
La percepción de bienestar y la esperanza de futuro lograron un nivel sin precedentes en 2024, según un reciente informe de Gallup. Por primera vez, un tercio de la población adulta en 142 países se considera próspera, evidencia de una tendencia sostenida de mejora en la autoevaluación de la vida durante más de una década. Este avance, que Gallup señala como un hito en su índice de evaluación de vida, indica que cada vez más personas sienten que viven mejor y proyectan mayor optimismo respecto al futuro.
El estudio de Gallup, basado en la escala de Cantril, solicita a los encuestados que califiquen su vida actual y sus expectativas para dentro de cinco años en una escala del cero al diez. Se consideran prósperos quienes otorgan una puntuación de siete o más al presente y de ocho o más al futuro; quienes puntúan ambos aspectos con cuatro o menos se ubican en la categoría de “sufriendo” y el resto en la de “en lucha”. Este índice se orienta hacia la percepción subjetiva de la calidad de vida, brindando una perspectiva alternativa frente a los indicadores económicos tradicionales como el Producto Interno Bruto.
Indicadores de bienestar y diferencias regionales
En 2024, la mediana global de personas que se consideran prósperas fue de 33%, mientras que el promedio ponderado por población alcanzó el 28%. Esta diferencia responde a que el promedio ponderado otorga mayor peso a países con grandes poblaciones, como China e India. Aunque existe esta variación, ambas métricas muestran una evolución paralela y mantienen niveles superiores a los previos a la pandemia de COVID-19, según señala Gallup.
La mejora en la autoevaluación de la vida abarca distintos grupos demográficos. Hombres, mujeres, jóvenes y adultos mayores valoran mejor su situación presente y futura en comparación con años anteriores. En 2024, la mediana global de la valoración para la vida presente fue de 5,9 sobre 10 y la expectativa para el futuro alcanzó 7,2, cifras entre las más altas de la serie histórica. Paralelamente, el porcentaje de personas clasificadas como “sufriendo” disminuyó a 7%, igualando el mínimo registrado desde 2007 y muy por debajo del 12% observado en 2014.

El avance del bienestar no se distribuye de manera uniforme. Gallup observa que en regiones como Norteamérica, Europa Occidental, Australia y Nueva Zelanda, la proporción de personas prósperas ha disminuido de manera progresiva, alcanzando el 49% en Norteamérica y Oceanía, y el 42% en Europa Occidental. El informe atribuye parte de esta reducción a la percepción de los jóvenes en dichas sociedades. En contraste, América Latina y el Caribe muestran una tendencia ascendente, con el 45% de adultos que se consideran prósperos. Se destacan también incrementos en Europa Oriental y Meridional (37%), Asia Oriental (34%), Sudeste Asiático (32%) y Eurasia postsoviética (33%). Oriente Medio y el Norte de África (17%) y África subsahariana (15%) presentan mejoras, aunque desde niveles bajos, mientras que Asia del Sur permanece estable en 11% desde 2007.
Factores asociados al aumento del bienestar
Gallup identifica doce países, la mayoría en Europa Oriental y Meridional —como Kosovo, Serbia, Bosnia y Herzegovina, Eslovenia, Lituania, Armenia, Estonia y Hungría— donde la proporción de personas prósperas aumentó 20 puntos porcentuales o más en la última década. En cambio, Suiza experimentó el mayor retroceso, con una caída de 22 puntos porcentuales en el mismo periodo.
Entre los factores que acompañan el aumento global del bienestar, el informe destaca el optimismo económico, la satisfacción con las libertades personales y la percepción favorable sobre la infancia. En 2024, una mediana del 81% manifestó estar satisfecha con sus libertades personales, mientras que el 75% consideró que su país es un buen lugar para que los niños se desarrollen, ambos máximos históricos. El optimismo económico también muestra una recuperación constante desde la crisis financiera global de 2007-2008: el 42% de los adultos expresó optimismo sobre la economía local y el 49% sobre sus estándares de vida, cifras que superan ampliamente los mínimos verificados tras la crisis.

Gallup destaca que estos factores —el optimismo respecto a la economía, la satisfacción con la libertad personal y la visión sobre el bienestar infantil— se correlacionan más estrechamente con el aumento de la prosperidad subjetiva que el propio crecimiento del Índice de Desarrollo Humano de Naciones Unidas. No obstante, el informe aclara que estas asociaciones no bastan para explicar por completo el fenómeno y que la relación entre bienestar y optimismo puede funcionar en ambos sentidos.
A pesar de los logros, Gallup recuerda que la mayoría de la población mundial aún no se considera próspera, mientras persisten diferencias regionales importantes. El informe concluye que, pese a los desafíos globales, las tendencias actuales confirman una mejora concreta en la calidad de vida y en las perspectivas de futuro para millones de personas.
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