
El fenómeno El Niño vuelve a poner en evidencia una característica esencial de nuestro mar. Su riqueza no es estática. El calentamiento anómalo del océano modifica las condiciones ambientales y, con ellas, la distribución, disponibilidad y comportamiento de los recursos hidrobiológicos. Algunas especies se desplazan de sus áreas habituales, otras se acercan al litoral y determinadas pesquerías tradicionales enfrentan condiciones distintas a las que sustentan sus patrones históricos de extracción. Ha habido varios eventos Niño en los últimos 30 años, pero el que enfrentamos tiene la apariencia feroz del de 199798.
El más reciente comunicado de la Comisión Multisectorial encargada del Estudio Nacional del Fenómeno El Niño ENFEN, publicado el 30 de octubre, confirma este escenario. Asimismo se prevé que en la costa centronorte se mantenga la disponibilidad de pez sierra, samasa, jaiva áspera y langostino café. Asimismo, especies como el perico, los túnidos y los picudos seguirían presentes frente a todo el litoral. Al mismo tiempo, la anchoveta permanece profundizada y muy cerca de la costa, condición que limita su disponibilidad para sus depredadores.
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No se trata, por tanto, de observar únicamente qué ocurre con la anchoveta. El cambio de las condiciones oceanográficas está modificando el escenario pesquero y nos obliga a mirar con mayor amplitud los recursos que hoy encuentran condiciones favorables de disponibilidad en nuestras aguas.
La anchoveta, principal soporte de la industria de harina y aceite de pescado, también refleja esta variabilidad. Su comportamiento durante el actual evento exige especial atención en las decisiones de manejo, pero también invita a formular una pregunta que el sector no debería postergar. ¿Estamos preparados para aprovechar responsablemente la diversidad de recursos que ofrece nuestro mar, más allá de las pesquerías tradicionales?
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La Resolución Ministerial N.° 2662026PRODUCE, que autorizó un régimen especial temporal para el aprovechamiento de recursos de oportunidad frente al fenómeno El Niño Costero, constituye una respuesta normativa a este contexto. La medida establece condiciones excepcionales para determinadas embarcaciones y recursos, así como obligaciones de seguimiento, control y vigilancia. Su vigencia está prevista hasta el 30 de abril de 2027, aunque puede modificarse sobre la base de la evidencia científica proporcionada por el Instituto del Mar del Perú IMARPE. Es una medida temporal y no genera derechos permanentes de acceso a las pesquerías.
Sin embargo, la respuesta del Estado no debería agotarse en un régimen excepcional. El propio Plan de Emergencia de los Subsectores Pesca y Acuicultura 2026 reconoce la necesidad de fortalecer la capacidad de respuesta de las cadenas productivas frente a los efectos de El Niño. Sus cifras permiten dimensionar el problema. Durante el primer semestre de 2026, los desembarques destinados al consumo humano indirecto disminuyeron 70,5 % respecto del mismo periodo del año anterior, mientras que los destinados al consumo humano directo registraron una reducción de 0,5 %. La diferencia evidencia que las variaciones oceanográficas y productivas no afectan de igual manera a todas las actividades pesqueras.
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La diversificación necesita, por ello, formar parte de una política sostenida que permita desarrollar nuevas pesquerías, ampliar las alternativas productivas y reducir la exposición económica del sector a la dependencia de un número limitado de recursos. No basta con identificar especies cuya presencia aumenta o que se aproximan al litoral. Se requiere conocer su distribución, biomasa, estructura por tallas, ciclos reproductivos, comportamiento migratorio y relación con otras especies del ecosistema. Una mayor disponibilidad observada en determinado periodo no equivale automáticamente a una biomasa aprovechable ni constituye, por sí sola, sustento para autorizar mayores niveles de extracción.
Este desafío también alcanza a la industria. Diversificar supone evaluar tecnologías de captura, capacidad de procesamiento, mercados, trazabilidad y posibilidades de destinar determinados recursos al consumo humano directo o a productos de mayor valor agregado. No todas las especies tienen las mismas características ni pueden incorporarse indistintamente a las cadenas productivas existentes. Hace falta investigación, inversión en tecnologías y nuevos sistemas de pesca y la innovación que ello involucra, además de coordinación entre el Estado, los institutos científicos, los pescadores y las empresas.
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En este punto, la regulación también debe acompañar los cambios. El Plan de Emergencia contempla medidas para facilitar la adecuación y continuidad de las actividades pesqueras y de procesamiento, incluidas acciones vinculadas a la ampliación de especies y productos derivados en las autorizaciones sanitarias de las plantas. Este tipo de medidas resulta relevante porque la oportunidad de captura pierde valor si la industria no cuenta con condiciones administrativas y sanitarias que le permitan procesar y comercializar los nuevos recursos.
En paralelo, es necesario avanzar hacia instrumentos de ordenamiento específicos para aquellas pesquerías que demuestren potencial de desarrollo, como las de los muy abundantes peces mesopelágicos oceánicos en la mar peruano, o recursos abundantes como el camaroncito rojo en la zona costera. Las reglas deben establecer condiciones de acceso, esfuerzo pesquero, zonas y temporadas de operación, medidas de protección de juveniles y reproductores, así como mecanismos de monitoreo que permitan ajustar las decisiones cuando cambien las condiciones del mar. La regulación no debe llegar después de que una pesquería se haya expandido sin suficiente conocimiento.
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El Niño representa una perturbación para la actividad pesquera, especialmente la industrial, pero también permite advertir cuánto depende nuestra economía de la capacidad de comprender y adaptarnos a un ecosistema dinámico. No podemos controlar las variaciones del océano, pero sí podemos mejorar la forma en que respondemos a ellas.
El Perú necesita dejar de entender la diversificación como una alternativa que se activa únicamente cuando la anchoveta enfrenta dificultades. Tenemos un mar con una diversidad de recursos que merece ser estudiada, gestionada y aprovechada con responsabilidad. La pregunta ya no es si debemos diversificar nuestra pesca, sino cuánto más vamos a esperar para convertir esa necesidad en una estrategia sostenida.
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