
En los últimos años, he asistido a varias reuniones con las más altas autoridades de EsSalud. En todas ellas, los presidentes ejecutivos repitieron el mismo lema: había mucho por hacer, pero todas estas reformas se harían poniendo al paciente en el centro. Sin embargo, lo que hemos visto en los últimos meses sugiere que, en realidad, lo que quisieron decir era que pondrían la paciencia al centro. La gestión de EsSalud no ha hecho más que deteriorarse en la última década, y cualquiera de las cifras disponibles resulta escandalosa.
Los sindicatos de trabajadores, temerosos de perder ciertos privilegios, rechazan que se hable de privatizar el servicio, pero en la práctica la ausencia de servicio oportuno ha generado una privatización de facto. Cuando un asegurado no encuentra citas disponibles, no recibe los medicamentos recetados, debe pagar por sus exámenes complementarios e incluso debe pagar por una cirugía, lo que ha ocurrido es una privatización del servicio. Pero de la peor forma posible, porque el ciudadano termina pagando el doble, mientras que la prestación es inoportuna e impredecible.
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Si en la práctica, según datos de ComexPerú, cuatro de cada diez personas aseguradas en EsSalud no recurren a este seguro cuando enferman o tienen un accidente y terminan asumiendo su atención de su bolsillo (más de 26 mil millones de soles en los últimos cinco años), entonces ya se privatizó EsSalud. Los ciudadanos simplemente no utilizan lo que no funciona.
Muchos creen que la solución pasa por asignar más recursos a un administrador que ha probado ser un pésimo gestor. Otros creen que la solución es que estos gestores administren contratos con privados para mejorar la atención de sus asegurados. Lo cierto es que ya lo hacen, pero para exclusivo beneficio de los proveedores. El asegurado que encuentra el tomógrafo malogrado y paga de su bolsillo en la clínica frente al hospital difícilmente considerará esto un “contrato” justo.
Si realmente queremos poner al paciente en el centro hay que devolverle la opción de elegir. Una correcta administración de los fondos que aporta el empleador podrá encontrar los mejores modelos para ofrecer servicios de salud de manera oportuna y de calidad, sin que ello implique empobrecer a las familias.
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Hoy los empleadores aportan el 9% de la remuneración de cada trabajador a EsSalud. Con un sueldo promedio de S/ 2.800, eso significa S/ 252 mensuales. La regulación actual solo permite que, si se opta por una EPS, se utilice el 25% de ese aporte: apenas S/ 63. Con esa cantidad, el plan privado que se puede comprar es muy limitado. Si realmente queremos poner al paciente en el centro, debemos permitir que esos S/ 252 puedan utilizarse en el sistema que garantice mejor atención, sea público o privado.

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