El fenómeno del Hikaru Dorodango: cómo los niños japoneses convierten barro en esferas brillantes

La evolución de esta práctica se transformó en un fenómeno artístico internacional que promueve la paciencia, la creatividad y la conexión intercultural a través de la simplicidad de la tierra

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El hikaru dorodango es un
El hikaru dorodango es un arte japonés que transforma barro en esferas brillantes, combinando creatividad y meditación (Wikimedia commons)

El arte japonés del hikaru dorodango —literalmente, “bola de barro brillante”— ha atravesado un extraordinario viaje desde su modesto origen en los patios de escuelas niponas hasta convertirse en una forma de expresión reconocida y practicada por artistas de distintas partes del mundo. Aunque a simple vista la actividad pueda parecer simple, encierra una tradición de paciencia, contemplación y creatividad que trasciende generaciones y fronteras geográficas.

El origen y redescubrimiento en Japón

Los orígenes exactos del hikaru dorodango en Japón son inciertos, pero su popularidad contemporánea se debe en gran parte al profesor japonés de psicología del desarrollo Fumio Kayo. En 1999, durante una visita a una guardería en Kioto, Kayo observó cómo los niños —y también sus maestros— se sumergían en la paciente labor de transformar tierra del patio en esferas perfectamente pulidas. Este minucioso proceso captó el interés del profesor, quien percibió en la actividad no solo un juego, sino una experiencia de aprendizaje valiosa para el desarrollo infantil.

Impresionado, Kayo estudió el fenómeno y publicó artículos académicos sobre el tema. También ideó una metodología sencilla para introducir la práctica en escuelas de la región, lo que favoreció su diseminación. El hikaru dorodango recibió gran atención en 2001 tras ser presentado por la cadena pública japonesa NHK, lo que contribuyó a que su práctica trascendiera los límites escolares y comenzara a cruzar fronteras.

Proceso y beneficios para el desarrollo infantil

La práctica del hikaru dorodango
La práctica del hikaru dorodango fomenta la paciencia, la motricidad fina y la autoestima en el desarrollo infantil (Wikimedia commons)

La confección de un dorodango implica pasos concretos que, más allá del aspecto manual, aportan beneficios psicológicos y emocionales. El proceso comienza con la selección y mezcla cuidadosa de tierra y agua hasta formar un barro homogéneo. Se moldea la mezcla en forma de esfera y progresivamente se le añaden capas de tierra seca, puliendo y compactando hasta que la bola adquiere dureza y brillo.

Esta secuencia exige paciencia, precisión y creatividad, cualidades esenciales para el desarrollo infantil temprano. Según las observaciones de Kayo, el dorodango ofrece a los niños la oportunidad de experimentar ensayo y error, de superar el impulso de la gratificación inmediata y de valorar los pequeños avances. El hecho de que la creación final pueda conservarse como “tesoro” refuerza el sentido de logro y autoestima. Por ello, el hikaru dorodango sigue recomendándose en contextos educativos como herramienta para fomentar la concentración, la motricidad fina y la perseverancia.

Evolución como arte meditativo y global

Con el paso del tiempo, el hikaru dorodango pasó de ser una actividad escolar a consolidarse como una forma de arte meditativa. La simplicidad del material —tierra, agua, manos— se contrapone a la aspiración de perfección y brillo absoluto. Diversos artistas identificaron en este proceso una vía de escape creativa y un método para conectar con la tierra y la calma interior. El escritor de ciencia ficción y ensayista, William Gibson describió con fascinación a los dorodango como “artefactos de simplicidad y perfección”, sugiriendo la universalidad de su atracción y su capacidad para evocar asombro en quien los contempla, sin importar edad o antecedentes culturales.

Artistas destacados e influencia internacional

Actualmente, el hikaru dorodango se ha internacionalizado. La artista japonesa Kiyoko Miki ha llevado la práctica más allá del tono terroso tradicional, mezclando distintos tipos de tierra y pintura para elaborar esferas de colores sorprendentes, incluso transformando algunos dorodango en floreros perforados. Por su parte, el artista estadounidense Bruce Gardner, artista de dorodango residente en Albuquerque, ha experimentado con tierras de todo Nuevo México para crear una amplia variedad de bolas brillantes. Además, Gardner ha impulsado la difusión global del arte mediante talleres en línea, permitiendo que estudiantes de lugares tan diversos como Afganistán y Nueva Zelanda aprendan la técnica fundamental y se sumen a la comunidad internacional del dorodango.

Es casi una necesidad para mí”, dijo Gardner sobre la práctica en una entrevista reciente. “Es mi meditación”.

Cómo crear un dorodango en casa: guía básica

El proceso de crear un
El proceso de crear un dorodango implica mezclar tierra y agua, moldear, secar y pulir hasta lograr una esfera perfecta (Wikimedia commons)

Realizar un hikaru dorodango en casa requiere algunos elementos simples: tierra tamizada, agua, un colador y un paño suave. El proceso comienza mezclando lentamente la tierra con agua hasta conseguir una masa homogénea. Luego, se moldea con las manos dando forma de esfera, retirando gradualmente el exceso de agua.

En la siguiente fase, se espolvorea la bola pegajosa con tierra seca, usando el pulgar para suavizar la superficie y perfeccionar la forma. Se continúa añadiendo tierra y puliendo cuidadosamente hasta alcanzar la solidez deseada, evitando que la bola se agriete por sequedad excesiva.

La etapa final consiste en pulir la esfera con un paño suave. Si aún conserva humedad, el pulido debe hacerse suavemente; una vez seca, se puede ejercer más presión, incluyendo la opción de usar un bol de vidrio para potenciar el brillo. La clave está en la repetición y la paciencia: será necesario intentar varias veces antes de obtener una esfera impecable, pero el aprendizaje reside tanto en el proceso como en el resultado final.

El hikaru dorodango, en definitiva, trasciende generaciones, culturas y fronteras, enseñando el valor de la calma, la dedicación y la contemplación a través de la humilde tierra.