber hacer y mejores procesos que naturalmente los seres humanos ya tenemos”, explicó.

Elevator pitch
La primera acción de Burtnik fue resumir en un minuto qué son y para qué sirven las habilidades del siglo XXI. La dinámica se llama “Elevator pitch” y busca que el estudiante estructure, organice y resuma su mensaje.
“¿Ya pensaron”, dijo, “que los niños que nacieron hoy, este año y el año pasado, es muy probable que lleguen vivos al año 2100? La idea da un poco de vértigo: ¿cómo podemos asegurarnos de que pueden tener todo lo que necesiten para poder surfear una vida de completa incertidumbre? Una de las posibles respuestas está en lo que conocemos como las competencias o habilidades del siglo XXI: creatividad, pensamiento crítico, resolución de problemas. Son todas esas cosas que nos hacen ser humanos y que son muy difíciles de reemplazar con máquinas. En un futuro en el que a veces nos imaginamos que Robocop está en todas partes, una respuesta es pensar estas habilidades”.

Mitos y verdades
Una dinámica que fomenta el pensamiento crítico es analizar una afirmación y encontrar las sutilezas que la componen. Así, Jacquet le planteó tres ideas a Burtnik para que definiera si eran verdaderas o falsas. Es una actividad capciosa, porque, como se ve en las respuestas, no todo es blanco y negro.
Estimular las llamadas del siglo XXI en las y los estudiantes resulta una herramienta útil para sus futuros laborales: ¿verdad o mito? “Es verdad, pero con algunas cosas a considerar”, dijo Burtnik. “Sí, son herramientas útiles para los futuros laborales que nos imaginamos, pero, por un lado, hay un mundo de incertidumbre ahí afuera, y por el otro no solo nos interesa formar personas para el trabajo sino sobre todo formar ciudadanos para la vida. Muchas de estas competencias, como la empatía o el trabajo en equipo o la posibilidad de comunicarnos y el pensamiento crítico, son esenciales para una vida democrática, social y en conjunto”.
Siempre en el contexto educativo se ha trabajado para estimular las habilidades del siglo XXI: ¿verdad o mito? “Estas competencias no tienen un espacio específico en la grilla horaria. No tengo Matemática y después Empatía y después voy a Creatividad. Durante mucho no hubo un seguimiento más riguroso de cómo potenciar el desarrollo de esas habilidades y acompañar el crecimiento de las personas dentro de esas competencias, mejorarlas y evaluarlas. Soy partidaria de que lo que no se evalúa no se ve. Y todavía hoy, no están consolidadas las herramientas para evaluar las habilidades de la misma forma en que sí lo están las evaluaciones que tenemos para las disciplinas. Por lo tanto, hace que a veces sea muy difícil decir: Sí, realmente estamos trabajando estas habilidades dentro del contexto educativo”.
Ofrecer espacios para el desarrollo de habilidades dentro del aula implica ubicar al estudiante como protagonista del proceso de enseñanza y aprendizaje: ¿verdad o mito? “¡La gran verdad! Es súper importante que los estudiantes sean protagonistas de las acciones y pensar en el proceso de enseñanza y aprendizaje como una experiencia. Que haya un momento para la acción, pero aún más importante, un momento para la reflexión. Sin esto, es muy difícil trabajar en el progreso de las competencias. Y una sugerencia que venimos trabajando desde el ámbito de la evaluación, es que las evaluaciones de las habilidades tienen que ser formativas, para saber en qué etapa está y cuál es el Norte al que apunta. Esos tres elementos son cruciales para que los aprendices puedan desarrollar al máximo sus habilidades. Hacer, reflexionar y saber hacia donde voy”.

Veo, pienso y me pregunto
La tercera dinámica del encuentro tenía como objetivo ver el estado del arte respecto de las habilidades blandas, y se realizó a través de una actividad que fomenta la habilidad de aprender a aprender.
“Yo veo”, dijo Burtnik, “indicios muy interesantes y buena predisposición para incorporar las habilidades. Veo mucha creatividad. También veo que la pandemia nos trajo desafíos enormes, y uno de los más grandes en el aprendizaje remoto es fomentar estas competencias —sobre todo las interpersonales— en espacios donde no podemos estar juntos. Veo muchos desafíos, pero también mucho potencial y mucho espacio para que las personas que trabajamos en educación podamos usar al máximo nuestra creatividad para traer cosas nuevas”.
“Pienso”, continuó, “que pueden existir espacios proclives al desarrollo de las competencias. Hay herramientas probadas para fomentar el desarrollo de habilidades. Una conocida es el aprendizaje por proyectos. En todo lo que sea experiencial y en donde los estudiantes tomen las riendas es más sencillo de pensar cómo las personas que aprenden van a estar desarrollando diferentes habilidades”.
“Me pregunto”, cerró, “cómo podemos hacer que sea fácil de incorporar. Hay realidades muy diferentes: docentes de grupos grandes y pequeños, aprendices con muy poca conectividad. Cómo podemos hacer para que los problemas que estamos teniendo ahora no interrumpan la posibilidad de que niños y niñas y adolescentes continúen desarrollando estas competencias. Porque si las dejamos de lado, vamos a caer en esa brecha de, no solo mantenernos relevantes en el mundo del mercado laboral, sino de tener democracias saludables. Una democracia sin pensamiento crítico está condenada al fracaso”.
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