
Las presiones crecientes del cambio climático han llevado a un grupo de científicos a proyectar cinco escenarios posibles para el futuro de la vida en la Antártida. Los resultados fueron publicados en Nature Biodiversity Reviews por un equipo dirigido por la profesora Melodie McGeoch de la Universidad de Monash y del programa Securing Antarctica’s Environmental Future (SAEF).
La investigación parte de una premisa desafiante: la vida terrestre en el continente blanco está confinada principalmente al escaso 1% del continente libre de hielo, donde residen unas 2.100 especies de plantas y animales. Este reducido espacio y sus condiciones extremas —frío, viento, sequía y aislamiento geográfico— limitan severamente tanto la distribución de la biodiversidad como el propio trabajo científico, dificultando el acceso y la recopilación de datos consistentes sobre las respuestas ecológicas al futuro del clima.
Frente a estas limitaciones, el equipo optó por capitalizar el conocimiento existente acerca de cinco grandes procesos ecológicos, aplicando métodos que trascienden la espera de nuevos datos y permitan dibujar posibles rutas de transformación biológica en la región, según explicó McGeoch.
Primera proyección: escenario “restringido”

El primero, denominado “Restringido”, describe un panorama donde las condiciones extremas tradicionales —frío, sequedad, vientos y aislamiento— siguen actuando como barreras insalvables para la expansión de la biodiversidad. Bajo este supuesto, la flora y fauna antártica permanecerá limitada a áreas reducidas, y cualquier cambio sucederá muy lentamente.
Escenario “dinámico”
El segundo escenario, “Dinámico”, contempla un escenario en el que el aislamiento de la Antártida impide tanto la expansión de las especies nativas a nuevas regiones sin hielo como la llegada y establecimiento de especies invasoras. Este contexto sugiere una relativa estabilidad, pero marcada por una limitada movilidad tanto de la biota originaria como de potenciales invasores.
Escenario de “diversificación”
En contraste, el tercer escenario, “Diversificación”, predice un proceso más abierto: las especies autóctonas logran adaptarse a temperaturas altas y superficies sin hielo cada vez más extensas, mientras que nuevas especies enriquecen la ya existente biodiversidad continental y la de sus islas circundantes. El resultado es un notable aumento en la diversidad biológica, favorecido por la llegada de organismos desde otras latitudes.
Escenario “interactivo”
El cuarto escenario, denominado “Interactivo”, presupone un incremento tanto en la frecuencia como en la complejidad de las interacciones entre especies. La atenuación de los condicionantes físicos extremos habilita relaciones más densas entre organismos, lo que produce mosaicos ecológicos más complejos y una riqueza de vínculos inédita en la historia reciente del continente.

Escenario “desordenado”
Por último, el escenario “Desordenado” plantea un futuro caracterizado por la intensidad de fenómenos aleatorios: los eventos extremos como olas de calor e inundaciones provocarán pérdidas locales significativas y una merma general de la biodiversidad. La imprevisibilidad ambiental se convierte aquí en el factor dominante, haciendo que la desaparición de especies sea localmente frecuente y que la estabilidad ecológica se fragmente.
Las amenazas al equilibrio en la Antártida
Según los autores, entre las amenazas emergentes a las que la vida antártica debe hacer frente destacan la aceleración del cambio climático, la proliferación de especies invasoras y, más recientemente, la aparición de enfermedades como la gripe aviar H5N1. Este espectro de retos ambientales obliga a anticipar cómo evolucionarán tanto las especies nativas —desde pingüinos y musgos hasta microorganismos— como las futuras comunidades biológicas del continente.
La base conceptual de la investigación descansa en cinco procesos ecológicos fundamentales: el filtrado abiótico (es decir, el peso de las condiciones físicas como el acceso al agua para la supervivencia de las especies), la dispersión (su habilidad para alcanzar y ocupar nuevos hábitats), la adaptación (la capacidad de evolucionar frente a presiones ambientales), las interacciones bióticas (las conexiones y relaciones entre diferentes formas de vida, como la depredación o la simbiosis) y la estocasticidad (la incidencia de sucesos imprevisibles, como olas de calor o inundaciones, que pueden alterar drásticamente la composición local de especies).
A partir de este marco, el equipo de Securing Antarctica’s Environmental Future distribuyó los futuros plausibles de la vida antártica en cinco escenarios, que responden a combinaciones variables de procesos ecológicos, presiones climáticas y factores humanos.

Según McGeoch, la velocidad y la magnitud de la respuesta biológica a estos desafíos estarán necesariamente moduladas por las condiciones persistentes de frío, sequedad, viento y aislamiento, que distinguen a la Antártida. Esto ralentiza los procesos de expansión y adaptación, aunque la heterogeneidad regional —fruto tanto de la evolución local como de la acción de eventos extremos— provoca una respuesta desigual de la vida antártica a lo largo del continente. La profesora expresó al medio de la Universidad de Monash: “Buscar pruebas de estos escenarios emergentes y anticipar dónde tiene mayor probabilidad de producirse cada uno en la región acelerará nuestra comprensión de su futuro”.
En este sentido, los científicos no sólo plantean escenarios, sino que señalan lagunas críticas de información: identificar con más precisión la distancia y la frecuencia de los desplazamientos de las especies, su capacidad real de adaptación genética y ecológica, los sitios más susceptibles a la invasión de nuevas especies, así como la reacción de las comunidades biológicas ante fenómenos extremos se colocan en la agenda prioritaria del monitoreo científico.
Desde la fundación de Securing Antarctica’s Environmental Future en 2021, el avance en la integración de teoría y modelos ecológicos ha permitido superar algunas de las limitaciones históricas en la recopilación de datos y ha impulsado la construcción de una imagen más coherente sobre el devenir de la biodiversidad terrestre antártica. Este progreso ya se traduce en la consolidación de una base científica robusta que brinda respaldo para la toma de decisiones más seguras y basadas en pruebas para proteger los ecosistemas únicos del continente.
El estudio de la profesora Melodie McGeoch y su equipo se convierte así en referencia insoslayable para la planificación de conservación y el diseño de políticas ambientales que deberán configurar la gestión del territorio antártico en las próximas décadas.
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