
La colaboración humana, más allá de la simple ejecución conjunta de tareas, puede modificar la manera en que el cerebro procesa la información y percibe el ambiente.
Un reciente experimento, desarrollado por investigadores del The MARCS Institute for Brain, Behaviour and Development de la Western Sydney University en Australia y publicado en PLOS Biology, demuestra que el acuerdo para establecer reglas compartidas no solo facilita la coordinación visible en la conducta, sino que también provoca una alineación profunda a nivel neural entre los participantes.
Este hallazgo da cuenta de cómo la cooperación y la comunicación moldean la interpretación subjetiva del mundo, creando una base biológica para el entendimiento y el trabajo en equipo.
La sincronía neural y el contenido de la información compartida

La sincronización cerebral entre individuos captó un creciente interés en el ámbito de la neurociencia social. Tradicionalmente, los estudios demostraron que quienes interactúan y colaboran presentan cierta sincronía en sus ondas cerebrales, sobre todo cuando comparten actividades o contextos conocidos.
Sin embargo, estas investigaciones no explicaban con precisión qué partes de la información eran realmente compartidas entre cerebros, ni cuándo emergía esa verdadera alineación cognitiva.
El estudio australiano introduce un enfoque novedoso con el Interbrain Representational Similarity Analysis (Interbrain RSA), que, a diferencia de otros métodos, permite identificar no solo la sincronía temporal, sino también cuánta y qué información concreta comparten dos cerebros en tiempo real. Esto mejora de modo sustancial la comprensión sobre cómo surgen los marcos cognitivos comunes durante la interacción social.

Para analizar este fenómeno, los científicos reclutaron a 24 parejas de voluntarios. Cada dupla se sentó espalda con espalda frente a pantallas, donde ambos veían exactamente los mismos estímulos visuales.
Antes de comenzar la tarea, negociaban y acordaban reglas totalmente nuevas y arbitrarias para clasificar 16 imágenes en grupos, eligiendo entre dimensiones como la forma, el contraste o la frecuencia espacial. Este paso aseguraba que cada pareja tuviera marcos de referencia realmente compartidos y diseñados por ambos.
Durante la prueba principal, cada participante debía clasificar los estímulos según las reglas pactadas, pero sin hablar y con un sistema de mapeo de respuestas que variaba constantemente. De este modo, se eliminaban las respuestas automáticas y se forzaba a utilizar el razonamiento basado en lo acordado previamente. La actividad cerebral de ambos se registraba en paralelo mediante EEG de 64 canales (hiperescaneo), permitiendo a los investigadores comparar la dinámica neural en tiempo real.
El doble proceso de alineación cerebral

Los resultados del análisis mostraron una doble etapa de alineación neural. Durante los primeros 45 a 180 milisegundos tras la presentación de un estímulo, los cerebros de todas las parejas —reales o formadas de manera aleatoria para el análisis— exhibieron patrones similares. Esto se debió a la reacción automática y sensorial de ver el mismo objeto al mismo tiempo. Sin embargo, a partir de los 200 milisegundos, la situación cambió notablemente.
Solamente las parejas reales, es decir, aquellas que habían negociado y aplicado reglas propias, mantuvieron e incluso intensificaron la coincidencia cerebral. Esta segunda fase de alineación tardía en la actividad cerebral reflejó la integración de reglas conjuntas y procesos de toma de decisiones y atención compartida, más allá de la percepción básica del estímulo.
A lo largo del experimento, esta alineación se fortaleció con la práctica: cuanto más tiempo colaboraban y más intercambiaban retroalimentación, más parecida se hacía la interpretación consciente entre ambos cerebros.

El efecto era propio de la experiencia en común, ya que no se replicó en grupos aleatorios, aunque usaran las mismas reglas. Además, fuera del contexto de la tarea —por ejemplo, cuando solo debían detectar repeticiones de imágenes y no aplicar las reglas aprendidas— la alineación cognitiva desaparecía y volvía a limitarse a la coincidencia sensorial inicial. Este hallazgo resalta que la convergencia neural depende del aprendizaje activo y la vivencia colaborativa.
El estudio aporta evidencia de que establecer reglas y experiencias compartidas podría aumentar la eficacia de los equipos humanos, al permitir un entendimiento más profundo, respuestas rápidas y adaptativas ante nuevos retos y una percepción del entorno estructurada de manera común. Esto abre posibilidades para la educación, el diseño de grupos de trabajo, la resolución de conflictos y la creación de normas.
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