“Vivir fingiendo era agotador”

No tengo más ganas de sostener una fachada. De ahora en más, quiero que de entrada me conozcan como soy. Al que le guste, bien, y si no, mala suerte. No quiero más engaños ni simulaciones. Soy esto, tómenlo o déjenlo

Un joven de perfil sentado en una silla, vestido con camiseta oscura, con personas difuminadas y luces rojas, azules y verdes al fondo.
"Sos tan chico, y ya aprendiste algo que a la mayoría nos toma toda la vida", me dijo mi mamá (Imagen Ilustrativa Infobae)
Guardar

—Después seguimos, ¿sí?

Aunque trató de ser delicada, era obvio que quería huir de mí. La entiendo. ¿Cómo no entenderla si yo también quiero escapar de mí? La diferencia es que yo no puedo.

PUBLICIDAD

Con lo que me costó animarme a salir a bailar o ir a fiestas. Siempre fui tímido, pero haber perdido un brazo potenció ese aislamiento. Mis papás me dicen que es lógico y que la adolescencia es la etapa de las inseguridades, pero no puedo saberlo, porque justo cuando entraba en esa etapa tuvieron que amputarme el brazo derecho por un maldito cáncer en el húmero.

El esfuerzo que tuve que hacer para aprender a vivir con una sola mano no tiene palabras, desde las cuestiones más elementales como abrocharme los botones del pantalón o cortar la comida con cuchillo sin poder pincharla con el tenedor. Ni hablar de exponerme ante alguien de mi edad. Si hasta las personas adultas me miran con temor, no sé bien a qué. No toleran mirarme a los ojos, mucho menos preguntarme qué me pasó.

PUBLICIDAD

Durante meses estuve buscando excusas para no ir a fiestas ni salir con mis amigos. Después, cuando me animé, pasó mucho tiempo más hasta la primera vez que pude sacar a bailar a alguien que me gustaba. Cuando me dijo que sí, ¡me sentí otra persona! ¡No lo podía creer!

Todo iba bien hasta que de golpe ella se dio cuenta que mi brazo derecho no era real. Durante esos milisegundos en los que tomó consciencia de que en su lugar había una prótesis, la que parecía otra persona era ella. Se puso blanca, dura. Todo su encanto desapareció en ese instante de pánico, como si se hubiera encontrado con el mismísimo diablo.

Intentó disimular, hacer como que no había pasado nada, supongo que porque no quería parecer cruel. Fingió normalidad durante dos canciones más hasta que con una sonrisa a medias me dijo las tres palabras horribles: “Después seguimos, ¿sí?”

Las ilusiones que me hicieron sentir normal durante un rato colapsaron en un segundo como un castillo de cartas. Era obvio que no habría ningún después.

¿Qué probabilidades había de que alguien como ella le presentara a sus papás un novio manco? No quiero ni imaginar la escena. ¿En qué momento creí que algo así era posible?

Mis amigos no supieron nada de lo que pasó, solo pensaron que tengo mala onda, que soy así. La verdad es que no tenía ganas de explicarles. ¿Para qué volver a hacerme mierda?

Me quedé un rato mirando cómo los demás bailaban. Mi cuerpo seguía ahí pero mi cabeza estaba a miles de kilómetros. Decidí irme. No tenía sentido quedarme, no había ninguna posibilidad de que volviera a sacar a bailar a otra chica.

Aunque mi casa quedaba lejos, preferí volver caminando. Necesitaba pensar, tratar de ponerle palabras a algo de lo que sentía, desagotar tantas emociones mezcladas.

Llegué a las cuatro de la mañana después de caminar durante casi dos horas, pero no estaba cansado. Más bien, me sentía suspendido en el tiempo. Fui a la cocina, me serví un vaso de Coca Cola y me saqué la prótesis antes de dormir. Harto después de dar mil vueltas en la cama y no poder pegar un ojo, prendí la luz y me puse a leer una historia de Tintín que ya leí cien veces. A las siete apagué la luz y finalmente me dormí.

Cuando me despierto son las dos de la tarde y mis papás me esperan en el comedor de diario.

—¿Qué pasó? Encontramos la prótesis en el tacho de basura, pero no parece rota —me pregunta mamá, preocupada.

—No tengo más ganas de sostener una fachada. De ahora en más, quiero que de entrada me conozcan como soy. Al que le guste, bien, y si no, mala suerte. Fingir que tengo dos brazos es agotador, todo el tiempo tengo miedo de que me descubran. Me cansa, me estresa, me da bronca. Prefiero mostrar lo que soy, porque tampoco tengo ganas de que los demás se sientan estafados si después descubren que estoy ocultando que soy manco. No quiero más engaños ni simulaciones. Soy esto, tómenlo o déjenlo.

Mamá no puede contenerse y me da un abrazo largo y apretado. Tiene los ojos llenos de lágrimas.

—Sos tan chico, y ya aprendiste algo que a la mayoría nos toma toda la vida.

***

El dolor no siempre lo causan nuestras discapacidades, sino nuestros esfuerzos por ocultarlas.

Paradójicamente, no queremos ser aceptados por lo que parecemos, sino por lo que somos.

* Juan Tonelli es escritor y speaker, autor del libro “Un paraguas contra un tsunami”. www.youtube.com/juantonelli

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD

Últimas Noticias

Exhibían objetos de los secuestrados, ofrecían visitas guiadas y sostenían el relato de la dictadura: los “museos de la subversión”

En 1985, un grupo de periodistas extranjeros que cubría el Juicio a las Juntas fue conducido al que aún se encontraba montado en Palermo y realizó un recorrido por el lugar en el que se exponían elementos vinculados con la represión ilegal. Cuando buscaba material para un nuevo documental sobre las operaciones de manipulación psicológica desarrolladas por las Fuerzas Armadas, el cineasta Francisco D’Eufemia halló un registro audiovisual de esa visita y advirtió que había encontrado algo que no estaba visto ni oído: un fragmento de esos años que se había mantenido oculto y decidió desenterrar

Exhibían objetos de los secuestrados, ofrecían visitas guiadas y sostenían el relato de la dictadura: los “museos de la subversión”

El festival de la cosecha: la siniestra operación de los nazis para asesinar a 43.000 prisioneros judíos en apenas dos días

Entre el 3 y el 4 de noviembre de 1943, por orden de Heinrich Himmler, las SS y la policía de la Polonia ocupada masacraron a miles de hombres, mujeres y niños en los campos de concentración de Majdanek, Poniatowa y Trawniki, en el distrito de Lublin. Antes, les hicieron cavar las zanjas donde fueron ejecutados. Los desgarradores testimonios de dos sobrevivientes

El festival de la cosecha: la siniestra operación de los nazis para asesinar a 43.000 prisioneros judíos en apenas dos días

Morir, una historia complicada: la mirada hacia la muerte y el trato dado a los cuerpos a lo largo de los siglos

¿Abandonar el cuerpo de un muerto? ¡Ni pensarlo! Salvo excepciones, los difuntos han sido objeto de cuidados por parte de su comunidad en duelo desde hace al menos 200.000 años

Morir, una historia complicada: la mirada hacia la muerte y el trato dado a los cuerpos a lo largo de los siglos

Las ocurrencias de la influencer que documenta los oficios felinos: del “diplogático” de la Embajada de Francia a la gata monja

En las redes de “Gatos con oficio”, Mica Papatino cuenta las historias que hay detrás de los animales que trabajan: están desde los CEOs y encargados de comercios hasta los bibliotecarios y farmacéuticos. Cada abordaje es desopilante y muestra un universo que cada vez conquista a más seguidores

Las ocurrencias de la influencer que documenta los oficios felinos: del “diplogático” de la Embajada de Francia a la gata monja

Tormentas dispersas y un frente frío: qué pasará con las temperaturas esta semana en el AMBA

El martes tendrá probabilidades de lluvia de hasta el 40-70% durante la noche y temperaturas de entre 13°C y 21°C, mientras el SMN registró alertas activas sobre el centro-norte del país

Tormentas dispersas y un frente frío: qué pasará con las temperaturas esta semana en el AMBA