
Los residuos sólidos se duplicarán para 2050, prevé la Organización de las Naciones Unidas (ONU). En cifras del organismo, alcanzarán para ese año las 4.000 millones de toneladas al año.
Y según los expertos, “los residuos mal gestionados son el tercer mayor emisor global de metano”, uno de los gases de efecto invernadero más potentes.
De allí que un correcto manejo de los residuos que se producen a diario es una pata clave en el cuidado del medio ambiente.
Y si se conoce el dato de que, al año, 10.000 millones de kilos de esos desechos corresponden al café que se bebe en el mundo, más que interesante resultarán los hallazgos de científicos australianos.

Es que un reciente estudio publicado en el Journal of Cleaner Production reveló que se podría producir hormigón un 30% más resistente procesando y añadiendo posos de café —tal como se conoce al producto de desecho de la preparación de esa infusión— carbonizados a la mezcla. Además, al parecer, el hallazgo podría resolver múltiples problemas al mismo tiempo.
“La descomposición de los residuos orgánicos que van a los vertederos produce gas metano, que tiene un potencial de calentamiento global 21 veces peor que el dióxido de carbono —precisaron los investigadores en la publicación de las conclusiones—. Los posos de café gastados (SCG) son un tipo de residuo orgánico que constituye una proporción significativa de los residuos orgánicos que van a los vertederos. Por tanto, se vuelve imperativo buscar una solución de reciclaje para transformar estos residuos en un recurso valioso”.
Rajeev Roychand es ingeniero de la Universidad RMIT y sostuvo que “la eliminación de residuos orgánicos plantea un desafío medioambiental, ya que emite grandes cantidades de gases de efecto invernadero, incluidos metano y dióxido de carbono, que contribuyen al cambio climático”.

Asimismo, los investigadores destacaron que “con un mercado de la construcción en auge a nivel mundial, también hay una demanda cada vez mayor de hormigón que requiere muchos recursos, lo que también genera otra serie de desafíos ambientales”.
En ese sentido, según explicó el ingeniero del RMIT Jie Li, “la actividad de extracción de arena natural en todo el mundo, se realiza normalmente de los lechos y orillas de los ríos, y satisfacer las crecientes demandas de la industria de la construcción tiene un gran impacto en el medio ambiente”.
“Existen desafíos críticos y duraderos para mantener un suministro sostenible de arena debido a la naturaleza finita de los recursos y los impactos ambientales de la extracción de arena —insistió el experto—. Con un enfoque de economía circular, podríamos mantener los desechos orgánicos fuera de los vertederos y también preservar mejor nuestros recursos naturales como la arena”.
Sin embargo, los investigadores destacaron que “los productos orgánicos como los posos de café no se pueden agregar directamente al concreto porque filtran sustancias químicas que debilitan la resistencia del material de construcción”. Entonces, utilizando bajos niveles de energía, el equipo calentó los residuos de café a más de 350°C mientras los privaba de oxígeno.

Este proceso se llama pirolización, y lo que hace es descomponer las moléculas orgánicas, lo que da como resultado un carbón vegetal poroso y rico en carbono llamado biocarbón, que puede formar enlaces y, por lo tanto, incorporarse a la matriz del cemento.
Roychand y sus colegas también intentaron pirolizar los posos del café a 500°C, pero las partículas de biocarbón resultantes no eran tan fuertes.
Los investigadores advirtieron que todavía necesitan evaluar la durabilidad a largo plazo de su producto de cemento. Y en ese sentido, ahora están trabajando para probar cómo se comporta el híbrido café-cemento bajo ciclos de congelación/descongelación, absorción de agua, abrasiones y muchos más factores estresantes, a los fines de evaluar su potencial uso en la construcción.
Asimismo, el equipo también está trabajando en la creación de biocarbón a partir de otras fuentes de desechos orgánicos, como madera, desechos de alimentos y desechos agrícolas.

La ingeniera del RMIT Shannon Kilmartin-Lynch reconoció que la investigación se encuentra en las primeras etapas, pero aseguró que “estos interesantes hallazgos ofrecen una forma innovadora de reducir en gran medida la cantidad de desechos orgánicos que terminan en los vertederos”.
Y concluyó: “La inspiración para mi investigación, desde una perspectiva indígena, implica cuidar el país, garantizar que haya un ciclo de vida sostenible para todos los materiales y evitar que vayan a parar a los vertederos para minimizar el impacto en el medio ambiente”.
Según los investigadores, el 100% de los residuos de GSC producidos se pueden utilizar en hormigón estructural.
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