
Los cajeros automáticos permiten realizar operaciones bancarias sin necesidad de interactuar con un funcionario. Aunque su uso se ha extendido durante décadas, hay aspectos técnicos y operativos que los bancos no explican de forma explícita al público, y que pueden influir tanto en la seguridad como en la eficiencia del servicio.
Este artículo presenta cinco elementos sobre el funcionamiento y gestión de los cajeros automáticos que no suelen ser informados por las entidades financieras, con base en datos disponibles de organismos reguladores, expertos en ciberseguridad y fuentes del sector bancario.
Algunos cajeros pueden registrar imágenes de los movimientos del usuario
Además de las cámaras frontales que graban el rostro del usuario, algunos cajeros están equipados con dispositivos de videovigilancia que registran los movimientos de las manos y la interacción con el teclado. Estas grabaciones no siempre son anunciadas, pero forman parte de los sistemas internos de monitoreo antifraude.

Las entidades financieras utilizan estos registros para identificar patrones de uso irregular o detectar técnicas como el ‘shoulder surfing’, que consiste en observar la clave que introduce el cliente. Las imágenes pueden ser utilizadas como prueba en caso de reclamos por transacciones no autorizadas, pero no suelen ser accesibles al público.
Los dispositivos de clonación pueden instalarse sin dejar señales visibles
El uso de dispositivos para copiar la banda magnética de las tarjetas —una técnica conocida como skimming— continúa siendo una de las formas más comunes de fraude en cajeros. Estos dispositivos pueden instalarse sobre la ranura donde se introduce la tarjeta, replicando el aspecto original y operando de manera imperceptible para el usuario promedio.
De acuerdo con un informe de Europol publicado en 2023, el uso de cámaras ocultas o teclados superpuestos para capturar el PIN también es frecuente. Aunque algunos cajeros incorporan mecanismos para detectar estos elementos, su eficacia depende del mantenimiento regular y del monitoreo remoto de cada unidad. Las entidades financieras no siempre informan públicamente sobre estos riesgos ni sobre los protocolos de revisión de sus terminales.

En caso de bloqueo, algunas terminales permiten recuperar la tarjeta si se actúa de inmediato
Cuando una tarjeta queda retenida dentro del cajero, el sistema la bloquea por seguridad, especialmente si detecta errores en la autenticación o tiempos de inactividad prolongados. No obstante, en algunos modelos de cajeros, existe un lapso de pocos segundos en los que el usuario puede presionar la opción de ‘cancelar’ para intentar recuperar el plástico antes de que se cierre la operación.
Esta funcionalidad no está estandarizada y su disponibilidad depende del software que utilice la entidad emisora. Tampoco se comunica al público como un procedimiento formal, ya que puede variar según la marca del cajero y las políticas del banco. En la mayoría de los casos, la recomendación oficial sigue siendo contactar con el centro de atención al cliente para bloquear la tarjeta y solicitar una nueva.
Cuando el cajero está “fuera de servicio” no siempre se deben a mantenimiento
Cuando un cajero aparece como inactivo o temporalmente fuera de servicio, no siempre se trata de labores de mantenimiento. Existen múltiples razones por las cuales una terminal puede ser deshabilitada: reposición de efectivo, investigaciones internas por transacciones anómalas o bloqueos automáticos ante sospechas de manipulación.

Según el Banco Central Europeo, los cajeros pueden desconectarse automáticamente del sistema si detectan una serie de fallos consecutivos o intentos sospechosos de acceso al compartimento de dinero. Las entidades no informan a los usuarios sobre estos motivos para no comprometer las medidas de seguridad implementadas.
Algunas transacciones generan costos adicionales no informados de forma clara
El uso de cajeros automáticos fuera de la red del banco emisor puede implicar el cobro de comisiones, aun cuando las terminales pertenezcan a entidades del mismo país. Estas tarifas no siempre se comunican de forma explícita antes de realizar la operación. Además, algunas entidades cobran valores adicionales por conceptos como consulta de saldo, impresión de comprobante o pago de facturas a través del cajero.
En países como Colombia, la Superintendencia Financiera exige a los bancos informar a los usuarios sobre estas tarifas mediante mensajes visibles en la pantalla. Sin embargo, la implementación de esta norma varía, y en muchas ocasiones el usuario debe aceptar los cargos sin conocer el monto exacto hasta recibir el estado de cuenta.
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