
Anthropic, una de las startups más relevantes del sector de la inteligencia artificial, acordó desembolsar al menos 1.500 millones de dólares para resolver una demanda colectiva presentada por un grupo de autores de libros, quienes alegaban infracción de derechos de autor tras el uso no autorizado de sus obras para el entrenamiento de modelos de IA.
El acuerdo, que establece un pago aproximado de 3.000 dólares por cada obra incluida en la demanda, representa el primer pacto colectivo de este tipo en Estados Unidos y sienta un precedente para futuras disputas entre creadores y empresas tecnológicas en el ámbito de la inteligencia artificial generativa.
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Anthropic y la demanda colectiva
La demanda se presentó originalmente en 2024 ante el Tribunal de Distrito del Norte de California en un momento en que diversas compañías tecnológicas enfrentan litigios por el uso de grandes volúmenes de datos protegidos bajo derechos de autor para entrenar sus sistemas de inteligencia artificial.

Los autores Andrea Bartz, Kirk Wallace Johnson y Charles Graeber sostuvieron que Anthropic empleó sus títulos, recopilados de sitios piratas conocidos como shadow libraries, sin contar con su consentimiento ni remuneración correspondiente, lo que, a su parecer, constituyó una clara vulneración de la legislación autoral estadounidense.
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Tras meses de procedimientos y un fallo de junio a cargo del juez William Alsup, quien reconoció ciertos usos bajo la doctrina del “uso justo” pero señaló límites importantes para la defensa de las plataformas tecnológicas, ambas partes optaron por resolver la disputa fuera de juicio.
El acuerdo implica el pago de 1.500 millones de dólares, suma que podría incrementarse si se añaden nuevas obras a la lista definitiva, atendiendo a un coste adicional de 3.000 dólares por cada material agregado. Los demandantes entregarán la relación completa de títulos presuntamente pirateados al tribunal en octubre.
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El abogado Justin Nelson, representante de los autores, declaró: “Este acuerdo histórico supera con creces cualquier otra recuperación de derechos de autor conocida. Es el primero de este tipo en la era de la IA. Proporcionará una compensación significativa para cada obra colectiva y sienta un precedente que exige a las empresas de inteligencia artificial que paguen a los propietarios de los derechos de autor”.
Qué implica el acuerdo para el futuro de la IA generativa y la propiedad intelectual
La aceptación del acuerdo por parte de Anthropic no supone un reconocimiento de infracción ni de responsabilidad. El desenlace de este caso destaca en el escenario mundial como una referencia para reguladores, autores y empresas tecnológicas, ya que el resultado puede modelar los límites legales sobre la utilización de materiales protegidos en el desarrollo de productos de inteligencia artificial.
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Ante la consulta sobre cómo reaccionará el sector editorial, persisten ciertas incógnitas, en especial porque al ser una demanda colectiva de exclusión voluntaria, los autores que no estén conformes con las condiciones pueden optar por excluirse y presentar sus propios litigios individuales.

Además, los demandantes han solicitado mantener en confidencialidad el umbral de exclusión para proteger datos sensibles sobre la magnitud del grupo involucrado.
Cómo se construyó el caso
La disputa surgió debido a que Anthropic, según la acusación, descargó más de siete millones de copias piratas de libros de sitios como LibGen, y luego las conservó en su biblioteca digital incluso tras decidir no entrenar sus modelos con estos materiales.
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El juez Alsup reconoció este uso controvertido y precisó en su sentencia sumaria: “Anthropic descargó más de siete millones de copias piratas de libros, no pagó nada y conservó estas copias piratas en su biblioteca incluso después de decidir que no las utilizaría para entrenar su IA. Los autores sostienen que Anthropic debió pagar por esas copias piratas. Esta orden está de acuerdo”.
Aunque el tribunal estableció que determinadas acciones de Anthropic podrían estar bajo el amparo del “uso justo”, también habilitó a los autores a proseguir con la acción judicial colectiva, marcando así el siguiente paso en la evolución legal de la IA ante la propiedad intelectual.
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