
Las demoras crónicas en los hospitales públicos del Perú han dejado de ser un problema administrativo para convertirse en una grave amenaza de salud pública. Hoy, los retrasos en el acceso a consultas, diagnósticos y tratamientos médicos están elevando de manera directa la mortalidad por cáncer, diabetes y enfermedades cardiovasculares, evidenciando serias brechas en el cumplimiento del derecho fundamental a la salud.
Desde una perspectiva clínica, la atención oportuna no es un lujo ni una recomendación opcional. Los protocolos internacionales y las propias guías del Ministerio de Salud establecen que un paciente con sospecha oncológica, metabólica o cardiaca debe ser evaluado en un plazo máximo de 72 horas. Los exámenes diagnósticos no deberían extenderse más allá de siete días y, una vez confirmado el diagnóstico, el tratamiento debe iniciarse de inmediato. Cada día de retraso reduce las probabilidades de supervivencia y aumenta el impacto físico, emocional y económico tanto para el paciente como para el sistema de salud.
Sin embargo, la realidad del sistema público dista peligrosamente de estos estándares. Datos oficiales del Ministerio de Salud y de EsSalud revelan que más del 60 % de los pacientes que requieren atención especializada espera entre 30 y 90 días para acceder a una consulta. En el caso de oncología, los tiempos de espera pueden superar los 120 días, según informes de la Contraloría General de la República. Estas cifras no son neutras: el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI) reconoce que el cáncer es ya la segunda causa de muerte en el país, con más de 70 mil nuevos casos al año, muchos de ellos diagnosticados en etapas avanzadas.
En medicina, el tiempo es un factor decisivo. Retrasar la atención equivale, en la práctica, a negar el servicio. Semanas o meses de espera pueden marcar la diferencia entre un tratamiento curativo y uno paliativo, entre la vida y la muerte. No se trata de episodios aislados ni de fallas circunstanciales, sino de una crisis estructural que responde a deficiencias en planificación, gestión y financiamiento del sistema de salud público.
La inacción, además, tiene un alto costo económico. Tratar una enfermedad en etapa avanzada puede costar hasta cinco veces más que una intervención temprana, según cifras oficiales. Es decir, no prevenir ni tratar a tiempo no solo cobra vidas, sino que también encarece un sistema ya sobrecargado. Persistir en este modelo resulta ineficiente, injusto y profundamente antitécnico.
Frente a este escenario, el Estado no puede seguir normalizando la espera como parte del proceso de atención. El Congreso y el Ejecutivo tienen una responsabilidad política y moral ineludible: corregir un sistema que hoy está fallando a millones de peruanos. Garantizar atención médica oportuna no es un privilegio; es una obligación constitucional que, cuando se incumple, tiene consecuencias irreversibles.

Más Noticias
¿Cuál es el precio de la gasolina en Lima este 27 de enero?
El valor de los combustibles se definen, día a día, por una serie de variables tanto nacionales como internacionales

BTS en Perú: la drástica decisión que tomó la ARMY oficial peruana para proteger a la comunidad de estafadores
La comunidad de seguidores de BTS en Perú tomó una decisión sin precedentes al cerrar su canal oficial en WhatsApp, buscando evitar engaños y cuidar la seguridad de quienes esperan ansiosos los conciertos del grupo surcoreano

Valor del euro en Perú este 27 de enero (de EUR a PEN)
Se registró un alza en los valores de la moneda europea con respecto a la jornada anterior

Juan Pablo Varillas debuta sin fisuras en el Challenger de Concepción y se alista para la Copa Davis con Perú
La tercera raqueta peruana derrotó en sets corridos al brasileño Felipe Meligeni en poco más de una hora y media. ‘Juampi’ extiende a 5-1 su positivo historial ante el de Campinas

Tacna, el favorito de los chilenos: recibió a más de 500 mil turistas de Chile en el 2025
El dinamismo del turismo transfronterizo impulsa a la región como eje estratégico del sur, mientras Promperú despliega un plan para fortalecer la llegada de visitantes, las inversiones y la proyección económica de Tacna

