
En cualquier televisor moderno, desde los modelos más económicos hasta los de gama alta con pantallas OLED, siempre encontraremos puertos HDMI en la parte trasera. Sin embargo, lo que no veremos es un puerto DisplayPort, a pesar de que este estándar ofrece características técnicas muy valoradas por los jugadores de PC. La ausencia no responde a un límite tecnológico, sino a una serie de decisiones históricas y estratégicas que moldearon el ecosistema audiovisual en las últimas dos décadas.
HDMI y DisplayPort nacieron con el mismo propósito: transmitir audio y video digital con la mejor calidad posible. Ambos permiten reproducir contenido en alta definición, alcanzar frecuencias de refresco elevadas e incluso sacar partido de tecnologías como el refresco variable (VRR). Pero mientras HDMI se convirtió en el conector universal de los televisores y dispositivos de entretenimiento en el hogar, DisplayPort se quedó en el escritorio, ligado a monitores y tarjetas gráficas dedicadas.
Para los fabricantes de televisores, la elección fue clara. HDMI llegó antes, en 2004, con el respaldo de gigantes como Sony, Panasonic y Philips, y además incorporaba un sistema de protección anticopia (HDCP) que interesaba a la industria del cine y la música. DisplayPort, que apareció en 2008, ofrecía ventajas técnicas, pero su enfoque hacia el mercado de PCs le cerró las puertas al salón. Así, el HDMI se consolidó como el estándar por excelencia para televisores y consolas.

En términos prácticos, esto significa que si utilizas una consola de videojuegos, un reproductor multimedia o un dispositivo de streaming, HDMI cubre todas las necesidades, especialmente con la llegada de HDMI 2.1, que permite jugar en 4K a 120 Hz, activar VRR y reducir la latencia. Pero los jugadores de PC con tarjetas gráficas potentes encuentran en DisplayPort un conector más versátil, con soporte para resoluciones más altas, frecuencias extremas y la posibilidad de conectar varios monitores en cadena sin adaptadores.
Pese a estas diferencias, para el usuario promedio no existe una brecha significativa entre ambas conexiones, ya que la calidad de imagen es casi idéntica en condiciones normales. La diferencia se nota en escenarios de alto rendimiento, donde DisplayPort mantiene la delantera. Sin embargo, el peso de la industria recae sobre HDMI, que sigue expandiéndose gracias a funciones como el canal de retorno de audio mejorado (eARC) y su integración en la electrónica de consumo.
De cara al futuro, las últimas versiones de DisplayPort, como la 2.1, ofrecen un ancho de banda superior al de HDMI 2.1, lo que permitiría alcanzar cifras impresionantes en resolución y refresco. No obstante, es poco probable que estas ventajas cambien el rumbo de los fabricantes de televisores, que ya apuestan firmemente por HDMI y sus sucesivas evoluciones.

En conclusión, aunque DisplayPort representa la opción más completa para entornos profesionales y gaming en PC, los televisores seguirán ligados a HDMI como estándar de conexión. La batalla ya no está en la calidad técnica, sino en el ecosistema que se construyó alrededor de cada conector, y ahí HDMI tiene todas las cartas a su favor. Mientras tanto, los usuarios más exigentes seguirán recurriendo a monitores con DisplayPort para exprimir al máximo sus equipos, conscientes de que esta conexión probablemente nunca dará el salto definitivo al salón.
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