
En diversos puntos de Bucaramanga, los vecinos enfrentan una creciente sensación de inseguridad y deterioro urbano debido a la proliferación de zonas conocidas como ‘ollas’, donde convergen problemáticas como el microtráfico, la indigencia y el abandono institucional.
De acuerdo con recorridos por estas áreas y testimonios de residentes, estas localidades son ahora epicentros de consumo y venta de drogas, violencia y deterioro ambiental.
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Aunque las autoridades aseguran estar actuando para contrarrestar esta situación, los habitantes afirman que aún hacen falta medidas efectivas y constantes.
De acuerdo a una investigación por parte de Vanguardia Liberal, uno de los puntos clave señalados es la calle 30, entre las carreras 15 y 19, ubicada cerca del parque Centenario.
Según el testimonio de un residente del sector, conocido como don Jacobo, dijo al medio que la zona se ha convertido en un lugar inseguro con presencia de “vicio y sitios de pensiones que son solo refugios para delincuentes”.
Asimismo, explicó que los cambios en el área han disuadido a muchas personas de transitar por allí: “Aquí no se puede venir solo”, lamenta este vecino con más de 20 años en el lugar.

Otro sitio identificado se encuentra en la Avenida Quebradaseca, un área transitada, pero calificada por algunos residentes como peligrosa, especialmente durante la noche.
Una trabajadora de un negocio local confesó tener miedo cada vez que debe cruzar esa vía, describiendo cómo los hombres bajo los efectos de sustancias están “tirados en la calle, en medio de jeringas y basura”.
Además, inversiones en reciclaje y actividades legales, a menudo, se ven opacadas por las dinámicas de ilegalidad presentes en estos espacios.
Entre las zonas más afectadas también se encuentra el sector de ‘Las Pulgas’, ubicado en las calles 18 y 19, entre carreras 13 y 15, donde predominan el caos y la invasión del espacio público.
Los vecinos del barrio Gaitán describen el área como un sector tomado por el comercio informal y la contaminación ambiental, generando temor entre los transeúntes. En relación a esta realidad, un residente asegura que “es imposible pasar por aquí sin ir acompañado de alguien conocido”.

La situación no se limita a estas áreas. Según lo reportado, barrios como Gómez Niño, Pantanos y Chapinero enfrentan escenarios similares.
En Gómez Niño, la entrada occidental se ha transformado en una “Calle del Bronx”, un lugar donde la seguridad es casi inexistente y donde “uno no sale si no conoce a alguien adentro”, según declaró un taxista que frecuenta esa ruta al medio.
Por otro lado, el sector conocido como Pantanos ha sido señalado por sus altos índices de delincuencia, mientras que Chapinero, además de ser un espacio desolado, ha sido ocupado por grupos delictivos camuflados entre talleres y tiendas comerciales.
Frente a este panorama, las autoridades locales, entre ellas la Policía y la Alcaldía de Bucaramanga, han implementado diversas estrategias para mitigar la problemática.
Estas incluyen operativos con participación de diferentes entidades, como Espacio Público, Desarrollo Social y la Empresa de Aseo de Bucaramanga, con el propósito de erradicar cambuches, limpiar las áreas invadidas y mejorar la apariencia urbana.
Según estas instituciones, también se han desarticulado pequeñas células de narcotráfico que operaban en puntos vulnerables de la ciudad.
Otros puntos críticos identificados en la ciudad incluyen la vía a Morrorrico, un corredor donde migrantes y habitantes en situación de calle han levantado construcciones improvisadas, afectando la imagen y el tránsito del lugar.

La zona baja del Intercambiador de la Puerta del Sol se registra como otro eje problemático, con alta presencia de indigencia y graves problemas de insalubridad.
Aunque autoridades instalaron barreras físicas para evitar que las personas conviertan el área en dormitorios, muchas han encontrado formas de continuar utilizando el espacio.
Según el diagnóstico, las 10 áreas más afectadas incluyen, además de los puntos previamente mencionados, la vía a la Costa, un refugio improvisado para habitantes en situación de calle y migrantes, así como los alrededores del Salesiano, donde la presencia de jíbaros y consumidores pone en riesgo a residentes y estudiantes.
En conclusión, Bucaramanga enfrenta un desafío multifacético, donde convergen problemas sociales, económicos y de seguridad. Mientras las autoridades locales implementan medidas, la comunidad insiste en que el camino hacia la recuperación es todavía largo, especialmente si no se toman acciones sostenidas y coordinadas entre instituciones y habitantes para erradicar las ‘ollas’ que, actualmente, afectan a la capital santandereana.
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