Más de 1.000 empleados de Amazon firmaron una carta abierta en la que expresan su preocupación por el desarrollo acelerado de la inteligencia artificial (IA) en la compañía. Advierten que la estrategia de “todo vale” podría tener consecuencias negativas para la democracia, el empleo y el medio ambiente.
La misiva, recogida por The Guardian, se difundió un mes después de que Amazon anunciara despidos masivos e intensificara la integración de la IA en sus operaciones.
El documento, firmado de manera anónima por trabajadores de distintos niveles —desde ingenieros y gerentes de producto hasta operarios de almacén—, fue impulsado por el grupo Amazon Employees for Climate Justice. También recibió el respaldo de más de 2.400 empleados de otras grandes tecnológicas, como Meta, Google, Apple y Microsoft, replicando la inquietud por el impacto de la IA en el entorno laboral y ambiental.
La carta surgió tras experiencias negativas de los empleados con herramientas de IA en su trabajo y por el aumento de emisiones derivadas del auge tecnológico. Los firmantes afirman que la presión para utilizar IA ha incrementado la carga laboral y el temor a nuevos despidos.
Un ingeniero sénior explicó: “Firmé la carta por el creciente énfasis de la dirección en métricas de productividad arbitrarias y cuotas, usando la IA como justificación para exigirnos a mí y a mis colegas trabajar más horas y sacar adelante más proyectos en plazos más ajustados”.
Una ingeniera de software contó que sus superiores insisten en emplear IA para todas sus tareas diarias, alegando que así aumentará su eficiencia y que si no se adapta quedará rezagada. “Hace unas semanas, mi jefe me dijo que se esperaba que hiciéramos el doble de trabajo gracias a la IA”, afirmó. Las expectativas de producción con menos personal resultan insostenibles y las herramientas no compensan ese desfase.
El texto critica que la adopción de la IA ha generado resultados imperfectos. El ingeniero sénior mencionó un caso reciente en el que tuvo que rehacer el trabajo tras un intento fallido de automatización con IA, evidenciando que la tecnología no siempre aporta soluciones.
En lo ambiental, los trabajadores acusan a Amazon de relegar sus compromisos climáticos para priorizar la IA. La empresa anunció inversiones de USD 150.000 millones en centros de datos durante los próximos quince años, incluyendo USD 15.000 millones para nuevas instalaciones en Indiana y al menos USD 3.000 millones en Mississippi.
Las emisiones anuales de la compañía han crecido alrededor de un 35% desde 2019, a pesar de su compromiso de alcanzar la neutralidad de carbono en 2040. Los empleados alertan que muchas nuevas infraestructuras de IA se ubicarán donde la demanda energética mantendrá centrales de carbón o impulsará nuevas plantas de gas.
Entre sus demandas, los empleados reclaman que todos los centros de datos funcionen con energía limpia, que los productos y servicios basados en IA no faciliten violencia, vigilancia o deportaciones masivas, y la creación de grupos de trabajo formados por empleados no directivos con capacidad de decisión sobre el uso de la IA y la gestión de despidos relacionados, así como la mitigación de sus efectos, incluido el impacto ambiental.
La respuesta oficial de Amazon, transmitida por el portavoz Brad Glasser, aseguró: “No solo somos el operador de centros de datos más eficiente, sino que somos el mayor comprador corporativo de energía renovable del mundo por cinco años consecutivos, con más de seiscientos proyectos globales.
También hemos invertido en energía nuclear a través de plantas existentes y nueva tecnología SMR. Estas no son distracciones, son acciones concretas que demuestran avances reales hacia nuestro compromiso de alcanzar la neutralidad de carbono en todas nuestras operaciones globales para 2040”.
A pesar de las críticas, los trabajadores insisten en que no rechazan la IA, sino que reclaman un desarrollo responsable y sostenible, con participación activa de quienes la diseñan y utilizan. El ingeniero sénior destacó: “Veo que Amazon usa la IA para justificar una apropiación de recursos comunitarios como el agua y la energía, pero también para ejercer mayor control sobre sus empleados, sometidos a vigilancia, aceleración del ritmo de trabajo y amenazas de despido”.
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